Nueva York, 22 de enero del 2015.- Ayer, hace 21 horas, publiqué: «Canciones Para un Amor Secreto». Luego vi por cable dos películas de estreno, y a las 11:00 PM, habiendo tomado dos ansiolíticos fuertes, clonazepam 1 MG, me dormí. Pero, a las 2:00 AM abrí los ojos y decidí encender la computadora para leer, por primera vez de forma corrida, lo publicado unas 8 horas antes.
Estuve en mi cuenta de Facebook, antes de volver a la cama, justo 2 horas, hasta las 4:00 AM. Los 20 vídeos, con 20 canciones, que había colocado al pie de mi trabajo publicado, ocupando mucho espacio visual, los eliminé y los hice parte del texto de Portada.
Mi curiosidad por leer corridamente «Canciones Para un Amor Secreto», tan temprano y en la quietud de la profunda madrugada, era porque nunca pensé en un verdadero artículo, en una columna de Primera Plana, con la formalidad del periodista egresado de una universidad.
Simplemente, ayer tarde yo estaba más enfermo de lo cotidiano, con frío en los huesos, decaído, y abrumadoramente aburrido. Y se me ocurrió redactar una nota, no un formal artículo. Llegó a mi mente la imagen de cuando uno hace una lista de productos y alimentos para ir de compra al supermercado.
Primero. Pensé en una pequeña cantidad de mujeres que han hecho pasarela en mi muro; luego, como lotería, elegí a una de ellas para, imaginariamente, convertirla en mi Julieta.
Segundo. Y yo, no como Romeo, porque no doy para ese rango literario, sino como un programador o colocador de discos en una radioemisora de FM, ofrecerle a mi amada una serenata con una selección de 20 canciones.
Es decir, la odisea comenzó como una lista de compras en un almacén, como una simple nota, como una diversión imaginaria, en fin, como un juego a la vista de mis lectores.
Sin embargo, cuando terminé de leer, de una tirada, en la solemne paz del horario en que la mayoría de la raza humana duerme y ronca, lo que nació como picardía, como un chiste, como un grupo de canciones que tal vez no llegarían a la categoría de una nota.
Me hizo comprender que había acontecido lo que siempre ocurre cuando no asumo con seriedad la escritura: Que el cazador resulta cazado por las aves o por las bestias del bosque.
O, dicho en otras palabras. Lo que yo redacté como un relajo, como una nota, como una tomadura de pelo a mis socios del Internet. En el instante que leí el material, teniendo como testigo la madrugada fría de Nueva York.
No necesité la ayuda de ningún excelente crítico para darme cuenta que mi trabajo, desde su entrada, que es la tétrica imagen del suicida protagonista del filme «America Beauty», con su prolijo y académico prólogo, y su fascinante cierre, no sólo es un brillante artículo de Portada, sino también un reto intelectual, en varias facetas, casi imposible de refutarme.
Cada uno de mis párrafos, como soy una mente con dones, investigativa, curiosa, vigilante, valiente, sin precio en el mercado, son atalayas solitarias que pueden defenderse, por separado, de legiones romanas y de gavilleros dominicanos.
Curiosamente, éste escrito es también una nota. Pero todos mis hobbies o travesuras, siempre tienen destellos de estrellas, aunque sean fugaces, que alumbran y queman a quienes osen colocarse en sus rutas.
He comprobado una vez más, que escribiendo de chiste, sin someterme a un libreto, como «Canciones Para un Amor Secreto», mi escritura se vuelve sabia, densa, profunda, rica en conceptos. Y ése mismo fenómeno, como un gran relámpago en la pradera, muestra en toda su plenitud cuán mediocres son mis lectores DOMINICANOS, quienes se ven obligados a cocerse los labios o a esconderse en sus madrigueras.
Repetiré el último párrafo de una manera singular: Estoy consciente de que el día que amanezco aburrido, sin un tema que contar, y me pongo a jugar con la gramática, sin que no sea mi intención produzco, como las obras de ficción, un texto subconsciente y de mayor calidad académica.
Pero, siendo el pueblo dominicano un ente sumamente atrasado, sin buena capacidad de debate, ni gran perspicacia, en todas sus clases sociales y niveles escolares, nunca notan cuando yo ESCRIBO JUGANDO, que es cuando soy más profundo y peligroso políticamente, y la sección de comentarios se vuelve un desierto, o un refrigerador solo lleno de agua como alimento.
Y como yo conozco ése fenómeno sociológico. Sé que soy exageradamente cruel con mis ex compatriotas, cada vez que escribo como jugador de béisbol, baloncesto o fútbol.
FOTO DE MI PROPIEDAD: Mi primer año de catedrático en la PUCMM, 1974. Desde la izquierda, Prof. Frank Peña, y Dr. Carlos Dobal, Director del Departamento de Historia y Geografía.
Dobal es un cubano desconocedor de la Historia Dominicana, pero como espía de la iglesia católica dominicana consiguió muchas cosas: Miembro de la Academia Dominicana de la Historia.
Casarse con la analfabeta profesora Liliana Fernández, hermana del Gobernador del Banco Central, para ser nombrado, por Jorge Blanco, Embajador «DOMINICANO» en el Vaticano. Vicerrector especial para el Rector monseñor Agripino Núñez Collado y ser espía de profesores y estudiantes. Etcétera.