Durante un tiempo, muchos soñaron con aquello de “hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja”. Pero los sueños, sueños son. Tal vez sirva un tuit fugaz.

Empero, la historia del golpe no cabe ahí. Ignominia, traición, cobardía, definirían el episodio pero urge el contexto. ¿Acaso es importante saberlo? Mejor no especular, e insistir con la repetición de lo ya escrito.

Juan Bosch se convirtió, gracias a un extraordinario respaldo electoral, en el primer Presidente electo, de manera democrática, después de la tiranía. El prestigioso intelectual, reconocido cuentista, amante de las libertades públicas, tuvo como escudo los principios. Su propuesta era absolutamente innovadora y considerada peligrosa.

No fue casual el apelativo de comunista, la impugnación de la iglesia católica, de periodistas y de grupos empresariales que atizaban las “Manifestaciones de Reafirmación Cristiana”. El asedio no detuvo las actuaciones democráticas y reformadoras. El compendio está en la Constitución del 1963. Cuando todo estaba consumado, la proclama del destituido jefe de Estado fue contundente.

Vale mencionar un párrafo: Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre, a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social. En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Que siga la repetición. Hay tanto olvido.

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