(CNN) - En la víspera del primer supermartes de marzo, el atractivo terminó para los donantes republicanos. Donald Trump iba disparado hacia la nominación republicana, y las posibilidades de detenerlo se estaban esfumando.

Durante 2015, muchos donantes republicanos de alto nivel se mantuvieron al margen, a la espera de que emergiera un claro favorito de la clase dirigente. Entonces sucedió lo impensable: Trump llenó ese vacío y empezó a destrozar a sus rivales uno por uno. Ninguno de ellos supo cómo detenerlo.

El increíble impulso de su campaña sorprendió a Estados Unidos y sacudió a la clase dirigente republicana. No solo el mundo político subestimó la fuerza electoral de Trump; durante meses menospreciaron su candidatura con toda su teatralidad como si fuera una broma y no prestaron atención a los cambios radicales.

Durante un largo verano y otoño de negación mientras Trump dominaba sistemáticamente las encuestas, hasta el más perspicaz de los agentes republicanos insistía en que él nunca permanecería en la contienda. Pocos donantes del Partido Republicano ni siquiera pensaban en la necesidad de tener un plan para derrotarlo. Es más, cada candidato estaba enfocado en su propia campaña y no sintió la obligación de arriesgar sus posibilidades para tratar de detenerlo.

El tardío llamado para detener su marcha hacia la nominación republicana sucedió horas antes de que Trump empezara a avanzar hacia enormes victorias en los estados del súper martes, y así construyera lo que parecía ser una ventaja insuperable en el conteo de delegados. Pero Paul Singer, un multimillonario que es uno de los principales financistas del Partido Republicano, le dijo a los demás donantes que había llegado el momento de atacar.

"Él no es Superman", quien solo puede ser destruido "por la kriptonita", dijo Singer, de acuerdo con varias fuentes que oyeron el llamado y proporcionaron detalles que antes no habían sido revelados a CNN.

Singer y miembros de la familia Rickett —quienes son algunos de los primeros donantes importantes en respaldar el esfuerzo en contra de Trump— creían que el "verdadero" Donald Trump no había sido desenmascarado ante el público estadounidense. Ellos tenían que hacer un impacto antes del 15 de marzo a fin de desenmarañar una marca que Trump había estado construyendo durante décadas, pero sentían que los datos estaban de su lado.

Quien se unió a la petición de Singer para realizar un ataque implacable que representara a Trump como el enemigo que se aprovecha de "el más pequeño" fue la directora ejecutiva de Hewlett-Packard, Meg Whitman. De manera convincente, ella dijo que Trump estaba dirigiendo un programa de "odio e intolerancia" que demostraba que no era apto para ser presidente.

La semana anterior, Whitman y otros republicanos importantes de todo el país habían visto alarmados cómo el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, había respaldado a Trump. Ellos temían que otras figuras de la clase dirigente a lo largo del país pudieran ver el poderoso atractivo de Trump frente a los votantes y que empezaran a caer en fila detrás de él.

Era tarde, pero no era el final, aseguró Whitman a los donantes respecto al llamado. La lucha por los delegados podría continuar durante meses.

"Tenemos una oportunidad para cambiar las cosas", les dijo Whitman, al apelar a su patriotismo y decirles que tenían una "tarea" que cumplir.

Luego siguió una breve sesión de preguntas y respuestas. Un donante marcó la pauta al preguntar: ¿a dónde debía transferir el dinero?

El supermartes # 3 de Trump

El llamado a los donantes en contra Trump puso en marcha lo que se convertiría en el ataque final contra el magnate de los bienes raíces para evitar que tuviera aplastantes victorias en las contiendas donde el ganador se lo lleva todo, las que empezaron el martes por la noche en el súper martes #3 en Ohio y Florida. Esta versión de su lucha cuesta arriba y la trayectoria impredecible de la campaña de 2016 se basa en entrevistas con más de una docena de estrategas, asesores de campaña, donantes y agentes de los partidos.

Los enemigos de Trump razonaron que si no lo podían derrotar abiertamente, al menos querían una decisión dividida. Ellos obtuvieron una versión de eso el martes: una victoria de John Kasich en Ohio y una contienda tensa y reñida entre Trump y Cruz en Missouri. Originalmente, una victoria de Marco Rubio en Florida había parecido posible... pero Rubio terminó su campaña el martes por la noche, después de una humillante derrota en su estado natal.

