APUNTE.COM.DO.- Cuando la dana del 29 de octubre de 2024 devastó parte de la provincia de Valencia, en España, Sarai y Carlos perdieron prácticamente todas sus pertenencias: la vivienda, el automóvil, los enseres del hogar. Muchos objetos quedaron enterrados bajo el lodo. Entre los escombros también se encontraban las fotografías familiares, imágenes que atesoraban escenas de su vida y recuerdos de sus seres queridos.
No tenían claro qué hacer con ellas ni si sería posible recuperarlas. En los días siguientes a la catástrofe circulaban miles de ofertas que prometían facilidades tentadoras y que después resultaban ser fraudes y bulos, por lo que desconfiaban de las iniciativas que anunciaban ayudas con gran despliegue en redes sociales o en internet. No obstante, un anuncio en Instagram les llamó la atención y les planteó una interrogante: en medio de tantas pérdidas, ¿podrían salvarse los recuerdos de la familia? Salvem les Fotos es un proyecto de la Universitat de València que ofrecía asistencia para rescatar las fotografías deterioradas por el agua.
Las imágenes de Sarai y Carlos estaban húmedas y cubiertas del lodo que arrastró la dana en su paso destructor. Las colocaron en bolsas de plástico y las dejaron en un rincón de la casa mientras resolvían otras dificultades más apremiantes. Pero un día decidieron acudir al proyecto. La determinación era clara: ya no querían perder nada más.
La decisión puede parecer menor frente a la magnitud de una catástrofe. Cuando una inundación destruye una vivienda surgen necesidades urgentes: encontrar un lugar donde vivir, recuperar los bienes indispensables como ropa seca o utensilios de cocina, empezar de nuevo. Las fotografías, en cambio, no siempre parecen una prioridad. Pero hay pérdidas que solo se comprenden cuando ya es demasiado tarde para repararlas.
“La casa al final es una cosa que puedes recuperar. La foto no, no puedes volver atrás”, dice Carlos.
En esa diferencia radica buena parte del sentido del proyecto Salvem les Fotos. Se pueden comprar muebles nuevos, reemplazar objetos y volver a habitar un espacio. Pero no se puede repetir una escena familiar de hace veinte años ni recuperar la única imagen que se conservaba de una persona. Cuando desaparece una fotografía, puede desaparecer también una parte de la historia de una persona, de una familia o de una comunidad.
“Cuando pierdes tus fotos te quedas sin identidad”
Alejandra Nieto Villena, restauradora y especialista en patrimonio fotográfico, comprendió esa dimensión de la pérdida cuando vio fotografías y álbumes familiares tirados en el lodo, entre los objetos destruidos por la dana.
Aquellas imágenes guardaban cumpleaños, celebraciones, viajes, retratos y escenas cotidianas. Había personas que ya no estaban, casas que habían cambiado y momentos que no podían repetirse. Si las fotografías terminaban en la basura, no habría forma de recuperarlas.
Nieto, que había trabajado antes en una situación similar pero de menor escala en Badajoz y cuya tesis se centra en el patrimonio fotográfico, comenzó a pensar en lo que ocurriría cuando pasara la emergencia y supo que las familias afectadas por la dana pronto necesitarían sus fotografías. También observó cómo compañeras de trabajo y amigas afectadas por las inundaciones se deshacían de sus pertenencias; vio el dolor que implicaba abandonar un montón de objetos personales y familiares. La magnitud de la catástrofe hizo evidente que la respuesta debía ser rápida y colectiva.![]()


