Los intensos acontecimientos políticos y militares que ocurrieron en América latina en la década de 1960 eran estimulados por la confrontación ideológica, política, militar y tecnológica que desde el inicio de la Guerra Fría venían desarrollando en el mundo la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los Estados Unidos de América.

La Unión Soviética, seguida por la República Popular China, apoyaban los gobiernos socialistas y los movimientos de liberación nacional de los países de Asia, África y América latina, mientras los Estados Unidos se inclinaban a favor de las dictaduras militares y los gobiernos conservadores de los países del Tercer Mundo. Era un enfrentamiento entre los "países comunistas", encabezados separadamente por la URSS y la China de Mao Tse Tung, contra las potencias capitalistas occidentales, capitaneadas por EE.UU.

La confrontación entre ambas potencias se había agudizado desde 1957, cuando los soviéticos lanzaron al espacio el primer satélite artificial llamado Sputnik I.

El desarrollo de esa misión científica tenía sus implicaciones bélicas. Si la URSS poseía tecnología de punta para enviar satélites al espacio, controlados desde la tierra, era evidente que podrían enviar también artefactos similares a cualquier lugar del planeta.

Se sabe que la URSS poseía también armas atómicas desde 1949. De manera que podrían enviar bombas teledirigidas con precisión, sin necesidad de ser transportadas en bombarderos. Las bombas teledirigidas inauguraron en el mundo una carrera armamentista íntimamente asociada con la carrera espacial.

En 1961 los rusos lanzaron al espacio su primer cosmonauta, mientras el Presidente Kennedy de los Estados Unidos, alarmado por el avance soviético, triplicaba el presupuesto de defensa para recuperar la primacía militar en el mundo que los norteamericanos habían perdido después de concluida la Segunda Guerra mundial.

En abril de 1961, cientos de exiliados cubanos, entrenados y apoyados por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, desembarcaron por Playa Girón con el propósito de derrocar al gobierno de Fidel Castro que dos años antes había derribado al dictador Fulgencio Batista en Cuba.

El nuevo régimen castrista, de tendencia comunista, había confiscado y nacionalizado las grandes propiedades de los inversionistas norteamericanos en la isla, dando origen a una aguda confrontación con el gobierno de los Estados Unidos que usó toda su influencia y poder para aislar y condenar a Cuba a tener que vivir de la ayuda soviética durante muchos años.

El plan de los invasores de Bahía de Cochinos era establecer un gobierno provisional que de seguro sería reconocido por la Organización de los Estados Americanos. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas aplastaron la invasión rápidamente, pero los planes de la CIA continuaron con la clara intención de asesinar a Fidel Castro.

En medio del rompimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países, en agosto de 1962 un avión de reconocimiento estadounidense descubrió en la costa Norte de Cuba rampas de lanzamiento de misiles de medio y largo alcance, que permitían alcanzar todos los puntos del territorio norteamericano, desde Washington a Los Ángeles.

El descubrimiento provocó la llamada crisis de los misiles, que colocó al mundo al borde de una guerra nuclear. El gobierno norteamericano consideró amenazada su seguridad nacional y llegó a estudiar la posibilidad de bombardear las rampas o bloquear la isla de Cuba para evitar la llegada de suministros soviéticos. La tensa situación creada por la crisis de los misiles llegó al seno de las Naciones Unidas (ONU), donde los soviéticos decidieron dar marcha atrás y sus barcos retiraron los misiles dos meses después.

En los Estados Unidos, los conflictos étnicos y políticos se combinaban con las tensiones internacionales. El 28 de agosto de 1963, el pastor protestante Martin Luther King, líder del movimiento de integración racial, pronunció en Washington su famoso discurso Yo tengo un sueño, en la culminación de la gran marcha de los negros y otros grupos étnicos por sus derechos civiles y contra la segregación racial, mientras el 22 de noviembre, en Dallas, Texas, caía asesinado el Presidente Kennedy, llegando a su fin un período de grandes expectativas y promesa de cambio para los estadounidenses.

Su sucesor, Lyndon Johnson, de inmediato se involucró en la escalada de la guerra de Vietnam, enviando armas y tropas para detener el avance de los comunistas del Norte sobre Vietnam del Sur.

La guerra de Vietnam se inició en 1946 contra los intentos de Francia por prolongar su dominio en el sureste asiático. Las fuerzas vietnamitas, dirigidas por el líder comunista Ho Chi Minh, derrotaron a los invasores franceses y Vietnam proclamó su independencia en 1954, pero quedó dividido en dos estados, Vietnam del Norte, dirigido por los comunistas, y Vietnam del Sur, bajo un régimen autoritario, sostenido por los Estados Unidos que, alarmados por el avance comunista en Asia (China y Corea del Norte), decidió participar en la guerra a favor de los sud vietnamitas.

En ese mismo año de 1964, Leonid Brezhnev sustituyó del cargo de Primer Ministro de la URSS al sucesor de Stalin, Nikita Kruschez, quien había iniciado una política de distención internacional y de coexistencia pacífica con el bloque occidental.

El gobierno de Kruschez venía  enfrentado numerosas tensiones internas y externas, hasta que perdió la confianza de los jerarcas del poderoso Politburó del Partido Comunista que lo acusaron de cometer los mismos errores que él le atribuía a Stalin: culto a la personalidad y errores en la conducción de la política exterior soviética con sus aliados internacionales.

El nuevo gobierno de línea dura, dirigido desde 1964 por Brezhnev en su calidad de Secretario General del Partido Comunista, inauguró la "doctrina de la soberanía limitada" con relación a los países comunistas de Europa central y oriental, mientras trataba de restaurar la unidad con China Popular y Albania, rota en tiempos de Kruschev.

En la década de 1960 se intensificó también el proceso de descolonización de África, que se vio estimulado por los movimientos independentistas asiáticos. En 1963 se creó la Organización de la Unidad Africana, para reforzar la unidad, la colaboración y la independencia entre sus países, ya  liberados del viejo colonialismo europeo.

Mientras en América latina ocurría una seguidilla de golpes de Estado contra gobiernos democráticos. La nueva oleada de golpes militares ocurría bajo la "Doctrina de la Seguridad Nacional" de los Estados Unidos.

En el contexto de la Guerra Fría, era muy importante para los norteamericanos presionar a los gobiernos latinoamericanos a adherirse al bloque occidental. Víctimas de esa nueva forma de dependencia política fueron los gobiernos progresistas de Juan Bosch, en República Dominicana, derrocado el 25 de septiembre de 1963; el de  Ramón Villeda Morales, en Honduras, derrocado en octubre; el de Carlos Julio Arosemena Monroy, en Ecuador, derrocado en noviembre y el gobierno del Presidente Joao Goulart, en Brasil, derribado al año siguiente.

Los acontecimientos internacionales continuaron complicando la vida de los países que se identificaban con uno de los dos grandes bloques hegemónicos en que estaba dividido el mundo en aquellos convulsos años, la época de mayor apogeo de las tensiones provocadas por la Guerra Fría en la región de América latina y el Caribe.