En la historia electoral dominicana se han realizados dos tipos de elecciones o votaciones.
Unas han sido directas y otras indirectas. Ambas formas de votación han sido tan frecuentes que resultaría complejo hacer una cronología de ellas.
Diríamos que hemos aplicado dos sistemas o modelos electorales diferentes, de acuerdo a las circunstancias prevalecientes en cada momento electoral.
Desde 1849 hasta el presente, los dominicanos han participado en 44 elecciones o votaciones para elegir presidentes (y vicepresidentes cuando el cargo ha existido) y en siete elecciones municipales y/o congresuales para elegir senadores, diputados y alcaldes.
Muy pocas han sido las elecciones verdaderamente libres celebradas en República Dominicana. La mayoría de las elecciones han sido más bien simples votaciones para darle apariencia legítima a tantos gobiernos surgidos de fraudes, golpes de Estado, rebeliones armadas o impuestos por invasiones militares extranjeras.
No siempre la forma de votación ha sido la misma. En la llamada Constitución de San Cristóbal de 1844 se establecía el voto censal, porque primero se hacía un censo entre la población para determinar quiénes eran propietarios de bienes, profesionales, comerciantes o funcionarios públicos que eran las personas “calificadas” para ejercer el sufragio.
También se siguió un sistema de elección presidencial parecido al de los Estados Unidos de América.
El procedimiento seguido era el siguiente, de acuerdo al artículo 96 de la primera Constitución dominicana: los votantes se reunían en Asambleas Primarias por cada provincia o común para elegir a dos electores, cuyos nombres se remitían en sobres cerrados y sellados al presidente del Congreso.
Ambos electores formaban un Colegio Electoral. Cuando el presidente del Congreso reunía a todos los Colegios Electorales, abría los sobres en sesión pública y verificaba los votos. Si alguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta de sufragios, era proclamado presidente de la República.
Ese es el sistema de votación llamado indirecto, por carambolas. Ese sistema o modelo electoral se usó en el pasado en numerosas ocasiones porque era más fácil de manipular por quienes pretendían perpetuarse en el poder.
El otro modelo de votación es el directo, llamado también universal, donde los votantes acuden a las mesas electorales y votan de manera directa y secreta por los candidatos presidenciales de su preferencia.
Por supuesto, esas son simples votaciones, casi siempre motivadas por el clientelismo o la compra de la fidelidad política ajena, o por prebendas que los políticos vulgares reparten ocasionalmente para atraerse el voto de la gente pobre y muy pobre que ve en cada torneo electoral una zafra que debe aprovechar, aunque se incremente la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.