SANTO DOMINGO.- Martín, un gallo de plumaje oscuro y dorado, lleva ocho años viviendo en los alrededores del Instituto Oncológico del Oriente Boliviano, en Santa Cruz de la Sierra. Su presencia cotidiana lo ha convertido en una figura querida por trabajadores, pacientes y comerciantes de la zona.

El ave llegó al centro médico junto a su dueño, quien habría sido ingresado para recibir atención y no regresó. «Al parecer el paciente falleció y entonces él se quedó», relató a la agencia EFE María del Carmen Gamón, empleada administrativa del hospital desde hace 25 años.

Desde entonces, Martín suele recorrer la entrada principal y buscar alimento en los puestos cercanos, donde algunas personas le ofrecen migas de pan o arroz. Cuando oscurece o llueve, acostumbra subir a los árboles; también descansa sobre una estructura de hierro junto a la acera.

Quienes trabajan en el hospital procuran protegerlo. En una ocasión reunieron dinero para impedir que una mujer que reclamaba ser su propietaria se lo llevara. Más tarde, otros visitantes también evitaron que un hombre lo sacara del lugar sin autorización.

Grover Saucedo, empleado del archivo clínico, afirmó que Martín es como un «funcionario» del centro y que se ha vuelto intocable para quienes lo conocen. Su historia recuerda a la de Hachiko, el perro japonés que esperó durante años a su dueño, aunque el comportamiento del gallo se describe a partir de lo que han observado sus cuidadores.

La información fue reportada por la agencia EFE desde Santa Cruz, Bolivia.