El dominio de Trump el martes distó mucho del resultado deseado de las fuerzas que están en su contra. Pero obtuvieron lo suficiente como para mantener la contienda dentro del camino estrecho que se dirige a privar a Trump de los delegados que necesita y el espectro de una convención abierta.

Trump se mostró desafiante en la noche de las elecciones: "Millones de personas están presentándose a votar", dijo durante su discurso en su propiedad de Mar-a-Lago, donde señaló que él estaba atrayendo "votantes completamente nuevos" a las urnas. "Es solo algo distinto. "Tenemos una gran oportunidad".

Dos noches antes en su concentración en Boca Ratón, un organizador de Trump había animado a los asistentes a tuitear sobre el evento con la etiqueta #StopTheRepublicanEstablishment (detengan a la clase dirigente republicana). Trump llegó justo después de la puesta del sol de forma cinematográfica, volando sobre la ubicación en su helicóptero privado mientras el tema musical de la película "Avión presidencial" de Harrison Ford de 1997 agitaba a la multitud.

Era una multitud del tamaño de las elecciones generales que se extendía desde el escenario del anfiteatro por todo el césped hasta la orilla del lago. Al apreciar la escena después de que el helicóptero había aterrizado, el director de campaña de Trump, Corey Lewandowski, advirtió sobre la reacción violenta que una convención abierta desencadenaría.

"Es una decisión de las élites del partido", dijo en una entrevista, de pie y vestido de traje detrás de la carpa de prensa, mientras Trump le infundía entusiasmo a la multitud de Boca desde el escenario. "Ellos pueden destruir al partido o pueden unirse detrás del favorito".

"Sigan subestimando a Donald Trump bajo su propio riesgo", les advirtió.

El inicio del ascenso de Trump

El factor que inició la candidatura de Trump empezó a formarse unos ocho años atrás, cuando la presidencia de George W. Bush llegaba a su fin y la economía de Estados Unidos colapsaba.

Para muchos estadounidenses, la ansiedad sobre la crisis económica subyacente nunca se disiparía. Los miembros del Partido Republicano —quienes ya estaban frustrados por los grandes déficits que la administración de Bush había acumulado en Iraq y Afganistán— se vieron exacerbados por el impulso del presidente Obama a favor del proyecto de ley de estímulo y de Obamacare.

Ese enojo se manifestaría en el ascenso del tea party en 2009 y 2010, e inicialmente gran parte de la clase dirigente política equivocadamente describía a las multitudes que apoyan a Trump como la versión más reciente de ese movimiento.

Sin embargo, las entrevistas en los mítines de Trump a lo largo del verano y el otoño sugerían que él estaba aprovechando algo que se extendía mucho más allá del estrecho marco ideológico del votante del tea party. No solo eran nuevos votantes muchas de las personas que acudían a sus mítines, sino que estaban sumamente motivados a respaldarlo.

Él se estaba aprovechando de una sensación de profundo enojo en contra de Washington que trascendía las tradicionales líneas del partido y los estratos económicos. Él estaba canalizando las quejas que muchos estadounidenses comparten, quienes se sienten rezagados por la economía de lento crecimiento, desempeñan varios empleos y se preocupan por cómo pagarán la educación universitaria de sus hijos. Él respondió al temor que surgió en el país después de los ataques terroristas ocurridos en París el año pasado.

Mientras los críticos ridiculizaban sus discursos como una demagogia incoherente, él tuvo éxito en avivar el enojo de los trabajadores conservadores de cuello azul. Trump le dio una nueva forma a todo el diálogo de 2016 con su convincente argumento nacional de que la inmigración ilegal y los acuerdos comerciales eran parte de un sistema injusto que trabajaba en su contra. Mientras ofrecía poco en términos de políticas detalladas, Trump prometió usar su destreza en los negocios para enderezar las cosas.

"Ha habido una audiencia en el Partido Republicano para el mensaje que Donald Trump está trasladando que simplemente no ha sido atendida al nivel que Trump podía hacerlo", dijo el principal analista político de CNN, Ron Brownstein. "Él está en contra del comercio, en contra de la inmigración, a favor de los derechos a subsidios y en general, en contra de las élites. Es esta idea respecto a que estamos siendo atacados por parte de élites nacionales y de influencias extranjeras, y él va a luchar en contra de ambas. Estas son las fuerzas que hacen que pierdas el control de tu vida, que sientas que te están pasando por alto en tu propio país, que tus hijos no tienen posibilidades".

