En su ensamblaje de las bases fundamentales de su empresa, Colón parece no haber descuidado nada, rechazado o finiquitado, pues sus esperanzas de avance socioeconómico apostaban al conocimiento, sí, al de la existencia de tierras, oro y sumisos e inocentes indios al oeste de las islas Canarias, que alega le dio auxiliando a marino que había arribado al territorio que él luego nombró la isla Española, en donde algunos de sus críticos lo colocan en compañía de supuesto socio asesinado -o de víctima de huracán socorrido- quien habló de -o estuvo en- el Caribe, de su belleza y sus riquezas.

Si en vez de ignorar lo que parece incierto se hiciera el esfuerzo de tomar como cierta la información a fin de generar explicaciones factibles, sin rechazo de lo anotado por Colón en su bitácora de viajes, tendríamos respuestas a algunas de las anotaciones que han sido desechadas.

Como la acaecida mientras navegaba las costas y visitaba algunas tierras de Cuba, cuando sobre lo visto por él y sus marineros anota el Almirante:

“Aquí hallaron que las mujeres casadas traían bragas de algodón, las mozas no, sino salvo algunas que eran ya de edad de dieciocho años. Y ahí había perros mastines y branchetes, y ahí hallaron uno que había al nariz un pedazo de oro que sería como la mitad de un castellano, en el cual vieron letras. Reñí yo con ellos porque no se lo rescataron y dieron cuanto pedía, por ver qué era y cúya esta moneda era; y ellos me respondieron que nunca se lo osó rescatar”.

Descartar como carente de significación una porción escrita por un testigo no puede colocar al auditorio en posición dubitativa sino explicativa, porque el auditorio no puede ignorar ni modificar las premisas ni los hallazgos del investigador, por cuanto tal práctica, común entre porfiados y excepcionales científicos, niega a la posteridad la oportunidad de esclarecer la verdad entera.

Sigue Colón con una caterva de expresiones que demuestran su ignorancia respecto de su principal arte, la navegación, y su incapacidad comunicativa, que puede sentirse con dolor: “Después de tomada la agua volví a la nao, y di la vela y salí al Noroeste, tanto que yo descubrí toda aquella parte de la isla hasta la costa que se corre Este Oeste, y después todos estos indios tornaron a decir que esta isla era más pequeña que no la isla Samoet y que sería bien volver atrás por ser en ella más presto... Creo que es penoso que a persona cualquiera sin aquilatación se le entregue crédito incuestionable.

Parece que el triunfo no es de los sabios sino de los vivos. 

Continuará