APUNTE.COM.DO.- La oposición israelí comenzó el 30 de octubre los contactos para intentar formar Gobierno después de que el recuento completo de las elecciones del martes confirmara al Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu, como el partido más votado, con 27 escaños, pero sin mayoría para gobernar.
Netanyahu y sus socios (los ultraderechistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich y los ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá) suman 53 de los 120 escaños de la Knesset, ocho menos de los 61 necesarios. El bloque del exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot reúne 48: 21 de su partido, Yashar, y el resto de Juntos (la lista de Naftali Bennett y Yair Lapid), Los Demócratas e Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman.
Los partidos árabes lograron 19 escaños, 11 para la Lista Conjunta y ocho para la Lista Árabe Unida (Raam), su mejor resultado. Sin ellos, ningún bloque llega a la mayoría.
Fueron las primeras elecciones desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023. Netanyahu gobernaba desde diciembre de 2022 con la coalición más escorada a la derecha de la historia de Israel, que en julio de 2025 perdió a Judaísmo Unido de la Torá por el bloqueo de la ley de exención militar para los ultraortodoxos. El precedente de la oposición es de 2021, cuando Bennett y Lapid gobernaron un año con Raam, el primer partido árabe que entró en una coalición.
El Likud acusó a los partidos árabes de haber “robado” las elecciones mediante sobornos e intimidación, sin presentar pruebas públicas. Al día siguiente, el presidente de la Comisión Electoral Central, el juez de la Corte Suprema Noam Sohlberg, pidió al Shin Bet (el servicio de seguridad interior) que investigue sospechas de financiación extranjera para movilizar el voto árabe. La prensa israelí apuntó a Qatar, que negó cualquier injerencia.
El Shin Bet describió su pesquisa como “focalizada y limitada” y aclaró que no acusa a “todo un sector que salió a votar de forma democrática y legal”. La comisión negó violaciones sistemáticas del voto y entregará el resultado oficial al presidente, Isaac Herzog, el 4 de noviembre.
Eisenkot acusó a Netanyahu de orquestar una campaña para deslegitimar las urnas. “Lo hacen porque perdieron. No tienen mayoría”, dijo. Prometió que no permitirá ningún retraso en la jura de la nueva Knesset, prevista para el 10 de noviembre.
Las reuniones empezaron con un encuentro entre Eisenkot y Bennett. Yair Golan, líder de Los Demócratas (alianza de laboristas y Meretz), se vio con Eisenkot, con Lapid y con Mansur Abbas, presidente de Raam. Golan, el único del bloque que defiende sumar a los árabes al Gobierno, y Abbas se comprometieron a trabajar “con rapidez y decisión” por un Ejecutivo de “reparación y rescate”.
Lieberman, ex ministro de Defensa de Netanyahu, reiteró que no se sentará ni con los árabes ni con el primer ministro y que solo contempla una coalición sionista con el Likud, pero sin su actual líder. Eisenkot y Bennett también han descartado a los partidos árabes como socios de Gabinete.
Con los ocho escaños de Raam, la oposición llegaría a 56, por delante de los 53 de Netanyahu. Como la investidura solo exige más votos a favor que en contra, un Ejecutivo en minoría necesitaría además la abstención de la Lista Conjunta.
Judaísmo Unido de la Torá abrió otra vía. Un alto cargo del partido dijo a Ynet que ofrecerá apoyar a Eisenkot a cambio de una ley que exima a los ultraortodoxos del servicio militar, condición que Eisenkot rechaza.
Herzog consultará después a los partidos y encargará formar Gobierno al diputado con más apoyos, que no tiene por qué ser Netanyahu. El elegido tendrá 28 días, prorrogables por 14. Si fracasa, otro diputado dispondrá de 28 días y, después, 61 parlamentarios tendrán 21 días para proponer un candidato. Si nadie lo logra, Israel volverá a votar en 90 días.