Filiberto Cruz Sánchez
Decía el historiador, filósofo y político Francois Guizot, en carta a su coetáneo Prosper de Barante, que "había cien maneras de escribir la historia" (citado por el historiador colombiano Otto Morales Benítez, en: Trascendencia, dimensión y proyección de las historias regionales y locales, ediciones de la UNAM, México, 1993, p. 16).
Y al revisar la historia escrita por los historiadores no nos queda otra opción que aceptar la célebre frase del ministro liberal francés del siglo XIX, muy conocido entre los historiadores dominicanos porque a él estaban dirigidas las correspondencias enviadas desde Santo Domingo por el cónsul francés, Saint Denys, en los primeros años de la República.
En el presente artículo voy a enumerar las formas más frecuentes utilizadas por los profanos de todas las épocas que intentaron recrear el pasado de la humanidad. Han sido tantas las formas de exposición que han creado un mar de confusiones y visiones mediocres en quienes se resisten en aceptar la historia como una ciencia social, capaz de general nuevos y mejores conocimientos.
Las primeras actividades humanas se conocieron por la tradición oral, primer recurso utilizado por el hombre primitivo para perpetuar su memoria. Al pasar de boca en boca, de una generación a otra, los hechos humanos del pasado así contados se deformaron y se convirtieron en mitos o leyendas.
Los mitos son relatos creados para explicar el universo, el origen del mundo, los fenómenos naturales o cualquier otra cosa para la que no existe una explicación simple. El mito es una fábula, una leyenda, real o imaginaria, casi siempre relacionada con una deidad, con un poder sobre natural, pero fue la primera forma racional de contar la historia, un concepto sobre el cual existen también más cien manera de percibirla.
Al mito le sigue el relato escrito, no en el sentido de relatar, sino en el sentido narrativo, de narrar lo sucedido o la ficción en prosa, pero sin llegar a la novela.
Por supuesto, para llegar al relato hubo que esperar la invención de la escritura, hace aproximadamente 6 mil años antes del presente.
Para Georges Lefebvre, el simple relato ha sido la primera forma de escribir la historia. Es lo que algunos teóricos han llamado "historia artística", porque va dirigida a la imaginación, a la "resurrección" del pasado (Lefebvre. El nacimiento de la historiografía moderna. Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1974, p. 13).
El primer narrador de la historia fue sin duda Herodoto, el "padre la historia" occidental, el historiador de las Guerras Médicas del siglo V antes de Cristo, que buscó "impedir que caigan en el olvido las grandes hazañas realizadas por los griegos y los bárbaros" (Morales Benítez, obra citada, p. 10).
"Durante siglos se redactaron así anales y crónicas. Anales, es decir, efemérides donde los hechos que retenían la atención aparecen registrados desordenadamente: la muerte de un rey, una gran batalla, un incendio catastrófico... Crónicas, o sea, relatos de sucesos elegidos conforme a las preocupaciones del autor: los que afectaban a su ciudad, a su soberano, a su iglesia... Casi siempre acontecimientos políticos, militares, diplomáticos, religiosos" (Lefebvre, obra citada, p. 14).
Eran formas muy simples de escribir la historia, pero la historia es mucho más que mitos, crónicas, anales y narraciones...
Los historiadores antiguos incurrían también, con frecuencia, a interpretar en forma tendenciosa los hechos del pasado y las biografías de los grandes hombres que escribían. El relato histórico era dirigido a fines prácticos, utilitarios. Así nació la historia pragmática, de mucha influencia entre los practicantes de la historia. Al historiador griego Plutarco se le tiene como modelo de esa forma de manipular la historia, muy usada por la historiografía oficial.
Y entre los escritores tendenciosos del Renacimiento europeo sobresale Maquiavelo, que vio en la historia un medio "para la educación del príncipe, del hombre de estado o del político"; más tarde encontramos a Voltaire, "que no dejó de pensar, al escribir sus libros de historia, en el 'déspota ilustrado', el príncipe filósofo por el que pronunciaba sus votos" (Ibídem, p. 18).
De la historia sagrada o providencial sabemos que tiene una larga historia. Para Herodoto la historia era guiada por los dioses. Desde su inicio, la explicación de la historia ha estado vinculada a la obra del cristianismo.
"El mundo cristiano prolonga la historia judía imbuida de la idea de que el pueblo elegido..., representa la voluntad divina" (Ibídem, p. 27). Esa concepción de la historia se afianzó durante la época oscura del feudalismo y después del Renacimiento la encontramos en apuros ante el auge de las ideas racionalistas.
