APUNTE.COM.DO.- El 28 de octubre de 1892, cuatro años después de que el inventor francés Louis Le Prince filmara la primera película de la historia —un corto de apenas 1,6 segundos titulado La escena del jardín de Roundhay— y tres años antes de que los hermanos Auguste y Louis Lumière estrenaran los 46 segundos de La salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon, otro francés, Charles-Émile Reynaud, irrumpió en el naciente mundo de las imágenes en movimiento con Pauvre Pierrot (Pobre Pierrot), el primer dibujo animado producido en el mundo.

Para entonces la vida cultural europea transitaba por otras artes. En Londres acababa de publicarse la primera recopilación en formato de libro de las célebres historias de Arthur Conan Doyle, titulada Las aventuras de Sherlock Holmes, y en Moscú el pianista y compositor ruso Serguéi Rajmáninov interpretaba por primera vez en público su famosa pieza Preludio en do sostenido menor. En París, entretanto, un cartel publicitario colocado en la entrada del Museo Grévin anunciaba un espectáculo que llamó la atención del público. No se trataba del estreno de una obra de teatro ni de un concierto —las atracciones habituales de la época—, sino de unas hasta entonces desconocidas "pantomimas luminosas", obra de un autor también desconocido, Charles-Émile Reynaud.

La función incluía la "proyección" de tres obras, todas muy breves, tituladas Pauvre Pierrot, Clown et ses chiens y Un bon bock. Nunca se había visto algo así: mediante un sistema de lentes, una máquina proyectaba imágenes fijas sobre una pantalla translúcida mientras otro proyector superponía otras que se movían sobre ese escenario para contar una historia con música de fondo y otros efectos sonoros. Todas las imágenes, entre 500 y 700 según la extensión de la obra, habían sido dibujadas y coloreadas a mano por el propio autor sobre películas transparentes y flexibles que corrían de una bobina a otra para darles, increíblemente, vida a los personajes. A ese sistema, inventado por él mismo, Reynaud lo llamaba "teatro óptico". Las tres obras contaban historias sencillas: Pauvre Pierrot, de unos cuatro minutos de duración, era una comedia romántica que mostraba a un arlequín que coqueteaba con una mujer y a un tal Pierrot que aparecía en escena más tarde y sufría las bromas del arlequín y el desinterés de su amada; Clown et ses chiens tenía como protagonistas a un payaso y sus perros y estaba inspirada en el mundo circense; la tercera, Un bon bock, era una farsa sobre un café donde a un hombre le roban continuamente la bebida y acaba peleándose con los transeúntes.

La función de ese viernes tuvo muy buenas críticas de prensa y fue un éxito de público que se difundió de boca en boca, tanto que el Museo Grévin lo mantuvo en su cartelera durante años, pero la función inicial marcó también un hecho histórico: fue la primera proyección de lo que hoy se conoce como "dibujos animados", por la cual todos los 28 de octubre se celebra el Día Mundial de la Animación. Más allá de que ya existía, aunque no se había exhibido comercialmente, la brevísima película de Louis Le Prince, el "teatro óptico" fue además precursor del cinematógrafo, el invento que dieron a conocer en 1895 los hermanos Lumière y que, paradójicamente, marcó el principio del fin del éxito —y también la desgracia— para el muy ingenioso y polifacético Reynaud, un hombre de ideas brillantes que buscaba desarrollar artilugios mecánicos para ponerlos al servicio del arte.

Nacido en Montreuil, Francia, el 8 de diciembre de 1844, Charles-Émile Reynaud era hijo de un relojero y de una acuarelista. Aprendió a dibujar con su madre, Marie-Caroline Bellanger, mientras se interesaba en la mecánica frecuentando el taller de Benoît, su padre. Esa combinación entre el arte y las técnicas de precisión sería determinante en su vida y sus invenciones.

Estudió ingeniería y mientras cursaba la carrera trabajó como ayudante y operador del fotógrafo y escultor Antoine Samuel Adam-Salomon, fue asistente del sacerdote y divulgador de la ciencia Abbe Moigno; y dio clases de física y ciencias naturales en la École Industrielle du Puy entre 1873 y 1877.

Por esos años aparecieron los primeros juguetes ópticos que creaban la ilusión de movimiento utilizando secuencias de imágenes. Fascinado, decidió perfeccionarlos. Primero trabajó sobre el zoótropo, una máquina estroboscópica creada por William George Horner, compuesta por un tambor circular con unos cortes, a través de los cuales el espectador mira dibujos dispuestos en tiras dentro del tambor que, al girar, parecen moverse.

Su primer invento fue un tambor giratorio poligonal de espejos pintados con imágenes que, cuando eran iluminadas, se podían ver a través de una ventana pequeña, y patentó el artilugio en diciembre de 1877 con el nombre de praxinoscopio. Era apenas una mejora del zoótropo, pero lo siguió perfeccionando y dos años más tarde le agregó un fondo intercambiable para acompañar a las figuras de la secuencia animada. Además, consciente de que su aparato no iba a ser visto por grandes audiencias, trabajó para ampliar los alcances y las proporciones de sus ilustraciones. Elaboró así un complejo aparato que reproducía tiras aún más grandes de dibujos y las proyectaba. En este nuevo sistema las imágenes en movimiento se contemplaban reflejadas en una especie de prisma.