APUNTE.COM.DO.- Por Jhonny Trinidad
Hay un momento que nadie te cuenta cuando emigras. No es la despedida en el aeropuerto, ni el primer invierno, ni el primer trabajo lavando platos. Es el momento en que vuelves.
Vuelves a República Dominicana. Con maleta, con papeles, con ahorros, con hijos que hablan otro idioma, con el pecho inflado de orgullo. Aterrizas en Las Américas y por 10 minutos todo es perfecto: el calor te abraza, la bachata en el colmado, tu mamá llorando. Y después, al tercer día, algo se rompe. Te sientes extranjero en tu propia casa.
Esa es la parte que no sale en Instagram.
Nos enseñaron que el dominicano que se va es un héroe. Que volver es el premio. Pero nadie habla del síndrome del retornado. De esa extraña sensación de estar fuera de lugar en el lugar que te vio nacer.
YA NO HABLAS EL MISMO IDIOMA, AUNQUE HABLES ESPAÑOL
En Italia, en Nueva York, en Madrid, aprendiste a medir las palabras. A hacer fila. A decir "permiso", "gracias", "disculpe". A no tocar bocina por todo. A que el sistema funcione, aunque sea mal.
Vuelves a República Dominicana y el español es otro. Es más rápido, más cortante, más invasivo. Todo el mundo te pregunta cuánto trajiste, cuánto ganabas allá, por qué volviste si estabas tan bien. Si dices que extrañabas el caos, no te creen. Si dices que te cansaste de limpiar nieve, te juzgan.
Tus hijos, los que nacieron allá, no entienden los códigos. No entienden por qué tienen que darle un beso a una tía que no conocen. No entienden por qué el motoconcho se te tira encima. Y tú te pasas el día traduciendo dos mundos, sin pertenecer completamente a ninguno.
Hay una generación entera que nació con pasaporte italiano pero con sangre de Salcedo. Y si no les enseñas tú quiénes son, nadie se lo va a enseñar.
EL PAÍS AVANZÓ, PERO NO COMO TÚ IMAGINABAS
Tú te fuiste con la imagen de la República Dominicana del 2001, del 2008, del 2015. La del barrio, la del play, la del colmado de doña Ana. Cuando vuelves, hay torres donde había solares, hay delivery donde había que caminar, hay gente hablando de criptomonedas en Los Mina.
Y tú te quedaste emocionalmente congelado en el año que te fuiste. Quieres encontrar a tus amigos donde los dejaste, pero ellos hicieron vida, se casaron, se divorciaron, se fueron también. El país siguió sin ti. Y duele admitirlo: la República Dominicana no te necesitó para seguir.
Entonces viene la pregunta venenosa: ¿Para qué volví?
Vuelves y ves lo que desde fuera romantizabas: el desorden del tránsito ya no es "folclore", es peligro. La luz que se va ya no es anécdota, es pérdida. La burocracia que en Europa odiabas, aquí la odias el triple porque esperabas que al menos en tu país te trataran mejor. Y no.
TE CONVIERTES EN SOSPECHOSO
Este es el golpe más duro. El dominicano de fuera que vuelve es visto con sospecha por todos.
Para el de aquí, tú eres el que "se la dio en dólares". Si pones un negocito, te cobran el doble. Si dices que allá la vida es dura, te dicen "pero tú estabas b