Una pareja durante una discusión, imagen ilustrativa de los conflictos sentimentales. Foto: RDNE Stock project / Pexels.
Por Luisa Álvarez
APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo. «En la guerra y en el amor, todo se vale» es una expresión popular que invita a reflexionar sobre los límites de la conducta humana cuando están en juego los sentimientos, los intereses y la supervivencia.
El refrán sugiere que cuando alguien lucha por conquistar el corazón de otra persona o alcanzar la victoria frente a un adversario, cualquier estrategia puede considerarse válida. Pero ¿realmente todo está permitido?
El amor no justifica cualquier comportamiento
Algunas personas interpretan esta frase como autorización para ocultar información, manipular sentimientos, provocar celos o interferir en una relación. Sin embargo, el amor debe construirse sobre el respeto, la confianza, la sinceridad y la libertad de decidir. Amar no significa poseer ni imponer condiciones.
La guerra también tiene límites
A lo largo de la historia, los conflictos han estado acompañados de estrategias, engaños y alianzas. Aun así, el derecho internacional humanitario establece límites para proteger a civiles, prisioneros y personas que no participan directamente en las hostilidades. Tampoco en la guerra puede justificarse cualquier actuación.
Cuando el fin pretende justificar los medios
El dicho también se aplica a la política, los negocios y la competencia profesional. Hay quienes sacrifican amistades, traicionan compromisos o perjudican a otros con tal de alcanzar sus objetivos. Pero una victoria obtenida mediante el engaño puede convertirse en una derrota moral.
Ganar sin perder los principios
No siempre quien consigue lo que desea termina siendo feliz. Hay victorias que dejan heridas profundas y conquistas sentimentales que se transforman en sufrimiento. Por eso, la sabiduría popular merece una lectura crítica: ni el amor debe convertirse en una guerra ni la guerra debe utilizarse como excusa para abandonar la humanidad.
Lo importante no es solamente alcanzar lo que se desea, sino hacerlo sin perder el respeto, la dignidad y los principios que deben orientar nuestras actuaciones.