APUNTE.COM.DO.- Quienes dominan la hípica saben que un caballo de fondeo es aquel que, al partir del punto de arrancada, da la impresión que salió retrasado y le será muy difícil rebasar al pelotón que va delante.

Sin embargo, a medida que avanza la carrera, ese ejemplar irá dejando rezagados a los que salieron primero, y en la recta final dominará con ventaja hasta cruzar la meta como triunfador.

El presidente y candidato brasileño Luiz Inacio Lula da Silva es este caballo de fondeo que no teme a la distancia de los delanteros.

Otro ejemplo del lenguaje hípico es que el líder del Partido de los Trabajadores (PT) nunca ha corrido por el carril de adentro.

Desde que inició su carrera presidencial hace varias décadas, a Lula le ha tocado correr por los carriles más difíciles, es decir, los que van del centro hacia afuera.

En una oportunidad me dijo un bien ranqueado jinete del viejo hipódromo Perla Antillana, que correr por el carril de afuera suponía una gran desventaja, pues al doblar en la famosa "curvita de la Paraguay"—narrada por la maestría única de Simón Alfonso Pemberton—la tendencia del caballo a perder unos metros vitales para cruzar la meta como puntero.

En cambio, los que corrían por los carriles centrales podían abrirse y todavía conservaban una posición de ventaja.

El veterano político brasileño ha sido ese caballo que siempre ha llegado a la carrera final corriendo en los canales más complicados, pero siempre ha cruzado la meta electoral como ganar.

El domingo 25 de octubre estará en las condiciones habituales cuando se enfrente al ultraderechista Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones en el denominado gigante sudamericano, país cuya posición actual en la escena mundial se debe también a la gran impronta de Lula.

Pero, aun con la indiscutible fortaleza del liderazgo de Lula, el 25 de octubre librará, probablemente, su batalla más crucial, enfrentado a factores de intrincado manejo, como, por ejemplo, los elementos extraños que gravitan en el panorama electoral brasileño y que no son ajenos a la corriente negativa que está azotando al continente.

Revertir la desventaja en tales circunstancias le resulta al presidente Lula una tarea ciclópea, propia de gladiadores de una estirpe que ya no abunda. Los brasileños no se merecen a otro Bolsonaro ciclónico.