APUNTE.COM.DO.- Por JHONNY TRINIDAD

Ningún programa social del Estado dominicano ha sido tan eficaz, tan constante y tan silencioso como las remesas. No está en el Presupuesto, no lo ejecuta ningún ministerio, no se inaugura con cinta, pero sostiene a la nación. Si mañana se apagara, entenderíamos que hemos vivido bajo un subsidio invisible.

Viviendo aquí en Nueva York, uno lo ve cada día. En 2025, según el Banco Central, el país recibió 11,866.3 millones de dólares en remesas, un récord histórico con un crecimiento de 10.3% respecto al 2024. Para 2026, la proyección es que superen los 12,200 millones. Son cifras que duplican lo que recibíamos hace apenas una década.

No es dinero. Es oxígeno que sale de aquí.

EL ESTADO QUE NO LLEGA Y LA FAMILIA QUE SÍ LLEGA

En Villa Riva, en Tamayo, en Las Matas de Farfán, en un barrio de Santiago, la lógica es la misma: cuando falla el empleo, cuando no alcanza la tarjeta, cuando la receta no la cubre el seguro, aparece un envío desde El Bronx, desde Washington Heights, desde Lawrence, desde Madrid.

El 80% de ese dinero viene de Estados Unidos, del trabajo mal pagado pero constante de nuestra gente en restaurantes, hospitales, construcción, taxis, salones. Es el fruto de jornadas dobles que aquí en NY comienzan a las 5 de la mañana y que allá se convierten en comida, en uniforme escolar, en zinc para la casa, en medicina para la abuela.

El Banco Central lo admite con pudor tecnocrático: estos recursos tienen un efecto multiplicador sobre el consumo, la inversión y el financiamiento de los sectores más vulnerables. Traducido: sin remesas, habría hambre.

Es el subsidio perfecto para el poder político: reduce la pobreza sin reformar nada, calma el descontento sin crear empleo, evita estallidos sin distribuir riqueza. El dominicano que no encuentra oportunidades no protesta en la Plaza de la Bandera: se va. Y desde afuera, mantiene a los que se quedan para que tampoco protesten.

Hemos exportado mano de obra para importar estabilidad.

POR QUÉ ES UN SUBSIDIO A LA PAZ Y NO SOLO A LA ECONOMÍA

Las remesas no solo compran bienes. Compran tiempo y evitan violencia.

Primero, evitan el colapso del sistema de salud informal. Miles de familias pagan consultas privadas y medicamentos con el dinero que llega por Caribe Express. Es una privatización de la protección social financiada por la diáspora.

Segundo, sostienen la educación. ¿Cuántos estudiantes en la UASD siguen estudiando porque el tío les manda 200 dólares desde Queens? Sin ese aporte, la deserción sería masiva.

Tercero, frenan la delincuencia de supervivencia. En muchas comunidades, la remesa es la única alternativa a la economía ilícita. El giro mensual es literalmente un antídoto contra la desesperación.

Cuarto, sostienen el tipo de cambio. El flujo constante de divisas es clave para la estabilidad cambiaria. Sin él, el dólar se dispararía, la inflación devoraría los salarios, y la paz social se rompería por la vía del supermercado.

Por eso es el subsidio más grande a la paz social. Ningún gobierno podría sostenerlo con recursos propios.