Por Jacinta Álvarez
APUNTE.COM.DO.– Hay una expresión popular que encierra una profunda enseñanza sobre el comportamiento humano: «No despiertes a la serpiente dormida». Se trata de una advertencia que muchas personas olvidan cuando, por orgullo, imprudencia o exceso de confianza, provocan situaciones que pudieron evitarse.
La serpiente dormida representa, en sentido figurado, un peligro que permanece inactivo, una confrontación superada o una persona que ha decidido guardar silencio para evitar mayores problemas.
Sin embargo, hay quienes confunden ese silencio con debilidad y la prudencia con incapacidad para responder.
En la vida cotidiana abundan los ejemplos. Personas que insisten en reabrir viejas heridas, alimentar rivalidades, provocar adversarios o convertir pequeñas diferencias en enfrentamientos de consecuencias impredecibles.
Lo mismo ocurre en las relaciones familiares, laborales, empresariales y políticas, donde una palabra mal utilizada, una acusación innecesaria o una actitud desafiante pueden desencadenar conflictos que parecían definitivamente superados.
En ocasiones, quien provoca una confrontación no calcula la capacidad de respuesta de la otra parte ni las consecuencias que podrían derivarse de sus actuaciones.
La experiencia enseña que no todas las batallas merecen librarse y que muchas veces el verdadero valor consiste en evitar una confrontación, incluso cuando se tienen razones para responder.
Pero también es importante comprender que guardar silencio no significa aceptar abusos, renunciar a los derechos o permitir que otros actúen impunemente. La prudencia debe ir acompañada de firmeza, respeto y sentido de justicia.
En el ejercicio de la política, por ejemplo, las provocaciones personales pueden terminar desplazando los debates sobre los problemas que realmente afectan a la población.
En las empresas, una rivalidad innecesaria puede destruir relaciones comerciales construidas durante años. Y en las familias, un comentario imprudente puede abrir heridas difíciles de sanar.
Por eso, antes de actuar impulsivamente, conviene preguntarse si vale la pena provocar una situación que podría mantenerse bajo control.
La inteligencia no siempre está en demostrar quién tiene más poder, quién habla más fuerte o quién puede causar mayor daño. Muchas veces se manifiesta en la capacidad de reconocer cuándo es preferible detenerse.
Despertar a la serpiente dormida puede resultar fácil. Lo difícil será controlar sus movimientos una vez que despierte.
Esa es la enseñanza que deja esta expresión popular: no provocar conflictos innecesarios, no confundir la paciencia con debilidad y, sobre todo, no poner en peligro la tranquilidad por una reacción que pudo evitarse.
Foto ilustrativa: Marius Masalar / Unsplash.