El presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), bachiller Ambiorix Rosario, hizo público su formal sometimiento ante el Consejo Universitario de un grupo de profesoras y profesores, a los cuales el dirigente estudiantil acusa de "obligar a sus estudiantes a la compra de libros; que de no comprarlos (...) estarían bajo la amenaza de que le reprueben la asignatura". También sometió a un segundo grupo de profesores que "queman" a sus estudiantes, que cambian horarios y no publican las notas en el tiempo establecido. A un tercer grupo los sometió por acosar sexualmente "a las compañeras y compañeros" (Ver su circular hecha pública el 1 de octubre, 2015).

Venta compulsiva de libros, acoso sexual y abusos de profesores son denuncias que yo vengo escuchando desde mis tiempos de estudiante en la UASD.

Según Ambiorix Rosario, yo pertenezco al grupo de profesores 'que obliga a sus estudiantes a comprar libros, bajo la amenaza de que reprueben la asignatura'.

En mis 30 años ininterrumpidos que sumo en la UASD impartiendo docencia en las escuelas de Historia y de Comunicación Social, es la primera vez que escucho contra mi persona una acusación tan ruin y mentirosa.

Fruto de mis investigaciones, que realizo en forma independiente, sacrificando mis vacaciones, he publicado hasta ahora ocho libros de historia y tres en el área de comunicación social, y si sigo disfrutando de mi buena salud, seguiré investigando y dando a luz mis recreaciones en ambas áreas del conocimiento. Esa fue la respuesta que encontré hace más de 20 años para ayudar a callar las voces que entonces criticaban a los profesores de la UASD porque "no investigaban ni escribían nada".

Por supuesto, Ambiorix Rosario parece desconocer que en nuestra UASD existen estudiantes que se retiran de los cursos cuando saben que el profesor asignado es autor de uno o varios libros. Esa sola información los espanta para siempre. Se impacientan y se van. Algunos salen diciendo sandeces contra los profesores.

No esperan ni siquiera la tercera semana de clase para ver cuáles son las propuestas de evaluación del profesor. Otros estudiantes, menos prejuiciados, saben esperar y se acercan al docente a explicar su situación particular. Algunos incluso preguntan públicamente si es posible fotocopiar los libros sugeridos.

Creo que los profesores, autores de libros elaborados conforme a los contenidos y la metodología de la enseñanza requerida por la asignatura, tenemos derecho a promover nuestros libros entre los estudiantes, sin que esa promoción implique venta compulsiva o amenaza de ninguna índole. 

Es cierto que hay estudiantes que les duele comprar un libro, pero existen muchos otros que los compran voluntariamente porque saben que un libro de texto, bien elaborado, es un recurso muy útil en una extensa asignatura, cuyo contenido debe ser conocido en apenas 48 horas de docencia. Mis cinco textos de historia, por ejemplo, son revisados y actualizados cada tres años y gracias a la aceptación de profesores del área, mis libros se venden bastante en los economatos de varias universidades dominicanas.

Yo no tengo razones para obligar a nadie a comprar mis libros. Es probable que Ambiorix Rosario sólo escuchara la queja, hija del prejuicio, de algunos estudiantes, pero desconoce la cantidad de libros que yo obsequio a mis estudiantes semestre tras semestre.

Sólo escuchó una campana. Debió asistir a mis cursos para indagar mejor y escuchar otras voces, antes de incluirme en su lista de sometidos al Consejo Universitario, organismo que debe discutir y aprobar una nueva Resolución, más precisa, con relación a las condiciones que deben reunir los libros sugeridos en las aulas por los profesores-autores y si tenemos o no tenemos derecho a promoverlos entre los estudiantes.

Yo creo que los primeros beneficiarios en utilizar buenos libros serán los estudiantes universitarios de un país donde la inmensa mayoría de la gente no lee, ni le interesa adquirir un producto cultural tan duradero y tan útil para la familia. 

Yo soy un profesional de la docencia universitaria. Cuando tomé la iniciativa de investigar para escribir y mejorar mi oficio, lo hice porque observaba la ausencia de textos inteligibles para estudiantes universitarios.

Desde 1994, cuando publiqué mi incunable, me di cuenta que yo no nací para vender ñames; yo descubrí que nací para la docencia, para escribir y promover el buen libro.
(28 de octubre, a los 477 años de fundación de nuestra querida Alma Mater)