Redacción Internacional.- El presidente de los Estados Unidos, Jhon F. Kennedy estaba obsesionado con matar a Fidel Castro, pero le salió "el tiro por la culata", ya que fue asesinado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el mismo día que le había ordenado que mataran al líder de la Revolución Cubana con un bolígrafo envenendo.

En esa y otras tantas ocasiones que lo intentó a través de la CIA no pudo lograr su objetivo. Mientras Kennedy fue asesinado por la CIA, Fidel Castro murió en su cama.

Los datos están contendos en los documentos desclasificados sobre la muerte de Kennedy que han sido revelado por el presidente de los Estados Unidos, Donal Trump.

La información esta contenida en  Archivos Nacionales relacionados con el magnicidio del mandatario norteamericano.

Según el archivo, titulado ‘Informe sobre conspiraciones para asesinar a Fidel Castro’, el 22 de noviembre de 1963, un oficial de la CIA) estadounidense se reunió en París con un agente cubano encubierto, a quien le entregó la pluma que en su interior contenía una jeringa hipodérmica con la que se pretendía suministrar el veneno al líder de la Revolución Cubana

El agente encubierto era Rolando Cubela, un médico y militar que participó junto a Castro en la Revolución Cubana, dijo estar dispuesto a regresar a su país decidido a iniciar un golpe de Estado.

Por su parte, el oficial de la CIA le aseguró que Kennedy y EE.UU. le prestarían todo el apoyo necesario.

Reacción a la noticia de la muerte de Kennedy

Cuando terminaron la reunión, los dos fueron informados de que el presidente estadounidense acababa de ser asesinado.

Cubela “se sintió visiblemente conmovido por la noticia y preguntó: ‘¿Cómo puede pasar algo así con las personas buenas?'”, recoge el documento. Tres años más tarde, Cubela fue detenido en Cuba por la Policía y condenado a 30 años de prisión.

Pero la pluma letal no fue la única forma con la que la CIA pretendía atentar contra Fidel. Los archivos desclasificados muestran que el asesinato del líder cubano era una obsesión recurrente de Kennedy.
Entre otras tramas, destaca que los servicios de Inteligencia estadounidenses pretendían envenenar el aire del estudio de radio al que solía acudir Castro para dirigirse a la población.

Otro de los esfuerzos de la CIA estaban dirigidos a provocar un levantamiento popular que conllevara al derrocamiento del líder de la Revolución Cubana.

Estos planes incluían hacer que Fidel Castro fumara un cigarro contaminado antes de un discurso, de tal forma que se desorientara y hablara cosas incoherentes, para así minar su credibilidad ante el público.