Desde que nos conocimos aquella inolvidable mañana en el Juzgado de Paz del Ensanche Ozama, donde como abogados íbamos a defender nuestros respectivos casos, con la licenciada Teresa Ventura siempre me ocurren episodios interesantes que me obligan a reflexionar profundamente y tratar de buscar explicaciones cuando no lógicas por lo menos racionales.
Esta vez me ocurrió un hecho singular el marte 28 de abril a las 10:00 de la noche en la Av. Winston Churchill, donde estábamos estacionados esperando el cambio del semáforo para seguir volando a cumplir con asuntos profesionales.
Mientras esperábamos el cambio de la luz roja, un niño de apenas diez años se nos acercó para limpiar los vidrios de su vehículo a cambio del pago de cinco miserables pesos que, lejos de servirle para mitigar su pobreza, lo que hace es lesionar su dignidad humana manteniéndolo sumido en la esclavitud de la ignorancia.
Como es costumbre en mí, por principios y conciencia política, me opuse a la acción de ese menor, pero Teresa Ventura, de carácter ya conocido avasallador, tomó una monedita de cinco pesos y me ordenó secamente que se la pasara justificando su actitud como algo natural.
Dado mi temperamento un poco controversial me negué a pasarle esa limosna, provocando que la recia abogada se molestara y me arrancara la monedita duramente de las manos, donde posteriormente abrió las puertas de su vehículo y con una ternura maternal le entregó en sus manos al niño la ansiada recompensa.
Con mucho respeto le comenté que los limpia-vidrios todavía existen gracias a la demagogia del Procurador General de la República, licendiado Francisco Domínguez Brito, quien hace más de diez años en su primera gestión en ese importante cargo anunció públicamente, que tanto en su ciudad natal, Santiago de los Caballeros, como en la capital de la República iba a solucionar el problema de estos menores de la calle y de los haitianos que piden en los sitios públicos, con la salvedad de que iban a ser tratados como seres humanos y, al mismo tiempo, reubicados en centros de aprendizaje de artes, manualidades y oficios técnicos.
Después de su publicitado anuncio éste procurador ha sido Senador, Ministro de Trabajo, y ha vuelto otra vez a la Procuraduría y aquel anuncio no fue más que una pura demagogia politiquera que todos han olvidado, y muy pocos le han reclamado, aunque en esta ocasión responsablemente le estamos recordando que trate de cumplir con sus viejas promesas y no pierda el tiempo en enfrentamientos inútiles con el Poder Judicial.
En el transcurso de este viaje Ventura me preguntó qué es la demagogia y yo me esforcé en definirle este concepto aunque consideramos que el Procurador Domínguez Brito es el más indicado para responderle su inquietud, puesto que a cada rato matan limpia-vidrios, la policía apresa a los que piden en los sitios públicos, el Procurador lo que se dedica es a la farándula debatiendo en el Listín Diario el contenido de la música urbana con los merengueros de la calle, mientras no cumple con su olvidada promesa y lo único que hace es ponerse viejo en los cargos públicos pensando cuándo va a cuajar su proyecto presidencial a pesar de que la Constitución le prohíbe a los Ministerios Públicos involucrarse en actividades políticas con lo que se demuestra que no sólo es un consumado demagogo sino que, además, ahora se quiere erigir en ley, batuta y Constitución.