El año pasado el Director del departamento de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), tuvo la gentileza de invitarnos a la Dra. Carminia Caminero Sosa y a un servidor a un almuerzo en el club de los profesores de la UASD, ubicado en el tradicional malecón de la capital.
Cuando se trata de cualquier actividad de la UASD, Carminia se llena de júbilo porque en estos ambientes le llegan buenos recuerdos, siempre tiene la esperanza de encontrarse con sus viejos compañeros para hablar de las conquistas de sus éxitos profesionales y ella siempre muy orgullosa le gusta exhibir su anillo de graduación.
Hace muchos años ella me contò su vida de estudiante, y la verdad que es un verdadero ejemplo para la juventud donde ella se ha ganado el mérito de que su historia merezca ser contada, y si algún día es posible ser llevada a la pantalla chica.
Yo, por mi parte, comencé a estudiar derecho en la UASD, pero este ambiente anómalo no se corresponde en nada con su forma de ser por lo que decidí transferirme a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), más que con la idea de estudiar estar cerquita de los ricos.
Esta idea no me funcionó porque los ricos no son muy dadivoso, no andan regalando lo suyo tan fácilmente y aplican despiadadamente una de las reglas fundamentales del sistema capitalista: No permitir que los pobres se superen.
Uno de esos amigos míos ricos es el Lic. Pelegrin Castillo hijo de eminente jurista y político Dr. Vincho Castillo, con cuatro (4) periodos consecutivos como Diputado, después Ministro de Energías y Minas y ahora posiblemente candidato presidencial del ¨Polo Patriótico¨, que es una entidad que agrupa diferentes Movimientos, Partidos e Instituciones de la Sociedad Civil que abogan principalmente por la defensa de la soberanía nacional.
Otro de esos amigos míos fue el ex fiscal y ex juez Danilo Caraballo, quien me prometió que cuando yo terminara mis estudios me ayudaría a conseguir un trabajito que veinte cinco (25) años después todavía estoy esperando, pero a su hijo si tuvo la voluntad para ayudarlo hacer diplomático con un jugoso cargo en la Embajada Dominicana en Washington.
Puedo citar muchos amigos ricos que tuve: La Magistrada Olga Herrera hoy Jueza nada más y nada menos que del Tribunal de la Haya, el reverendo Padre Santana Marcano, General de Brigada, asesor de los Presidentes y Juez-Presidente de los tribunales eclesiásticos de la Iglesia Católica, y otros más que por razones de espacio no vamos a mencionar.
No obstante no tener la ayuda de ellos aquí estoy vivito y coleando, en permanente estado de superación personal y profesional por lo que pido disculpa a mis amigos lectores por haberme desviado del tema original que no es otro que contarles lo que me sucedió con el eminente intelectual dominicano Matos Moquete en este referido almuerzo.
Con gran entusiasmo mi acompañante y yo llegamos al encuentro pautado, donde fuimos recibido por los ya conocidos saludos protocolares, algunas que otras sonrisas hipócritas e inmediatamente nos invitaron a sentarnos para iniciar la tertulia y degustar el almuerzo.
Tengo por costumbre en este tipo de actividades activar mi olfato político, que siempre me ha dado muy buenos resultados, porque percibo cosas diferentes a los demás y, efectivamente, pude percibir que un señor de edad muy avanzada estaba muy discretamente indagando sobre mi persona.
Como no conocía este señor me inquiete un poco y en unos momentos agradables de la tertulia me dirigí cordialmente hacia el con la finalidad se saber cuál era el móvil de su inquietud hacia mi persona.
Este señor, también con mucha cortesía, me ofreció rápidamente una sonrisa amable y con una mirada de gente sufrida, pero feliz, se animó en medio de la concurrencia a decirme: “Lo que sucede es que yo estoy indagando si usted es banquero o intelectual, porque su imagen es de un banquero y esta es una reunión de intelectuales”.
La respuesta de este señor me impresiono profundamente, porque justamente en el pasado yo fui prestamista, dueño de bancas deportivas y siempre he tenido la aspiración secreta de algún día convertirme en un banquero.