Hubo antecedentes para el mensaje de Trump en Pat Buchanan en 1996 y en Rick Santorum en 2012. Sin embargo, señaló Brownstein, "ellos no tenían nada como el vataje o la intensidad que Donald Trump posee".

Él también tenía un estilo especial de magia política de la que todos los otros candidatos del Partido Republicano para las elecciones de 2016 carecían. Parte de eso era su asombrosa capacidad por dominar el ciclo de noticias de 24 horas, desencadenar explosivas historias de noticias con sus provocadores tuits y luego estar presente en el ciclo de noticias con sus entrevistas.

En una época en la que la mayoría de candidatos limitaban su exposición en la televisión por cable, por ejemplo, Trump concedía entrevistas telefónicas en varios programas matutinos.

"No hay nadie más en Estados Unidos que podría haber logrado esto: esa mezcla de fama, riqueza, dominio de las relaciones públicas y difusión política", dijo un agente republicano, quien pidió no ser identificado en su discusión de las dinámicas internas del partido. "Este es el unicornio de la política. Ninguno se imaginó que podría pasar".

Negación republicana

En enero de 2015, mucho antes de que alguien imaginara que Trump llegaría a estar tan cerca de la nominación republicana, el magnate de los bienes raíces pidió hojas de vida políticas y llamó a agentes a su oficina en la Quinta Avenida de Nueva York.

Mientras Trump observaba a Lewandowski, quien iba a convertirse en su gerente de campaña, él le dio un vistazo a la lista de los otros estrategas que había entrevistado, y le hizo una pregunta clave: "¿Eres mejor que todos ellos?"

"Creo que lo soy", respondió Lewandoski, según dos fuentes con conocimiento de la conversación.

Trump le preguntó a Lewandoski si él era el mejor agente en Nuevo Hampshire, según una fuente con conocimiento de la conversación. Él respondió que era el mejor del país.

La excesiva seguridad de Lewandowski impresionó a Trump, y la entrevista duró tan solo media hora: "Estás contratado", le dijo a Lweandowski, quien anteriormente había trabajado para Americans for Prosperity, el grupo aliado de los hermanos Koch y había dirigido la infructuosa campaña por la reelección del senador por Nuevo Hampshire, Bob Smith, en 2002.

Aunque Lewandowski tenía cuatro hijos en casa en Nuevo Hampshire, Trump estaba ansioso por empezar y quería que estuviera en la oficina de Nueva York para la semana siguiente. Negociaron un viaje ida y vuelta a casa una semana sí y una no, y el acuerdo estaba hecho.

En aquellos primeros días de 2015, Lewandowski era una de solo unas cuantas personas que sabían algo que el resto del mundo político se rehusaba a creer: Trump iba muy en serio en relación con su candidatura a la presidencia y estaba seguro de que podía ganar la nominación republicana.

Las señales de sus intenciones estaban ahí. Durante varios años, Trump había estado elevando su importancia como un destacado donante republicano; en 2014 le dio un cheque de seis cifras a la Asociación de Gobernadores Republicanos y llegó al límite con el Comité Nacional Republicano. Este es un estatus que justificaba una llamada de cortesía todos los años en septiembre por parte del presidente del Partido Republicano, Reince Priebus.

Aun así, nadie en el mundo político tomaba en serio a Trump. Él antes había jugado con candidaturas a la presidencia, pero luego las había dejado de lado. Los conocedores republicanos predijeron que él nunca presentaría el papeleo necesario, ni se involucraría con el proceso complejo de calificar para las votaciones en 50 estados. La asunción entre muchos estrategas en otras campañas era que él disfrutaría de la explosión de publicidad en torno a su campaña y luego regresaría a su dorado mundo de los 'reality shows'... probablemente después de destruir su propia campaña y reputación con sus metidas de pata.

Hasta la primavera y el verano del año pasado, un financista del exgobernador de Florida, Jeb Bush, señaló que Trump ni siquiera era descrito como una seria amenaza durante las presentaciones que hacían para los donantes de Bush acerca de los principales rivales y obstáculos que el exgobernador de Florida enfrentaba. Los aliados de Bush estaban mucho más enfocados en Rubio y Kasich, y creían que esos dos candidatos estaban en esa línea de la clase dirigente, y en un desafío en el camino por parte de Cruz, con su cache conservador y su operación bien financiada.

Resultó que Trump estaba en el camino de todos.

