APUNTE.COM.DO.- La sexta edición de la subasta benéfica anual Barolo en Primeur, realizada el 23 de octubre en el Castillo de Grinzane Cavour, en la región italiana de Piamonte, alcanzó su punto culminante cuando un comprador desembolsó USD 430.000 por 500 litros de un vino Barolo 2025 que no estará disponible hasta 2029, una vez completado su período obligatorio de crianza.
De acuerdo con información difundida por Forbes Argentina, la puja se extendió por poco más de una hora y convocó a compradores de Italia, Londres y Nueva York. Durante ese tiempo se adjudicaron 22 lotes que sumaron USD 1,3 millones, una cifra que marca un nuevo récord para esta iniciativa que, desde su primera edición en 2021, ha reunido más de 5,6 millones de euros para financiar proyectos sociales, educativos, sanitarios y culturales.
El lote de mayor valor corresponde a un Barolo producido con Nebbiolo, la uva emblemática de esta denominación del noroeste italiano. Los 500 litros adquiridos equivalen, en teoría, a unas 660 botellas, aunque el número final dependerá de las mermas naturales que se produzcan durante la crianza y el embotellado.
Este vino procede de Vigna Gustava, un viñedo de casi cuatro hectáreas situado a los pies del castillo. Su origen se remonta a 1830, cuando Camillo Benso, conde de Cavour y figura central de la unificación italiana, llegó a Grinzane para administrar tierras agrícolas e impulsó la modernización de la viticultura en la zona. En la actualidad, el predio es propiedad de la Fondazione Cassa di Risparmio di Cuneo (CRC), una fundación privada sin fines de lucro con un patrimonio neto de 1.499 millones de euros que respalda proyectos sociales y culturales en la provincia de Cuneo.
La elaboración está a cargo del enólogo italiano Donato Lanati, fundador de Enosis Meraviglia, un centro de investigación vitivinícola con sede en Fubine Monferrato que trabaja desde el suelo hasta el embotellado con metodología científica. Lanati dividió Vigna Gustava en parcelas según la exposición solar, la altitud y la edad de las plantas, de modo que las uvas de cada sector se vinifican por separado.
La cosecha de 2025 se llevó a cabo el 29 de septiembre e incluyó, además del tonel principal, 14 barricas individuales destinadas a producir aproximadamente 270 botellas cada una. Una decimoquinta barrica se subastará el 8 de noviembre, en el marco de la Subasta Mundial de la Trufa Blanca de Alba.
El vino adquirido requiere años de evolución antes de poder comercializarse. Las regulaciones de la denominación Barolo DOCG establecen un envejecimiento mínimo de 38 meses contados desde el 1 de noviembre del año de la cosecha, con al menos 18 meses en madera. Para los vinos de 2025, esto implica que no podrán salir al mercado antes del 1 de enero de 2029.
La compra anticipada de grandes vinos mientras aún están en crianza se denomina en primeur, una expresión de origen francés que describe la venta de vinos antes de su embotellado y lanzamiento comercial. El comprador paga por adelantado a cambio de recibir una cantidad determinada de botellas meses o años después. Para las bodegas, representa una forma de obtener ingresos antes de concluir la elaboración; para los coleccionistas, puede significar acceder a etiquetas muy demandadas, en ocasiones por debajo de los precios que alcanzarán en el mercado.
Burdeos es la referencia histórica de este sistema. La modalidad moderna se consolidó en la segunda mitad del siglo XX, con la cosecha de 1982 como punto de inflexión, impulsada por las evaluaciones del crítico Robert Parker. Desde entonces, châteaux como Château Lafite Rothschild, Château Margaux y Château Latour se convirtieron en referentes del segmento.
No obstante, el modelo no garantiza ganancias. En determinadas cosechas, los precios de lanzamiento resultaron tan elevados que algunos vinos terminaron vendiéndose después por valores similares o inferiores. La operación en primeur supone, por lo tanto, asumir los riesgos de un mercado que depende de la oferta, la demanda y el comportamiento de los coleccionistas.
La edición de Barolo presenta una diferencia respecto del modelo bordelés: el precio no responde únicamente al valor comercial del vino, sino también a su componente solidario. Toda la recaudación se destina íntegramente a proyectos benéficos, y los compradores reciben vinos únicos producidos en cantidades limitadas.