Nota de editor: Mark Micallef es el editor ejecutivo de Migrant Report, una organización sin fines de lucro diseñada para medir, investigar y documentar el impacto del movimiento humano en el Mediterráneo. Como periodista, se ha dedicado por más de una década a la migración hacia Europa desde Ãfrica y el Oriente Medio. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente las del autor. Â
(CNN) –  La primera vez que recibà fotos de un niño muerto arrastrado por las olas hasta la playa fue en abril. Me las envió un contacto de la guardia costera libia.
El correo electrónico no llevaba nada en la lÃnea del asunto, asà que no sabÃa qué esperar.Â
Ya antes habÃa visto fotos de cadáveres siendo removidos de la costa, pero nunca de un niño.
Era un niño africano, de no más de un año, y en su rostro se veÃa una expresión inquietante de terror. Tan pequeño y ya habÃa experimentado lo peor que la vida tenÃa para ofrecer.Â
Él no se veÃa para nada como mi hijo más pequeño, quien para esa época tenÃa siete meses, pero habÃa algo en su ropa que me hizo sentir como si estaba viendo una foto de mi hijo que yacÃa muerto en una playa en Garabulli, Libia. Â
He estado escribiendo acerca de la migración en el Mediterráneo durante más de 10 años. He visto y oÃdo toda clase de cosas de supervivientes durante este tiempo, pero nada reflejó la tragedia como esa imagen. Y es por eso precisamente que a menudo elijo publicar esas imágenes. Â
Realidad cruda versus espectáculo
No es sencillo. Existe una delgada lÃnea entre la proyección de la realidad cruda y hacer un espectáculo de lo que es esencialmente una tragedia personal para las personas cercanas a la vÃctima. Pero la verdad es que esconder o desinfectar esta verdad en la cara de esta escala de muerte continua simplemente no es sostenible.
Más importante aún, en los años –más de 15– desde que el Mediterráneo ha estado experimentando este fenómeno, los polÃticos sólo se han visto sacudidos en sus posiciones hacia una acción humanitaria luego de que la opinión pública se vio confrontada con las crudas implicaciones de la insatisfactoria respuesta de Europa.
Sucedió en octubre del 2013, cuando Italia lanzó la operación de rescate Mare Nostrum, después de que más de 360 ​​personas murieron en dos tragedias consecutivas al alcance de la vista de las costas europeas.
Y volvió a suceder en abril pasado, cuando la Unión Europea se vio obligada a reconsiderar su decisión de reducir los rescates sobre la lógica errónea de que salvar vidas atraÃa a más migrantes. Fue necesaria la pérdida de aproximadamente 850 vidas, entonces el mayor naufragio individual en la región desde la Segunda Guerra Mundial.
Me parece que la dignidad de los muertos se respeta más al publicar las fotos de sus cuerpos que ocultándolos, debido a que el impacto de sus realidades puede traer el cambio necesario para evitar la muerte innecesaria.
La polÃtica
Los cÃnicos señalarán el hecho de que este vaivén es simplemente un juego de los polÃticos para ganar tiempo hasta que la próxima crisis internacional desplace el centro de atención hacia otros lugares. Pero hay un efecto acumulativo palpable.
El miércoles, la imagen del pequeño Aylan Kurdi galvanizó la ira de aquellos que se sienten frustrados ante el hecho de que Europa puede unirse para resolver la crisis bancaria, pero no una catástrofe humana a sus puertas. También movió a personas que antes estaban demasiado distraÃdas como para actuar.
El diario The Independent del Reino Unido, el cual fue uno de los primeros en publicar la foto de Aylan, lanzó una campaña simultánea que reunió cerca de 120.000 firmas y varias aprobaciones importantes en el espacio de 24 horas.Â
En el mismo lapso, Migrant Offshore Aid Station –una organización benéfica de búsqueda y rescate que salva vidas en el mar Mediterráneo– dijo que recibió más de 300.000 euros en donaciones y siguen recibiendo. Otras ONG también informaron de un incremento en el apoyo. Â
Estas son señales de movilización fundamental, provocadas por el hecho de que la tragedia ahora tiene un rostro y un nombre.
Las personas comunes están tomando medidas y los polÃticos no pueden esconderse detrás de declaraciones vacÃas durante mucho más tiempo.