APUNTE.COM.DO.- Un estudio realizado en Francia encontró que el jet lag alimentario, es decir, la variación entre los horarios de las comidas de los días laborables y los del fin de semana, se asoció con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en hombres. Por cada hora adicional de desfase, el riesgo resultó 14% más alto.
La investigación, publicada en la revista Communications Medicine, analizó datos de 104.806 adultos de la cohorte francesa NutriNet-Santé, con registros alimentarios y de salud recopilados entre 2009 y 2023. El 79% de los participantes eran mujeres y la edad promedio al inicio del estudio fue de 42,7 años.
Para estimar el jet lag alimentario, los científicos calcularon el punto medio entre la primera y la última ingesta calórica de cada día. Luego compararon ese horario durante la semana con el de los fines de semana.
Durante un seguimiento medio de 8,1 años, los hombres con mayor diferencia entre ambos períodos presentaron un incremento de riesgo cardiovascular. Cada hora extra de desfase se vinculó con un 14% más de riesgo de enfermedad cardiovascular y con un 21% más de riesgo de enfermedad coronaria, que incluye cuadros como el infarto.
Aunque el 79% de los participantes eran mujeres, las asociaciones claras se observaron solo entre los hombres. Esto no permite concluir que ellos tengan un riesgo mayor que las mujeres: los autores plantearon que podrían influir diferencias hormonales y metabólicas, pero señalaron que harán falta nuevos estudios para comprender esa brecha.
Adelantar o atrasar las comidas también se vinculó con un riesgo más alto.
La irregularidad no consistió únicamente en comer más tarde los sábados y domingos. Los investigadores clasificaron a los participantes según si adelantaban, mantenían o retrasaban el horario de sus comidas en los días libres.
En los hombres, quienes adelantaban el punto medio de su alimentación durante el fin de semana tuvieron un riesgo 44% superior de enfermedad cardiovascular y 68% mayor de enfermedad coronaria, frente al grupo que sostuvo horarios similares toda la semana.
Entre quienes retrasaban sus comidas, el aumento se observó para enfermedad coronaria: fue 36% más alto que entre los participantes que no modificaban de forma marcada sus rutinas. El resultado sugiere que la regularidad podría importar tanto como la dirección del cambio.
No se encontraron asociaciones claras en las mujeres. Los autores señalaron que diferencias hormonales y metabólicas podrían intervenir, aunque remarcaron que serán necesarios nuevos estudios para comprender esa brecha.
La comida también sincroniza los relojes internos del organismo.
El hallazgo aporta una nueva dimensión a la relación entre alimentación y ritmo circadiano, el sistema interno que organiza funciones corporales en ciclos de unas 24 horas. La luz es la señal principal para el reloj central ubicado en el cerebro, pero los horarios de las comidas también influyen sobre relojes periféricos presentes en órganos como el hígado, el páncreas, el intestino, los músculos y el tejido adiposo.
En una nota previa de Infobae, la médica en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), explicó que "la luz de la mañana ayuda a marcar el comienzo del día y la oscuridad favorece la preparación para el sueño".
La especialista agregó que el hígado, el páncreas, el músculo y el tejido adiposo cuentan con mecanismos que regulan la actividad de distintos genes según el momento del día.
En esa misma nota, Aguirre Ackermann señaló que la comida ayuda a sincronizar esos relojes periféricos y que, cuando los horarios de alimentación y descanso se mantienen regulares y en sintonía con el ciclo de luz y oscuridad, el organismo suele utilizar los nutrientes de manera más eficiente. Ese antecedente permite entender por qué el nuevo estudio puso el foco en las diferencias de rutina entre la semana y el fin de semana.
La regularidad semanal, un factor adicional al horario de las cenas.
Infobae había abordado principalmente el horario de las comidas en relación con el descanso y el metabolismo. Las especialistas consultadas indicaron que la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina suelen ser más favorables durante la primera parte del período de actividad y disminuyen hacia la noche.
La médica pediatra especializada en medicina funcional en niños y adultos Mariel Dobenau (MN 127.450) señaló entonces que "durante la noche aumenta la melatonina, disminuye la secreción de insulina y los tejidos responden peor a ella".
El estudio francés no evaluó qué horario específico sería ideal para comer. Su aporte se concentra en otra cuestión: la ventana de alimentación relativamente parecida entre la semana y el fin de semana, incluso después de considerar variables como la calidad de la dieta, la duración del sueño, la hora de acostarse y el jet lag social.
Sin hora universal ni relación causal probada.
Los investigadores reconocieron varias limitaciones. La investigación se basó en una