Comencé a acariciar esta idea desde que era apenas un niño cuando mi madre no salía de los bancos haciendo todo tipo de transacciones comerciales, depositando muchas sumas de dinero, financiando viviendas y otro tipo de actividades propias de este ambiente.
Siempre que ella visitaba los bancos me pedía que la acompañara y yo veía que cuando ella llegaba la trataban como a una reina, rápidamente le buscaban agua y café, le prodigaban admiración, respecto y muchos mimos y, lo que siempre me llamaba a la atención, que en ese ambiente siempre veía muchas papeletas.
Han pasado los años y todavía no he podido concretizar mis aspiraciones, pero estoy feliz de la vida porque aunque no tengo un chele por lo menos alguien se atrevió a descifrar el velo de misterio que siempre ha rodeado mi existencia.
Precisamente, volví a reencontrarme con este señor en el Teatro Nacional cuando acudí en compañía de la misma Carminia a presenciar el otorgamiento de los premios anuales que hace la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores, donde premiaron esa noche a mi gran amigo el escritor y diplomático Pedro Peix quien es un verdadero artesano de la escritura.
Al ver de nuevo a este enigmático señor me le acerque entusiasmado y después de saludarlo le pregunte animadamente si se recordaba de mi persona, y el mirándome fijamente a los ojos me respondió: “Como no me voy a recordar. Usted es el banquero con ínfulas de intelectual”.
Con esta respuesta me quede otra vez profundamente impresionado por lo que decidí dedicarme a investigar quién era este señor y a qué se dedica y me encontré con la sorpresa de que es un intelectual acabado y en uno de sus escritos el atribuye a los banqueros todos los males que padece la humanidad.
Según el, el colapso de este sistema que ha empobrecido millones y millones de personas es por culpa de los banqueros.
Y no solamente el sostiene esta opinión, sino que en su reciente viaje a España el gran humanista e intelectual nicaragüense Ernesto Cardenal sostuvo que por culpa de los banqueros millones de personas viven en la pobreza extrema.
(Aquí es preciso indicar que recientemente el Dr. Diego José García, presidente del Colegio de Abogados de la Republica Dominicana, planteó la urgente necesidad de blindar el sistema bancario dominicano, para proteger a las personas de las maniobras fraudulentas que emplean los banqueros).
Tanto en Europa como en los Estados Unidos, ahora con la reciente crisis económica donde se han desplomado instituciones bancarias y la bolsa de valores de esos países, la gente y los ahorristas se han tirado a la calle demandando que la justicia mande a las cárceles a los banqueros.
En nuestro país, el caso más reciente es el del Banco Peravia donde sus ejecutivos, esposa e hijos, fueron mandados a la cárcel por sus serias implicaciones fraudulentas en la quiebra, supuesta o no, de esta institución bancaria.
Y después de todas estas cosas horribles, no me ha quedado otro camino que preguntarle: ¿Dios mío, yo no sabía que era tan malo?
Porque desde niño siempre aspire a ser banquero para ayudar a las personas a conseguir préstamos con una tasa de interés bajita, financiamientos de carros y viviendas a bajo costo, y la opinión pública es testigo que siempre he criticado los desmanes de los banqueros y en una ocasión me dedique a recopilar información para fundar un banco con la intención de promover financiamientos de viviendas a bajo costo.
Recuerdo haber sostenido que las asociaciones populares de ahorros y préstamos habían perdido su esencia original para las cuales han sido creadas, con la novedad de que muchas de ellas hoy en día se han convertido en bancos comerciales.
Asimismo, pensé proponerle al Dr. Radhamés Jiménez mi idea de reunir algunos inversionistas para crear mi pequeño banco, pero se me ocurrió la idea de comenzar con una pequeña financiera porque mis ideas sobre la economía y las finanzas no son de fácil comprensión en este país.
Ha pasado el tiempo, y las cosas no me han salido como yo esperaba, pero espero que algún día antes de morirme que es de constancia de mis buenas intenciones de aspirar a ser un banquero altruista.