La realidad es una proyección de lo que sentimos. El psicoanalista Carl Gustav Jung estableció, ''Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia adentro despierta.'' cuando buscamos las causas de nuestros males y fracasos culpando a otros, es como si estuviéramos soñando.

No estamos en contacto con nosotros mismos, no nos conocemos, por consiguiente, no podemos crecer. Estamos atrapado en el Limbo Dantesco. Entre un infierno y un paraíso emocional. Por ejemplo, cuando algo nos molesta en otras personas es porque nosotros somos de esa manera. Presencie en una ocasión a una mujer criticar a otra porque esta le dio el número de su teléfono a un hombre, el cual estaba sentado con varios amigos. Varias veces mencionó el acontecimiento. Y me dio de pensar que esa amiga estaba acostumbrada a hacer lo mismo, por eso se sentía molesta. 

Si nos enojamos por ciertas acciones de los demás, esto indica que también cometemos esas acciones. Mientras que las conductas inquietantes, aquellas que nos destabilizan al verlas en alguien, son partes de nosotros mismos. Son conductas que desplegamos o reprimimos en nosotros.

Cuando Mary piensas que José le está siendo infiel porque llega tarde y esto la desequilibra emocionalmente, se puede interpretar que Mary no es una persona muy fiel que digamos. Sucede lo mismo al insistir en cambiar la forma de ser de alguien, o algo que nos molesta a nosotros. Querer cambiar un tipo de conducta vehementemente en una pareja o amiga/o, es indicio de que esa conducta existe en nuestra mente.

Si a Joan le molesta sobre manera cuando María se irrita, este es un indicio de que él es una persona irritable, también. Es saludable estar en contacto con aquellas cosas que nos molestan, irritan, inquietan o que queremos cambiar en los demás, pues a través de ellas podemos conocernos mejor. Ellas son reflejos de quienes verdaderamente somos y podemos cambiarlas.