Mientras los narradores hacían el relato de lo que había sucedido en el pasado, otros trataban de dar explicaciones, de manera que la historia explicativa surgió con el relato, pero se alejó de él "para agrupar los hechos que conciernen a una época determinada, de tal forma que quede relacionada la influencia que esos hechos contemporáneos han ejercido unos sobre otros".
Al relacionar los hechos humanos con varias causas que interactúan entre sí, "nos encontramos en presencia de un complejo de causas posibles, probables, y todo lo que podemos esperar consiste en determinar de forma aproximada, por medio de tanteos sucesivos, las más importantes de entre ellas".
Lefebvre ve en esa forma de interpretar los hechos históricos, "una de las conquistas más importantes del conocimiento histórico de la época contemporánea" (Ibídem, pp. 20-23). Esa una de las razones del por qué la historia explicativa es la de mayor uso entre los historiadores profesionales.
Otra forma muy usada para escribir la historia es la cronológica, muy parecida a la historia narrativa, la cual resulta muy tediosa porque su principal énfasis consiste en disponer los hechos del pasado en un orden temporal, por fechas de aparición.
La cronología es un recurso importante para el historiador profesional, pero resulta insuficiente para un mejor estudio y comprensión de la historia en sentido general.
Conocemos también la historia descriptiva, que es otro recurso muy útil cuando abordamos el estudio de un determinado problema. Se le pide al investigador hacer una descripción del tema objeto de investigación, aunque jamás debemos limitar la historia a la simple descripción de los hechos.
La historia se ha escrito además en forma anecdótica, porque sus autores se preocupan más por los rasgos curiosos o notables de un hecho histórico o de un personaje.
La historia popular se expresa a través de leyendas, cuentos y relatos del pasado. Es una historia folklórica, hija del imaginario colectivo.
El arte dramático, el teatro, ha sido otra forma de contar la historia. Hechos y personajes del pasado han sido representados genialmente a través de este excelente medio de recreación de la historia que requiere mucha imaginación y talento artístico.
Lo mismo podemos decir de la historia cinematográfica, muy extendida en el presente. Por su gran impacto social, esta forma de llevar la historia a la pantalla chica o gigante requiere de sus gestores mucha paciencia, creatividad y la debida asesoría de los historiadores especialistas en los tópicos a filmar.
La historia se ha contado en forma de novela e historia novelada, dos géneros de la literatura cuyos límites y alcances aún no se definen con claridad, aunque se acepta que el fin de ambos es causar placer estético entre sus lectores. Los autores de la novela histórica o la historia novelada son generalmente diletantes que cultivan su arte por simple afición.
De la historia erudita decimos que siempre estuvo vinculada a la vida de un sabio, de un documentalista; sus vastos conocimientos sobre la ciencia histórica provinieron de su intensa labor de investigador entre montones de documentos dispersos que él leía con fruición, organizaba e interpretaba de acuerdo a su particular manera de ver el objeto de estudio de la historia
La lectura de cientos de libros y documentos, las horas destinadas a la reflexión, las prácticas de todo tipo y las discusiones con sus pares hicieron de ese personaje un historiador erudito.
La figura del erudito o del sabio, en la antigüedad, estaba asociada a un hombre de avanzada edad que era fuente de consulta para los gobernantes y la sociedad en general. En el presente, esa figura social es una especie en extinción y su lugar lo ocupan los especialistas en diversas disciplinas.
En conclusión, tantas maneras de recrear el pasado del hombre son, a mi juicio, la causa esencial sobre las confusiones existentes en quienes consideran la historia hija del invento y la imaginación de los historiadores.
Comparto la frase de Marc Bloch de que la historia es muy vieja como relato, pero muy joven como ciencia. En el presente existe y se consolida una nueva forma de investigación, análisis, interpretación y exposición de la historia que sepultará para siempre las visiones mediocres e interesadas de indagar el pasado y el presente de la humanidad.
Esa nueva forma, esencialmente científica, consiste en juntar una gran cantidad de datos concretos e informaciones en torno al tema o los temas objetos de investigación, verificar su autenticidad, depurarlos, volver a buscar más datos, observar otras visiones y una vez cumplidos todos esos pasos, y con la ayuda de las ciencias auxiliares de la historia, pasamos al análisis de las partes, buscando las respuestas de las hipótesis planteadas, a la comparación, a la interpretación y la síntesis histórica.
De esa manera, la historia, en tanto reconstrucción del pasado, dejará de ser una disciplina anecdótica y aburrida y se convertirá en una actividad científica, muy viva y admirada por aquellos que desean tener una comprensión global y crítica acerca de las diversas actividades y creaciones de los hombres de otro tiempo, siempre en el marco de sociedades muy variadas y cambiantes, pero comparables entre sí.
Esa es, a mi juicio, la forma más elevada de escribir la historia.
8 de agosto de 2015.-