APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo.- Una familia puede vivir en un país que registra niveles muy bajos de hambre crónica y, aun así, tener dificultades para comprar los alimentos que necesita durante todo el mes. Esa diferencia ayuda a entender por qué la salida de República Dominicana del mapa del hambre no significa que todos los hogares puedan pagar una alimentación suficiente y saludable.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) utiliza la prevalencia de la subalimentación para estimar qué proporción de la población consume habitualmente menos energía alimentaria de la que necesita. El indicador permite medir una dimensión del hambre, pero no determina cuánto dinero necesita una familia para llenar su despensa ni si puede comprar alimentos variados y nutritivos.
El economista Daris Javier Cuevas, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), considera que el costo de la alimentación debe analizarse a partir de los ingresos y de los gastos que enfrentan los hogares.
«Una familia en la República Dominicana, digamos promedio, está ahora mismo exigiendo entre 25,000 y 40,000 pesos mensuales para poder cubrir algunos alimentos o los alimentos básicos», explicó Cuevas al referirse al dinero que puede requerir un hogar para comprar comida.
El economista aclara que el monto depende de los productos que se compren y de los lugares donde se adquieran. Por eso, la cifra debe interpretarse como una estimación suya y no como un promedio oficial del gasto alimentario de las familias dominicanas.
La prevalencia de la subalimentación es uno de los indicadores que utiliza Naciones Unidas para evaluar los avances en la lucha contra el hambre. Estima qué proporción de la población consume habitualmente menos energía alimentaria de la necesaria para mantener una vida normal, activa y saludable. Para calcularla, la FAO utiliza información sobre la disponibilidad de alimentos, las necesidades energéticas de la población y la distribución del consumo alimentario.
No se trata de un conteo individual de todas las personas que pasan hambre ni de una encuesta que determine cuánto come cada familia diariamente. Por eso, que el indicador se encuentre por debajo del 2.5 %, el umbral utilizado para identificar una prevalencia muy baja de subalimentación, no significa que todas las personas tengan garantizado el acceso económico a una dieta saludable. Tampoco permite saber directamente cuánto necesita una familia de cuatro integrantes para alimentarse durante 30 días.
Cuevas cuestiona que los avances económicos se interpreten sin examinar las condiciones materiales de los hogares.
«Hay todavía inseguridad alimentaria en una gran parte de la población», sostiene el economista, quien considera que el aumento del costo de los alimentos debe formar parte del análisis. Esta afirmación es su valoración económica y debe contrastarse con las estadísticas disponibles sobre inseguridad alimentaria y acceso a los alimentos.
La FAO cuenta con otro indicador para estimar cuánto cuesta adquirir una dieta saludable y cuántas personas no pueden permitírsela. A diferencia de una medición centrada en la energía alimentaria, este cálculo considera una combinación de alimentos que busca ajustarse a recomendaciones nutricionales. Incluye distintos grupos, como frutas, vegetales, legumbres, cereales y alimentos de origen animal. El costo se calcula a partir de los precios de los alimentos disponibles localmente y se expresa, para las comparaciones internacionales, en dólares de paridad de poder adquisitivo (PPA).
Esta unidad permite comparar el poder de compra entre países, pero no equivale al dólar que se cambia habitualmente en República Dominicana. Por esa razón, la estimación internacional no debe convertirse directamente a pesos dominicanos utilizando la tasa de cambio comercial ni presentarse como el presupuesto exacto de una familia local. El tamaño del hogar, las edades de sus integrantes, los precios de los establecimientos y los alimentos que necesitan son algunos de los factores que pueden modificar el gasto real.
En su informe sobre seguridad alimentaria y nutrición de 2024, la FAO estimó que 2,826 millones de personas en el mundo no podían permitirse una dieta saludable en 2022. El dato muestra que tener acceso a suficientes calorías y poder pagar una alimentación variada son cuestiones diferentes.
Otra referencia para entender la presión económica sobre los hogares es el costo de la canasta familiar que publica el Banco Central. Sin embargo, esta incluye bienes y servicios que van más allá de los alimentos. En agosto de 2026, la canasta familiar de la región Ozama, que comprende el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, se situó en RD$57,220.11, según los datos recopilados para este trabajo. Esa cifra no significa que una familia necesite exactamente RD$57,220 mensuales para alimentarse.