Un motivante correo de un sincero que a una iniciativa ajena le puso música, carácter de “presentación” y dio rienda suelta a sus recuerdos infantiles. Dirigido a los nacidos en España antes de 1975, no entiende cómo “sobrevivimos” ante los riegos de ese tiempo feliz.

Lo adapto a la niñez criolla, de antes de la fecha de referencia y a mi intensa infancia, repleta de vivencias y aventuras, compartidas con tantos “hermanos” de esos tiempos idos, denso tejido de recuerdos sanos.

Fuimos la generación de la “espera”: Se esperaba que los niños abrieran los ojos varios días después del nacimiento; después de comer había que esperar dos horas antes de “jondiarse” al agua en el baño de mar, de río o en “la cañá”.

Esperábamos la señal para “meter la cuchara” porque se decía: “los muchachos hablan cuando las gallinas mean”. En los carros: sin cinturón, lo mismo unos “atrá” y otros “alante” y “to el que cabiera” dentro de la “petaca”.

Lo mismo en la “cama” de una camioneta, camión o “motoneta”. En bicicleta sin que fuera necesario casco ni luces, algunos en barra o haciendo piruetas “encaramao” en la parrilla.

Los frascos de medicina no tenían tapas de seguridad y los purgantes eran recursos de “limpieza” interna. El Padrax en polvo y otros vermífugos nos hicieron conocer “habitantes” no deseados en las panzas propias, detectados al crujir dientes en el sueño, lo de la panza “inflá” o un rascarse indecente en el “pa’trá”.

Los juegos bruscos de varones y los “quiebra-columnas” eran una prueba de hombría y honor de “macho”. El juego de musa tataramusa obligaba a soportar el “dar un pelliquito y mandarse a juir”.

El juego del burro que “en cuatro” había que soportar a los que se subían encima y tratar de identificarlos, so pena de que la equivocación mandaba a ese a subirse también. El “econdío”, bité-bité (con un palo “jondiao” lejos, mientras “no encondíano”); el pégate o mangulina; el “trúcamelo” con sus diversas acepciones o la internacional rayuela; el juego de pelota y sus variantes (con la mano, de la pared, o con guantes de lona y bates de palo de guayaba, artesanales pero prácticos); el juego de “yá” y su foni uno, foni do, recogida…; una candelita…a la otra “equinita”; matarile; el juego de trompo con su léxico y reglas particulares; las chichiguas y sus versiones… que con particulares materiales y especial técnica, acentuaban manualidades creativas. Juegos al margen de la tecnología donde se ejercitaban cuerpo y mente sin perder tiempo en un insulso “chat”, hablando “pepla”.

La “garata con puños”, violento desorden ordenado, en el que combatíamos por capturar un “chele”, aunque el premio real era el orgullo, donde algunos perdimos un diente o nos “partimos” un brazo, lo que forzaba a llevar un yeso blanco, “de a verdá” que permitía firmas y figuras, exhibido como trofeo de “bellaco” y “desinquieto”, que bien utilizado era poderosa arma defensiva.