APUNTE.COM.DO.- En el océano Pacífico, un Estado formado por apenas nueve islas y atolones afronta una amenaza que ya incide en la vida diaria de su población: el ascenso del nivel del mar pone en peligro la permanencia de Tuvalu como territorio habitable.
Con una superficie terrestre de entre 25 y 26 kilómetros cuadrados y cerca de 9.500 habitantes en 2025, de acuerdo con el Banco Mundial, Tuvalu está entre los países más pequeños y apartados del planeta. Se localiza en la Polinesia, al norte de Fiyi y a unos 4.500 kilómetros de Australia y Hawái.
El problema va más allá de la posible pérdida de porciones de tierra. Las mareas altas y las tormentas pueden dañar viviendas, caminos, cultivos e instalaciones esenciales en un país cuya geografía deja poco margen para reubicar a sus habitantes. La situación también impulsó un debate internacional sobre la continuidad de la soberanía de los Estados cuyas áreas habitables podrían reducirse drásticamente por la crisis climática.
La configuración física del país explica buena parte de su vulnerabilidad. El territorio abarca cinco atolones coralinos, tres islas de arrecife y una isla con características intermedias, según el informe climático oficial de Tuvalu. Las islas se reparten sobre una amplia zona marítima y están separadas entre sí.
La elevación media de Tuvalu no llega a los tres metros sobre el nivel del mar, mientras que su punto natural más alto ronda los 6,5 metros. En varios sectores, las franjas de tierra tienen menos de 75 metros de ancho. Esa combinación facilita que el agua alcance zonas pobladas durante episodios extremos.
La capital, Funafuti, concentra buena parte de la población, la administración pública y las actividades económicas. Dentro del atolón se encuentra Fongafale, una estrecha franja de tierra donde operan el aeropuerto y dependencias gubernamentales. Por su peso institucional y demográfico, una alteración persistente en esa zona tendría consecuencias para el conjunto del país.
Tuvalu fue conocido como las Islas Ellice durante el período colonial y alcanzó su independencia el 1 de octubre de 1978. Su denominación tradicional puede traducirse como “ocho unidos”, en referencia a las ocho islas que originalmente estaban habitadas, aunque el Estado está integrado actualmente por nueve.
El ascenso del nivel del mar no se limita a las inundaciones visibles. El agua salada puede filtrarse en los suelos y llegar a las reservas subterráneas, un fenómeno que compromete el abastecimiento de agua dulce.
La intrusión salina también afecta cultivos que forman parte de la alimentación y de la economía doméstica, como el taro, el coco y el árbol del pan. La pérdida de suelo apto y de agua dulce puede volver inhabitables sectores que no quedan anegados de forma permanente, ya que reduce las condiciones necesarias para vivir y producir alimentos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señaló que, bajo escenarios adversos y sin medidas de adaptación suficientes, casi la mitad de Funafuti podría quedar expuesta a inundaciones regulares durante las mareas altas entre 2050 y 2060. Hacia 2100, menos del 10 % del territorio podría mantenerse fuera del alcance de las grandes mareas altas anuales.
Estas proyecciones se suman a un contexto en el que construcciones, carreteras y servicios se ubican en espacios muy estrechos. Las defensas costeras y la planificación territorial se convirtieron en herramientas centrales para reducir los daños ante temporales y crecidas, aunque no eliminan el riesgo asociado a la subida del nivel del mar.
Ante este panorama, el gobierno de Tuvalu trabaja junto con organismos internacionales en obras de adaptación. El Proyecto de Adaptación Costera de Tuvalu impulsó la creación de terrenos elevados en Funafuti y la construcción de protecciones en otras islas. El objetivo es contar con áreas capaces de resistir inundaciones y tormentas durante las próximas décadas.
Las intervenciones buscan preservar espacios para viviendas, instalaciones públicas y servicios básicos, pero el desafío también tiene una dimensión jurídica y política. Si partes sustanciales del territorio se vuelven inhabitables, el Estado procura garantizar que su soberanía, su identidad cultural y sus derechos sobre las aguas circundantes no resulten afectados.
La defensa de los derechos marítimos es decisiva para un país compuesto por islas dispersas, ya que los espacios marítimos circundantes constituyen un recurso estratégico. Mientras avanza con obras locales, Tuvalu sostiene en los foros internacionales que la crisis climática no debe traducirse en la pérdida de sus derechos como Estado.