APUNTE.COM.DO.- Un camión repleto de desechos sólidos arriba al barrio Villas Agrícolas, en el Distrito Nacional. Los vecinos reconocen de inmediato su destino: la Estación de Transferencia Centro Futuro de Esperanza. Para algunos habitantes del sector, esta imagen es parte de la rutina, pues conviven a diario con la basura, los malos olores y los desperdicios.

Sin embargo, comunitarios de la calle Respaldo Moca sostienen que la situación es insostenible y piden a las autoridades que intervengan para mejorar su calidad de vida. La vía es estrecha, las viviendas están muy próximas entre sí y, en la mayoría de los casos, permanecen con puertas y ventanas cerradas.

Entre esas casas vive Nelis Mesa, una microempresaria que reside en la zona desde la década de 1970. Con voz suave y evidente cansancio, explicó que mantiene su hogar cerrado debido al polvo que entra desde la estructura donde se reciben los desechos antes de ser trasladados al vertedero de Duquesa.

Mesa señaló que ha escuchado promesas sobre soluciones a los inconvenientes que genera la estación de transferencia, pero aclaró que se han quedado en ideas no ejecutadas. “Nos afecta a todos, de verdad que afecta a toda la comunidad. Ya eso está y quitar algo que pusieron hace tanto tiempo es difícil, pero si pueden darle mantenimiento”, afirmó antes de mostrar el polvo de color naranja que invade su vivienda.

Antes de concluir su testimonio, la mujer se refirió a un robo que atribuyó a recicladores, conocidos como buzos, que se acercan a la instalación y que, según los residentes, son adictos a las drogas o deambulan por las calles del Distrito Nacional. “Esos buzos están haciendo de todo por ahí, todos los buzos de metaleras roban muchísimo. Ellos se meten en los patios a robar. Incluso, a mí misma me han robado muchísimas cosas, aquí me han robado hasta la lavadora y por eso he tenido que poner hierros”, declaró.

Tras la intervención de Mesa, apareció Jhonny Martínez, un comerciante que ha vivido en Villas Agrícolas por más de 40 años. Martínez explicó a reporteros de Listín Diario que ha observado gran cantidad de materiales desechables en las aceras y un olor nauseabundo. Caminó junto al equipo periodístico alrededor del lugar para mostrar las deficiencias y señalar que la zona está repleta de buzos que consumen sustancias prohibidas.Dos camiones se dirigen a pesar desperdicios en la estación de transferencia.

“Por aquí no hay descanso, eso es polvo por todos los lados; no puedes ni comer. Todos los hoyos están tapados y a todos los niños hay que llevarlos al médico porque están malos”, expresó Martínez.

Otro de los problemas que mencionó es que la presencia de camiones de carga pesada deteriora las calles, lo que se comprobó al constatar daños en el asfalto que dificultan la circulación de vehículos y personas. Esos camiones se acercan de manera constante a la planta de transferencia y suelen provocar taponamientos en la calle San Juan de la Maguana. Además, los gritos de los conductores, los pitidos intermitentes y el sonido de las bocinas generan un bullicio constante. “Ese polvo y bajo no son fáciles. Si vas a cenar vas a cenar tu bajo también. Eso es un abuso, por aquí hay almacenes de comida y todo. Esto no es un barrio, es una selva; sálvese quien pueda”, aseveró.

La Estación de Transferencia Centro Futuro de Esperanza fue inaugurada el 24 de agosto de 2006, durante una de las gestiones de Roberto Salcedo como alcalde del Distrito Nacional. El lugar abarca unos 700 metros cuadrados y dentro de sus instalaciones hay un espacio donde la basura se amontona para que los buzos realicen sus labores. Ellos se dividen por grupos y separan los desechos provenientes de distintos barrios del Distrito Nacional para que luego sean enviados al vertedero de Duquesa, en Santo Domingo Norte.

Desde la perspectiva de Elvis Feliz Hernández, encargado de la estación, el problema que afecta al entorno no se debe a un mal trabajo de los responsables, sino a los comerciantes de los alrededores. Incluso, indicó que el personal de la instalación se encarga de limpiar el entorno. “Se instalan las guaguas del mismo mercado y ahí mismo dejan su basura y todos los que vienen. A ellos les da igual destruir las cosas y dejar los residuos ahí”, aseveró.

Hernández señaló que parte de los robos ocurren por recolectores de basura que llegan a la zona de manera independiente y no con los parámetros que se establecen en la estación de transferencia. “Aquí prácticamente no se roba, estos muchachos que recolectan aquí, y que también funcionan como recicladores, entiendo que con ellos no hay problema”, dijo al referirse al manejo de los recolectores y a las funciones de la planta.

También explicó que el horario de trabajo del establecimiento inicia a las 9:00 de la mañana y culmina a las 6:00 de la tarde, pero que las labores continúan en la madrugada con alrededor de cinco o seis camiones que se acercan al lugar.