En un mundo donde persisten enconos, divisiones y enfrentamientos, no sólo en lugares apartados del planeta sino en zonas tan cercanas a nosotros como Venezuela y Colombia, la visita del Papa Francisco a Cuba contribuye a fortalecer el proceso de apertura que vive la isla luego del restablecimiento de relaciones con Estados Unidos.
El Pontífice tiene mucha razón al afirmar que ambas naciones han dado un ejemplo a un mundo donde las convulsiones no han desaparecido, a pesar de los avances democráticos.
Es de justicia recordar al papa Juan Pablo II, quien en su visita a Cuba en 1998 abogó porque “Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”.
Tardó diecisiete años pero llegó.