Por Jacinto Valdez
APUNTE.COM.DO.- Redacción Internacional. La expresión popular «El que calla otorga» encierra una profunda reflexión sobre la responsabilidad de las personas frente a las injusticias, los abusos, las irregularidades y las situaciones que demandan una posición clara.
Este refrán, transmitido de generación en generación, advierte que guardar silencio ante determinados acontecimientos puede interpretarse como una señal de aceptación, consentimiento o complicidad, especialmente cuando quien calla conoce los hechos y tiene la posibilidad de intervenir.
Sin embargo, no todo silencio significa aprobación. Existen circunstancias en las que una persona prefiere no hablar por prudencia, temor, desconocimiento o para evitar consecuencias perjudiciales.
Complicidad por omisión
La llamada complicidad por omisión constituye una de las interpretaciones más delicadas de esta expresión. Se presenta, en sentido moral o social, cuando alguien conoce una actuación indebida y, pudiendo denunciarla o contribuir a impedirla, decide permanecer indiferente.
En el ámbito jurídico, sin embargo, el silencio no constituye automáticamente complicidad. Para establecer responsabilidades legales deben concurrir las condiciones previstas en las leyes, incluidos los deberes específicos de actuar cuando correspondan.
En la política y la administración pública
La expresión adquiere especial relevancia en la política, donde el silencio de funcionarios, dirigentes y autoridades frente a denuncias de corrupción, abusos de poder o actuaciones irregulares puede generar cuestionamientos públicos.
Cuando una autoridad conoce una irregularidad y tiene el deber de intervenir, su inacción puede afectar la confianza ciudadana y, dependiendo de las circunstancias, generar responsabilidades administrativas o legales.
No obstante, resulta indispensable distinguir entre una denuncia, una sospecha y un hecho debidamente comprobado.
En las relaciones internacionales
En el escenario internacional, el refrán también encuentra aplicación frente a violaciones de derechos humanos, conflictos armados, persecuciones y otras situaciones que provocan preocupación mundial.
El silencio de gobiernos, organismos internacionales o instituciones ante determinados acontecimientos puede ser interpretado políticamente como indiferencia o tolerancia, aunque esa interpretación no demuestra por sí sola apoyo o responsabilidad jurídica.
La diplomacia, por otra parte, también contempla negociaciones reservadas y mecanismos discretos para resolver conflictos.
En la familia, el trabajo y la sociedad
En el entorno familiar, guardar silencio ante situaciones de maltrato o abuso puede permitir que determinados comportamientos continúen sin ser cuestionados.
En los centros de trabajo, la indiferencia frente al acoso, la discriminación o las prácticas deshonestas puede contribuir a mantener ambientes perjudiciales.
En la vida cotidiana, muchas personas prefieren callar para evitar enfrentamientos, conservar relaciones o proteger su estabilidad. Por eso, antes de juzgar a quien guarda silencio, es necesario conocer las circunstancias.
Callar no siempre significa otorgar
Aunque el refrán contiene una advertencia importante, no debe interpretarse como una verdad absoluta.
Una persona puede guardar silencio porque desconoce los hechos, carece de pruebas, enfrenta amenazas o simplemente considera que no dispone de información suficiente para pronunciarse.
La responsabilidad comienza por distinguir entre quien calla para encubrir una irregularidad y quien permanece en silencio por razones legítimas.
En definitiva, «El que calla otorga» recuerda que la indiferencia puede tener consecuencias y que, en determinadas circunstancias, guardar silencio favorece la continuidad de situaciones injustas.
La enseñanza fundamental es que hablar cuando corresponde puede representar un acto de responsabilidad, mientras que callar deliberadamente para proteger una injusticia puede convertirse en una forma de complicidad moral.