El inquietante discurso del magnate de los bienes raíces para anunciar su candidatura el 16 de junio en la Torre Trump —donde describió a Estados Unidos como el "vertedero para los problemas de todos los demás" y describió a los inmigrantes mexicanos como "violadores"— puso de manifiesto la percepción en los círculos republicanos de que su candidatura nunca sobreviviría.

Las reacciones de negocios a sus comentarios en contra de los inmigrantes se dieron rápidamente. Univisión canceló su transmisión del certamen de Miss USA, del cual Trump era copropietario. Macy's cortó sus relaciones comerciales con Trump y anunció que eliminaría paulatinamente su línea de ropa para hombre.

A lo largo de esa polémica, las cifras de Trump seguían en ascenso, y esta sería la primera de muchas ocasiones en las que desafiaría la gravedad política.

Muchos republicanos quedaron escandalizados en julio cuando cuestionó el heroísmo del senador por Arizona John McCain, quien fue un prisionero de guerra durante la guerra de Vietnam. "Me gustan las personas que no fueron capturadas, ¿si?", dijo Trump durante una reunión de Family Leadership Summit en Ames, Iowa.

Muchos pensaron que ese comentario iba a ser el principio del fin para Trump. No lo fue. En cambio, fue otra señal temprana de que las tradicionales reglas de política no aplicarían. "Tradicionalmente, las campañas por la presidencia son una prueba de carácter de alto riesgo", dijo Kevin Madden, un exasesor de campaña para el nominado republicano de 2012, Mitt Romney, para el expresidente George W. Bush y quien ahora es un analista político de CNN. "Él no pagó un precio por eso".

Aun así, muchos activistas conservadores superaron "el verano de Trump", y predijeron que los votantes actuarían en serio a medida que se acercaban las elecciones.

El primer debate de CNN en septiembre fue una llamada de atención para algunos líderes del partido. Este atrajo a 23 millones de televidentes mientras Trump se pronunciaba en contra de la inmigración y arrastraba a otros candidatos a la derecha, desenredando el cuidadoso trabajo base que el partido había hecho después de su derrota en 2012 para tratar de reconstruir la marca republicana entre las minorías de rápido crecimiento como los latinos.

Las otras campañas se enfocaron en el sentimiento del electorado en contra de la clase dirigente... y probaron varias versiones del mensaje de Trump. Bush trató de presentarse como el que podía alterar la situación. Rubio trató de hacer uso de sus credenciales como un advenedizo insurgente de Florida, mientras volaba bajo el radar con la huella ligera de su campaña. Cruz hizo alardes de su independencia del "cartel de Washington". Kasich hizo un llamado a devolverle el poder a los estados.

Los candidatos como el exgobernaor de Texas Rick Perry, quien enviaba fuertes ataques en contra de Trump, se vieron obligados a salir de la contienda.

"Todos creyeron la idea de que Trump no era su problema", dijo Madden. A medida que Trump destruía a un adversario tras otro y seguía subiendo en las encuestas, los riesgos de enfrentarse a él parecían superar los posibles beneficios.

Cruz a la larga construiría el esfuerzo más grande por permanecer en el ring mientras la fuerza de Trump aumentaba, con una estrategia de "colocarse" detrás de Trump (como lo hace el auto que va en segundo lugar en una carrera de la NASCAR). Él compartía el mismo conjunto de temas, se negaba a atacar a Trump, e incluso apareció junto a él en un mitin sobre Irán en Washington; así, iba detrás de él con la esperanza de poder rebasarlo.

El único candidato que permaneció en la ofensiva fue Trump.

Otras campañas trataron de adaptarse al dominio de Trump en el ciclo de los medios al hacer que sus candidatos fueran más visibles por medio de entrevistas por cable y al tratar de entrar a las noticias al utilizar la más reciente controversia relacionada con Trump como complemento. El único candidato que realmente trató de confrontar a Trump fue Bush, pero Trump repetidamente se llevó la mejor parte en esos intercambios.

Varios exagentes de Bush señalaron que el exgobernador de Florida era el peor mensajero para detener el ascenso de Trump debido a la presidencia de su hermano y a sus incuestionables vínculos con la clase dirigente.

Los estrategas de todas las principales campañas también se quejaron de que los reporteros cubrían a Trump con un estándar distinto, e informaban sobre él como si fuera un espectáculo en lugar de un serio aspirante a la presidencia.

