APUNTE.COM.DO.- Una pareja de Pittsburgh, Cynthia y Steven Gaulin, de 36 años, recorría el Genesee Park, en Colorado, un área silvestre de unas mil hectáreas poblada de bosques, cañones, montañas, alces, bisontes, osos, zorros y ciervos. Estaban de vacaciones y dedicados a la observación de aves, una actividad con enorme variedad en la zona. Steven era profesor de Antropología en la Universidad de Pittsburgh, con un doctorado de Harvard, y Cynthia estaba vinculada a la psicología y el lenguaje. Sin saberlo, serían los artífices de un milagro.

Llevaban más de dos horas caminando por el sector de Stapleton Drive, cerca de la salida Chief Hosa que conecta con la interestatal 70, cuando a Cynthia le surgieron urgentes deseos de orinar. Vio un área de picnic con dos viejas casillas de madera a un lado: baños precarios, un par de letrinas abandonadas. No había nadie. Cynthia entró y advirtió un agujero, un caño abierto que conducía al pozo séptico. Mientras orinaba, dio un salto: escuchó un lloriqueo. ¿De dónde provenía? Parecía el sonido de una criatura. Prestó atención y la voz infantil decía “Mami, mami”. Era una niña. La voz continuaba: “Mami, quiero un poco de Kool Aid”.

Cynthia salió y llamó a Steven, quien también había percibido el llanto lejano. Buscaron fuera de los excusados sin identificar el origen del sonido y sin ver a nadie. Cynthia volvió a entrar en la cabina y se asomó al pozo: le pareció que la voz subía desde allí. Intentaron mirar, pero la oscuridad era total. Steven corrió hasta su auto en busca de una linterna, regresó y alumbró el agujero. Abajo, a unos cuatro o cinco metros, dos ojos lo miraban: era una niña en medio de líquidos cloacales.

“¡¿Qué haces ahí?!”, alcanzó a preguntar Steven. “Yo vivo aquí ahora”, respondió la voz infantil.Lori Poland, la niña del inodoro

Steven y Cynthia siguieron hablándole y le preguntaron si quería salir de ese sitio. Ella dijo que sí. La pareja no sabía que había una menor desaparecida. Fueron a una cabina telefónica y llamaron a emergencias. Pasadas las once de la mañana llegaron los rescatistas voluntarios de Highland Rescue, Stephen Bakker y Stephen Arndt. Bakker descendió con cuerdas y un arnés por el pequeño pozo y encontró a la pequeña consciente en medio de líquidos pestilentes. Estaba parada sobre unos palos que ella misma había dispuesto como plataforma para sostenerse. La extrajo de la misma manera: subió con su arnés mientras ella se aferraba a él. Al llegar arriba, la niña no quería soltarlo. Había pasado unas 70 horas sumergida en ese infierno.

Los rescatistas sabían que se buscaba a una niña de tres años desde el lunes, y ya era jueves. Rápidamente unieron los puntos: se trataba de Lori Poland, hija de Diane, de 25 años, y Richard Poland.

Otra rescatista, Joanne Greenberg, la acompañó en la ambulancia hacia el hospital. En el vehículo iba un policía que quería preguntarle por el secuestrador, pero Joanne se opuso a que la intranquilizara más. Ellas solo hablaron de que comerían pizza y tomarían una Pepsi. Los pies de Lori estaban hinchados tras haber pasado demasiado tiempo parada sobre esa mezcla de orina y heces.Lori Poland, la niña del inodoro

Llegó al St. Anthony’s Central Hospital de Denver consciente, pero en estado delicado. Estaba deshidratada y debilitada. Sus pies y piernas se veían sumamente hinchados y comprometidos. La caída le provocó heridas en las extremidades inferiores y la exposición prolongada a los líquidos contaminados parecía haber causado una grave infección. Tenía problemas circulatorios, y los médicos consideraban que podría terminar en una doble amputación.

Sus padres llegaron de inmediato. Les comunicaron que había ocurrido un hecho extraordinario y que su hija había sido hallada con vida. La vieron confundida y retraída. Esa primera noche en el hospital, su madre la escuchó gritar en medio de terribles pesadillas, repitiendo: “¡Sáquenme de acá!”.

Un psicólogo infantil trabajó junto a sus padres esos primeros días. Lo peor vendría después: los médicos terminaron de examinarla y hallaron en ella signos de abuso sexual.

Al día siguiente, Lori mejoró lo suficiente para que se la considerara fuera de peligro.Lori Poland, la niña del inodoro

Tres días antes, el lunes 22 de agosto de 1983, Lori y su hermano mayor, de cinco años, jugaban en el jardín delantero de su casa, ubicada en el número 3200 de la calle W. Bear Creek Drive, en Sheridan, Colorado, un barrio suburbano y residencial de gente trabajadora. Su padre, Richard, tenía el día libre y pensaba dedicarlo a reparaciones de pintura en el frente de la vivienda. Después del almuerzo familiar, su esposa Diane se fue a trabajar. Richard se quedó pintando mientras los niños seguían jugando. Estaba totalmente soleado y la temperatura rondaba los 30 grados. Cerca de las 12:45 sus hijos le pidieron helados. Richard entró a buscarlos; tenía palitos en la heladera y desde la cocina podía verlos afuera. Tomó dos y uno o dos minutos después volvió a salir con las paletas.Lori PolandRobert ThiretLori Poland, la niña del inodoroLori Poland, la niña del inodoro