(A los políticos manipuladores, que dicen que la presión tributaria en nuestro país es de un 13%)
 
Se sabe que quienes devengamos una salario fijo mensual debemos pagar el Impuesto Sobre la Renta que sube en la medida que sube el salario bruto.

Si poseemos un vehículo nuevo o usado debemos comprar un Seguro, pagar la placa y la Revista cada año.

Si vamos a la Farmacia, a la Tienda o al Supermercado veremos en la factura de pago dos columnas, una con los precios de los productos adquiridos y otra con los impuestos a pagar por concepto del ITBIS, que es de un 18%, uno de los más elevados del mundo.

Si echas un galón de gasolina Premium o Regular pagarás un 40% por distintos impuestos.

Si usas los servicios de telecomunicación (Internet, teléfonos, tele cable) debes pagar tres gravámenes diferentes (un 16% de ITBIS, un Impuesto Selectivo

al Consumo y otro dizque para el desarrollo de las telecomunicaciones, llamado CDT).

Si vas con tu familia a un Restaurant un domingo al medio día, prepárate que te van a dar por la madre con el ITBIS y el 10% de las propinas, más 100 ó 200 pesos en efectivo para el mozo, la moza y el "parqueador" del vehículo.

Si te bebes un pote un fin de semana para botar el golpe, los impuestos a las bebidas te marean antes del primer trago.

Si decides irte de viaje al exterior (¡ay, piénsalo dos veces!) te jodiste con los peajes, el parqueo y los impuestos por “derecho” a la salida.

Debido a las crónicas deficiencias en los servicios públicos, que la Constitución dice que son gratuitos, los padres nos vemos en la obligación de inscribir a nuestros hijos en colegios privados, donde a partir de agosto de cada año nos dan por donde duele, por el cocote.

Nuestras enfermedades y dolencias debemos atenderlas en clínicas privadas, donde no aceptan ciertas ARSs y cobran grandes “diferencias” por sus servicios.

La tanda de apagones nos empuja a comprar baterías e inversores cada cierto tiempo.

La falta de agua potable nos obliga a comprar botellones de agua en los colmados. Cuando hay sequía, el agua que nos sirve la CAASD nunca llega, excepto la tarifa. Los edificios residenciales deben comprar el agua a los camiones cisternas, o construir un pozo con bomba sumergible, y para colmo, la CAASD nos dice que el agua subterránea también es suya y nos obliga a pagar otra tarifa.

El caos en el transporte público nos obliga a usar nuestros vehículos para poder llegar a tiempo al trabajo y con cierto respeto al medio ambiente.

¡Sólo falta que nos obliguen a pagar un impuesto para poder abrir la tapa del inodoro!

No existe pues, ninguna actividad o servicio que esté exento del pago de impuestos y otras cargas que convierten a República Dominicana en la más cara del mundo.

De manera que no se corresponde con la realidad las afirmaciones de ciertos políticos vulgares, expertos financieros y economistas que hablan de que la presión tributaria del país es de un 13%, cuando la realidad es que las cargas impositivas se tragan más del 60 por ciento de nuestros ingresos mensuales.

La presión tributaria es el total de las recaudaciones fiscales del gobierno en un año, con relación al Producto Interno Bruto. Los expertos extranjeros que nos visitan y los voceros del oficialismo la sitúan en un 13%, pero ese porcentaje se dispara mucho más cuando analizamos, en detalles, otras cargas informales que se originan en las grandes deficiencias de los servicios públicos y las graves distorsiones de la economía dominicana.

Yo, que llevo a cuestas una familia de cinco miembros, doy testimonio de que mi presión tributaria sobrepasa el 60% de mi Producto Interno Bruto.