"Todos deberían haber desafiado a Trump desde el inicio. Deberíamos haber hecho más", dijo un asesor de Bush, quien pidió no ser identificado debido a que estaba cuestionando la estrategia de la campaña. Él pudo aumentar este apoyo y la armadura que viene con él antes de que cualquier persona empezara a golpearlo. Hubo una oportunidad que fue desaprovechada para llevar a cabo una campaña sustentada en su contra desde el inicio".

A principios de este año, la opinión de que Trump era de teflón hizo que los donantes se mostraran asustadizos de enfrentarse a él. Las influyentes organizaciones de Koch estuvieron a punto de llevar a cabo una extensa campaña multimillonaria en su contra. Habrían tratado de exponerlo como el operador que había hecho que el gobierno afectara a los más pequeños y había ayudado a las élites, dijo una fuente con conocimiento de los planes. Esto fue probado por las encuestas. Sin embargo, justo antes de las primarias en Carolina del Sur, la organización decidió que era mucho el riesgo de perjudicar su imagen de organización externa con los votantes que habían cultivado de manera tan cuidadosa durante las campañas intermedias y al permanecer fuera de las primarias republicanas.

Hasta en enero, los operativos políticos que hablaban en una reunión con los donantes de la red de Koch en California, les dijeron que Trump tenía "la oportunidad" de ganar la nominación republicana, pero dijeron que "las posibilidades seguían estando en su contra", según un participante que escuchó la presentación.

La evasión

Para cuando Trump empezó a acumular considerables victorias en Nuevo Hampshire, Carolina del Sur y Nevada, las dudas acerca de la estrategia que se utilizó en su contra —o la falta de ella— estaban muy avanzadas dentro de todas las campañas y dentro de los grupos externos que habían sido establecidos para darle un impulso a los principales candidatos.

Aunque se estaba acabando el tiempo, los donantes que se oponían a Trump contribuyeron fondos al Our Principles PAC, el grupo que organizó la llamada a los votantes en el súper martes y su organización conservadora relacionada sin ánimo de lucro, American Future Fund.

Ellos administraron sus recursos al transmitir anuncios y hacer un micro enfoque sofisticado respecto a los votantes solo en los estados donde alguno de los principales candidatos —Kasich, Cruz o Rubio— tenía alguna probabilidad de derrotar a Trump o llevarse una buena parte de delegados. Eso implicaba estados como Idaho, Florida, Ohio, Illinois y Missouri.

El grupo organizó llamadas automáticas a los votantes conservadores en las que se escuchaba cómo el mismo Trump le dijo a Tim Russert en 1999 en "Meet the Press" acerca de su apoyo al aborto (sin explicar el cambio de Trump sobre el tema).

Al tomar una página del cuaderno de estrategias de Obama de 2012 en contra de Mitt Romney —quien empezó a presentar argumentos, tarde pero convincentes, en contra de Trump en marzo—, la organización American Future Fund encontró a estadounidenses que contaban historias acerca de haber sido engañados por Trump, mientras veían directamente a la cámara.

Algunos anuncios de las fuerzas en contra de Trump detallaron la demanda en torno a la Universidad Trump; otros pusieron de manifiesto los alarmantes casos de violencia en un reciente mitin de Trump en Chicago y sus comentarios despectivos acerca de las mujeres.

El objetivo era generar dudas acerca del carácter de Trump, y acerca de si era o no elegible. Los grupos que se oponen a Trump no estaban tratando de disuadir al treinta y tanto por ciento de los votantes que eran fieles a Trump, ni se dirigían a la porción del electorado republicano que ha se habían decidido en contra de él. Su objetivo era limitar el apoyo de Trump entre los votantes un tanto conservadores del centro, quienes se seguían sintiendo divertidos y entretenidos por Trump, pero no estaban listos para apoyarlo.

Mientras se llevaban a cabo esos esfuerzos del súper PAC —un esfuerzo en conjunto de donantes que habían apoyado a Bush, Rubio, Cruz y Kasich— las campañas de Kasich, Cruz y Rubio se enfocaban en una estrategia más dirigida de ganar delegados para impedir que Trump consiga los 1.237 que necesita para ganar definitivamente.

Cruz lo dio todo en Wyoming —donde ganó nueve de los 12 estados que estaban en juego el sábado— mientras la campaña de Rubio se esforzó por ganar las asambleas partidistas en Washington, D.C., y consiguió 10 delegados.

Sin embargo, Florida seguía siendo el estado donde Rubio tenía que ganar, y su tremenda derrota el martes por la noche —27% frente al casi 46% de Trump cuando habían contado el 98% de los votos— quizá fue la más sorprendente. Él había sido el último en enfrentarse a Trump, y finalmente parecía que iba a disfrutar del llamativo momento con el que su campaña había contado para darle un impulso a principios de 2016.

