Las angustias de esos siete meses del gobierno del profesor Bosch están muy bien narradas y sintetizadas en la magnífica obra de Miguel Guerrero “El Golpe de Estado”, donde sus angustiosas páginas atrapan al lector de leer sin pausas los pasos de un proceso, que desde antes de las elecciones del 20 de diciembre de 1962 se vaticinaba que acabaría en un golpe de Estado antes del año de gobierno, a sabiendas que ya el profesor Bosch se perfilaba, mucho antes de las elecciones, como el ganador, al granjearse un apoyo y simpatías insuperable; y por él se votó masivamente para evitar que ganaran las fuerzas conservadoras del doctor Viriato Fiallo, que en desdichadas declaraciones y expresiones, se cavó su propio fracaso.

A la popularidad del profesor Bosch le precedió la agresiva campaña de comunista que se le etiquetó, y de cómo las fuerzas conservadoras, al verse liberadas del tirano, creyeron que había llegado la oportunidad de posicionarse en el poder para disfrutar descaradamente de los recursos y propiedades del dictador ajusticiado y creando un nuevo núcleo empresarial que, a garras y dientes, comenzó a defender sus espurias fortunas hasta consolidarlas en el siglo XXI como muy honorables, mostrando un avance de modernismo que provoca admiración por la calidad de sus productos, equipos y servicios.

Septiembre de 1963 se constituyó en un mes de angustias para la población, que en medio de los rumores, protestas y manifestaciones cristianas mantenían al país enardecido y sin forma de trabajar con sosiego; al gobierno se le acorralaba de mala manera con poco margen de maniobra, que hasta se agrietaron las relaciones con Haití, cuando fuerzas para- militares del gobierno de los Duvalier invadió el recinto de la embajada dominicana en Puerto Príncipe para apresar a unos desafectos, y en seguida hubo la reacción dominicana de prepararse para atacar a la capital haitiana.

El profesor Bosch, acorralado por las protestas de los comerciantes, la inconformidad de los militares, una Iglesia insurrecta que creía se les quitarían sus privilegios, planes de extradición sumaria de empresarios españoles y libaneses, se vio obligado a establecer la estrategia de ataque a la capital haitiana con probables bombardeos al Palacio Nacional de Haití, y al mismo tiempo que ordenaba enviar los barcos de guerra hacia la bahía de Gonaives y hacia la frontera, se planeó enviar tropas y los batallones de blindados constituidos por los magníficos tanques franceses AMX, que poseía el Ejército en aquel entonces, utilizando las patanas particulares disponibles en el país.

Afortunadamente prevaleció el buen juicio y se acordó enviar por vía aérea a Dajabón una comisión cívico militar para cerciorarse de la realidad de los hechos, y después de recibirse los informes de los disparos en Juana Méndez y que algunos habían venido a parar al área de Dajabón, se percataron de la realidad y de allá la comisión regresó a la capital dominicana con el supuesto líder de la revuelta, destacando que se trataba de una asonada de facciones en Haití. Lo que en la mañana se había iniciado con preparativos de guerra en el Palacio Nacional, y el profesor Bosch convertido en estratega militar, en la tarde se había diluido y la tranquilidad por ese lado retornó al país y en los cuarteles continuaron en sus empeños en derrocar al gobierno constitucional, acelerando sus labores conspirativas que ya se hacían públicamente y los militares no ocultaban sus objetivos.

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