Por Ramiro Estrella, periodista y abogado
APUNTE.COM.DO.– Una vieja expresión popular, «hacer planes sin tener la vaca parida», encierra una enseñanza que conserva plena vigencia: muchas personas comienzan a celebrar éxitos, comprometer recursos y construir proyectos sobre resultados que todavía no se han materializado.
La frase, nacida de la sabiduría popular, hace referencia a quienes dan por seguro un beneficio antes de recibirlo, sin tomar en consideración que las circunstancias pueden cambiar y que no todo lo esperado termina convirtiéndose en realidad.
Esta conducta se observa con frecuencia en la vida cotidiana, los negocios, las relaciones personales y hasta en el ejercicio de la política.
Hay quienes comienzan a gastar un dinero que todavía no han cobrado, otros comprometen ingresos futuros sin ninguna garantía y algunos celebran triunfos antes de que se produzcan.
En el ámbito empresarial, por ejemplo, no resulta extraño encontrar personas que realizan inversiones contando con contratos que aún no han sido firmados o con ganancias que solamente existen sobre el papel.
Algo parecido ocurre en la política, donde determinados aspirantes comienzan a distribuir posiciones y responsabilidades antes de alcanzar los objetivos que persiguen.
En las relaciones personales también se presentan situaciones similares. Se construyen expectativas, se hacen promesas y se proyecta un futuro sin que existan las condiciones necesarias para garantizarlo.
Sin embargo, hacer planes no constituye un error. Por el contrario, planificar es fundamental para alcanzar metas y organizar la vida. El problema surge cuando se confunden las aspiraciones con las realidades y se toman decisiones irreversibles sobre posibilidades inciertas.
La prudencia aconseja establecer objetivos, trabajar para alcanzarlos y prepararse para diferentes escenarios, sin comprometer aquello que todavía no se tiene.
La experiencia demuestra que muchas frustraciones económicas, personales y profesionales tienen su origen precisamente en expectativas que fueron asumidas como hechos consumados.
Por eso, antes de celebrar una victoria, gastar una ganancia o repartir beneficios, conviene recordar aquella expresión que nuestros mayores repetían con tanta sabiduría.
Porque una cosa es hacer planes para el futuro y otra muy distinta es disponer de lo que todavía no se ha conseguido.
La enseñanza sigue siendo sencilla: primero hay que asegurar los resultados y después decidir qué hacer con ellos.
Fotografía ilustrativa: Repro360.