Sin embargo, algunos votantes retrocedieron ante los vulgares intercambios entre el carismático senador por Florida y Trump. No solo llegó a estar en contra de la marca de Rubio, sino también pareció haber llegado al juego tarde. Los votantes cuestionaron por qué Rubio había esperado tanto para atacar a Trump.

Desde un punto de vista táctico, la estrategia de la campaña de Rubio de mantener un perfil ligero ocasionó problemas profundos en Florida.

Esto había hecho sentido anteriormente en la contienda, cuando sus rivales aparentemente eran un conjunto de candidatos cuyas habilidades políticas y destreza con los medios no eran tan buenas como las suyas. Pero esa estrategia decayó a medida que Trump se hacía más fuerte, particularmente en Florida, donde nadie se había imaginado la necesidad de lanzar una serie de estrategias base tan extensa.

El plan inicial, dijo un aliado de Rubio, "no tomaba en cuenta" que Rubio "no iba a ser el favorito de los medios en la campaña". "Una contienda en contra de Jeb Bush, Scott Walker y Ted Cruz... es una contienda totalmente distinta que la contienda en contra de Donald Trump", dijo este aliado de Rubio. Al igual que sus rivales, Rubio no logró ajustarse cuando la realidad de Trump tumbó las expectativas.

Cuando Rubio llegó a Biose, Idaho, tan solo la semana pasada, él estaba sumamente confiado, y creía que el estado le daría una victoria crucial, una victoria que le podría dar el impulso tan necesario de cara a las primarias en Florida una semana después.

Pagó una cantidad de casi seis cifras en una tardía compra de un anuncio en los económicos mercados de los medios de Idaho, con la esperanza de darle una dosis de energía a su complicada campaña. Y él contaba con el respaldo del senador conservador del estado, Jim Risch, un partidario desde el inicio que conocía al estado mejor que nadie.

"Idaho tiene la oportunidad de reiniciar esta campaña", dijo un Rubio lleno de vida a sus partidarios en la Universidad Estatal de Boise.

En cambio, Idaho podría haber ayudado a ponerle fin a su campaña. Rubio fue derrotado de forma aplastante; quedó en tercer lugar luego de perder por 30 puntos en contra de Cruz y por 12 en contra de Trump. Esto culminó una miserable noche para Rubio, cuando no logró ganar un solo delegado de los cuatro estados que votaron. Esto aumentó la presión para que ganara en su estado natal una semana después o se saliera de la contienda.

La derrota de Rubio en Florida fue un increíble rechazo en su estado natal en contra de un político joven preparado para liderar a un Partido Republicano dividido hacia el próximo siglo y definir la siguiente generación del conservadurismo.

"Realmente creo que si Donald Trump no estuviera en esta contienda, Marco Rubio sería el nominado hoy en día", dijo Risch. "Este es el conjunto más inusual de circunstancias que he visto en mi vida".

A medida que la campaña de Rubio se dirigía a los dolorosos últimos días de la campaña en Florida, el senador y su personal de alto nivel tenía dificultades por entender lo que estaba pasando. Rubio, cuando habló con reporteros y votantes, no ocultó su exasperación: Trump representaba todo que él creía, estaba mal acerca de la política. Él era vano y presuntuoso, dijo Rubio, un hombre que perpetuaba el odio y que destruiría al Partido Republicano. Aun así, Trump ganaba y ganaba mucho.

"Tenemos una cultura hoy en día... lo que antes era considerado malo hoy se considera bueno", le dijo Rubio a sus partidarios en West Palm Beach el lunes, mientras recordaba cómo hace casi un año él lanzó una candidatura presidencial definida por la esperanza y el optimismo. "Toda mi vida me han dicho que sin importar qué pienses de otra persona, los respetas porque todos somos hijos del mismo Dios".

El discurso de concesión de Rubio reprendió las tácticas divisivas de Trump. Él advirtió que ese tipo de política haría de Estados Unidos "una nación dividida".

"Estados Unidos está en medio de una verdadera tormenta política, un tsunami real" dijo Rubio en la noche del martes, "y deberíamos haberlo visto venir".

Stephen Collinson, Jeremy Diamond, Ashley Killough, MJ Lee, Sara Murray y Manu Raju contribuyeron con este reporte.