“No ser amado es una simple desventura.

La verdadera desgracia es no saber amar”.

Albert Camus

Un curso de Milagros dice que las relaciones son tareas que tenemos que realizar, que forman parte de un grandioso plan para regresar al paraíso.Las relaciones son una especie de laboratorios del Espíritu, en los que somos mejorados, purificados y transformados. Con frecuencia, las personas que más nos molestan, enojan o lastiman suelen ser las que mejor reflejan los límites de nuestra propia capacidad de amar.

Ellas también levantan nuestras defensas. Al protegernos dificultamos la realización del amor. Cada vez que levantamos unas murallas, evidenciamos lo heridos queestamos. En vez de contactar el amor, nos relacionamos con el miedo. Así, nos impedimos avanzar, profundizar y asentir. Todas las relaciones tienen sentido porque son oportunidades de expandir nuestro corazón, y de llegar a amar más amplia y confiadamente.

Cada persona con la que compartimos nos ayuda a ver dónde tenemos necesidad de sanar. La felicidad de una relación llega cuando ambas personas han ejercitado lo que tenían que aprender.El foco de nuestra atención siempre debe estar en nosotros mismos, que es donde está la posibilidad de sanar.

El ego intentará convencernos de que el fracaso de una relación tiene que ver con lo que “el otro” hizo mal, con lo que “el otro” no puede ver, o con lo que “el otro” necesita aprender. La verdad es que si creemos que el 95% de la situación proviene del comportamiento de los demás, el único espacio que podemos utilizar para sanar (y no tener que repetir la lección) es el 5% nuestro. Esa es la razón por la que el ego procura que pongamos el foco de atención en la otra persona.

Cambiar nuestras actitudes ya es lo bastante trabajoso como para intentar cambiar al otro. ¿No crees que es una trampa del ego? El ego funciona en la realidad material. Esta es la dimensión de la existencia en que encontramos escasez, separación y dolor como vías para crecer. Muchas veces, la gente llega a mi consulta diciéndome que su problema es que tiene la mala suerte de “atraer a la gente equivocada”.Las constelaciones familiares muestran con claridad que señalar a un “culpable” es una manera infantil de sentirnos inocentes.

Estas actitudes se explican en las lealtades invisibles. Un camino de densa oscuridad que nos mantiene unidos al clan de origen, al precio de separarnos de la plenitud de reconocernos en nuestra familia espiritual.¡El precio que pagamos por no asumir la responsabilidad de nuestro propio dolor es muy caro! Si la falta es del otro, no logramos darnos cuenta de que podemos cambiar nuestras experiencias cuando cambiamos nuestros pensamientos. El Espíritu siempre nos ofrece la posibilidad de transformar el dolor en fuerza. Si la otra persona participa en el proceso o no es irrelevante.

Un curso de milagros dice: “El que esté más cuerdo de los dos en ese momento (del conflicto) debe invitar al Espíritu para que tome el mando de la situación.” Esta es la forma más amorosa de manejarnos. Sanar es nuestra responsabilidad. Además, es un acto de amor no solo a nosotros mismos, sino también a otros, ya que los campos mórficos muestran que lo que ocurre con un organismo afecta a todos los de su especie. Cada vez que alguien cura una herida que lo separa del amor, abre un espacio de sanación para los demás que podrán también lograrlomás fácil y rápidamente.Básicamente, hay tres niveles de relaciones:

 

Nivel I:son las relaciones quesurgen de lo que parecen ser encuentros fortuitos, como puede ser dos extraños en un ascensor o dos viajeros que “por coincidencia” toman el mismo autobús, ascensor, fila, etc. En los encuentros casuales es donde encontramos más chances de pulir las zonas ásperas de nuestra personalidad. Sin embargo, cualquier característica personal que surja en nuestras interacciones casuales, aparecerán inevitablemente magnificadas en otras relaciones de más intensidad. Quien se muestra grosero con el mozo del restaurante, difícilmente será más agradable con la gente que ama.

Nivel II:Se trata de un tipo de relación más prolongada en la que dos personas se embarcan en una situación de enseñanza/aprendizaje relativamente intensa por algún tiempo, y luego parecen separarse. Las personas se reúnen para hacer un trabajo más profundo que el que hacían separados. El tiempo que estarán juntas, favorecerá que pasen por las experiencias que podrán mostrar las lecciones que les hace falta aprender. Llegado un punto, la proximidad física ya no sirve para enseñar o aprender nada. Entonces, las circunstancias les exigirán la separación física para que puedan seguir aprendiendo de otras maneras. Esto no sólo significa aprender en otra parte, o con otras personas; sino también aprender la lección de tener que renunciar a una relación.

Nivel III: Se da en relaciones que una vez formadas son para toda la vida. En este tipo de enseñanza/aprendizaje, la persona encuentra a alguien que le ofrece ilimitadas oportunidades de crecimiento. Sin embargo, esto no significa que necesariamente es una relación sin conflicto. Muchas veces, no logramos reconocerel propósito de estar juntos, y hasta podemos sentir hostilidad hacia la persona. Una persona con quien tenemos lecciones que aprender durante toda la vida es alguien que nos obliga a crecer, y puede ser con amor o con dolor. Generalmente, estas relaciones son escasas, ya que su existencia implica que los que la forman han alcanzado simultáneamente un nivel en el que el balance enseñanza/aprendizaje es armonioso. Están al servicio de la vida, y de lo que es Grande.

¿En qué nivel se encuentran tus relaciones significativas?