Por Pedro García
APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo. En un comercio, la atención al cliente comienza con un saludo, una escucha respetuosa y la disposición de ayudar. Sin embargo, el uso personal del teléfono móvil durante la jornada puede interrumpir ese contacto y generar una impresión de indiferencia.
Cuando un empleado revisa mensajes, videos o redes sociales mientras una persona espera ser atendida, el problema no es la tecnología en sí, sino la prioridad que se le concede. El celular también puede ser una herramienta útil para consultar inventarios, confirmar pedidos o facilitar pagos.
Una buena práctica consiste en reservar las conversaciones personales para los descansos, salvo situaciones urgentes, y explicar al cliente cuándo se utiliza el dispositivo para resolver su solicitud.
Los responsables de los establecimientos pueden establecer reglas claras y razonables, ofrecer capacitación y dar ejemplo. La cortesía, la rapidez y la comunicación siguen siendo elementos esenciales para conservar la confianza de quienes compran.
Atender bien no requiere grandes inversiones: mirar al cliente, escuchar lo que necesita y responder con amabilidad puede marcar la diferencia.