Washington (CNN) – El Senado de Estados Unidos no es un lugar que cambie mucho. Por eso, lo que prácticamente está por suceder en la semana tiene tanta importancia.
La postulación de Neil Gorsuch para la Corte Suprema llegará al Senado, a menos de que ocurra una suerte de catástrofe, a finales de esta semana. Los demócratas parecen bloquearán una votación que le pondrÃa fin al debate y le permitirÃa una mayorÃa simple. (Sólo tres senadores del Partido Demócrata han anunciado que apoyarán a Gorsuch, una cifra muy por debajo de los ocho demócratas que los republicanos necesitan para alcanzar la marca de 60 votos).
Con ese bloqueo, el lÃder republicano de la mayorÃa en el Senado Mitch McConnell parece estar determinado a forzar un cambio en las reglas de juego, conocido como “la opción nuclearâ€. El movimiento de McConnell serÃa simple: permitir que el debate del Senado sobre los aspirantes a la Corte Suprema se termine con una votación de mayorÃa simple. Lo que significa exactamente eso para ponerle punto final: la mayorÃa manda, fin.
“Vamos a conseguir que el juez Gorsuch sea confirmado esta semanaâ€, prometió McConnell durante una entrevista con el programa “Fox News Sundayâ€. Sobre la pregunta de si llegarÃa a usar la opción nuclear, el lÃder republicano lo puso en el terreno de los demócratas: “lo sabremos a lo largo de la semana. Está en manos de los demócratasâ€.
La pendiente escurridiza para eliminar los 60 votos necesarios, y asà terminar el debate sobre los postulados a la Corte Suprema, empezó en 2013 cuando el entonces lÃder de la mayorÃa en el Senado Harry Reid cambió las reglas que obstruÃan la elección de todos los nominados a las cortes federales. Y, en ese momento, citó la oposición sin precedentes de los republicanos como un catalizador.
Para la época, muchos observadores neutrales, asà como bastantes demócratas, manifestaron su preocupación frente a que Reid estuviera abriendo una caja de Pandora. Después de todo, la regla dilatoria de los 60 votos en el Senado era considerada como uno de los elementos sagrados del cuerpo deliberativo más grande del mundo. La opción nuclear ha sido frustrada innumerables veces en el pasado gracias a un grupo a un grupo bipartidista de senadores institucionalistas que creen en el respeto y la tradición como elementos más importantes que cualquier lucha de confirmación.
“Yo argumenté en contra de ella en su momentoâ€, aseguró Schumer en enero pasado sobre el cambio de reglas que impuso Reid. “Insistà en que tanto para la Corte Suprema como para el gabinete debÃan existir 60 (votos) porque en cargos tan importantes deberÃa existir algún grado de bipartidismoâ€, añadió.
Asumiendo que McConnell se juega la opción nuclear en la postulación de Gorsuch, y existen todas las razones para creer que lo hará, esa larga tradición habrá desaparecido. Además, sentarÃa un precedente sobre lo parcial que se ha convertido la polÃtica estadounidense.
Más allá, desencadenar la opción nuclear con Gorsuch envenenará un pozo que ya tiene aguas que nadie quisiera beber. Como este cambio de reglas no se aplicará a toda la legislación –una reforma radical en los seguros de salud o en el código tributario, por ejemplo, todavÃa necesitarÃa 60 votos para concluir el debate en el Senado–, hará que esos proyectos o compromisos sean mucho más difÃciles de alcanzar.
Se habrá ido la idea, o quedará profundamente golpeada, de que el Senado es radicalmente diferente en su operación a la Cámara de Representantes. El órgano superior, entonces, será un lugar donde la mayorÃa tiene un gran poderÃo y donde la idea de superar las diferencias polÃticas no es un buen comienzo.
Y eso probablemente se acomodará perfectamente a las bases de los dos partidos polÃticos. Por mucho tiempo ya, cada uno ha preferido la confrontación antes que el compromiso.
El problema, claro, es que el Senado fue concebido por los fundadores estadounidenses como una institución diferente a la Cámara: menos sujeta a los vientos partidistas y, por lo tanto, capaz de actuar como una especie de control ante las acciones ante la cámara inferior.
Una parte importante de esa visión morirá si McConnell invoca la opción nuclear a finales de esta semana. El Senado ya no volverá a ser el mismo.