APUNTE.COM.DO.- El presidente del partido pacifista ruso Yábloko, Nikolái Ribakov, emitió su voto este domingo en las elecciones legislativas de Rusia en un colegio electoral de San Petersburgo, donde escribió a mano en las papeletas mensajes a favor de "la vida sin miedo", "la paz" y "la libertad", de acuerdo con reportes de la prensa local.

Ribakov llegó al colegio electoral número 360 pocos minutos después de su apertura y, tras sufragar, obsequió una manzana —fruta que da nombre al partido en ruso— a una integrante de la mesa electoral.

Yábloko, que desarrolló su campaña bajo el lema "Por la paz y la libertad", es la agrupación liberal más antigua de Rusia, fundada en 1993 en los primeros años posteriores a la era soviética, y la única fuerza política registrada que se opuso abiertamente a lo que el Kremlin denomina "operación militar especial" en Ucrania. El partido fue excluido de las papeletas por lista tras una decisión judicial en agosto.

No obstante, 100 candidatos de la formación podrían llegar a la Duma a través de las circunscripciones uninominales, según declaró el propio Ribakov a la agencia EFE en una entrevista esta semana. "Llamamos a los ciudadanos a acudir a los colegios el domingo (...) y votar por nuestros candidatos por circunscripciones. Votar por cualquier otro partido es apoyar las políticas de Putin", afirmó, en alusión a la estrategia de la oposición en el exilio de respaldar a cualquier fuerza que pueda restar votos a Rusia Unida.

Antes de la sentencia que los excluyó de las listas, dos dirigentes del partido ya habían sido condenados por la justicia rusa: el entonces vicepresidente Maksim Kruglov, a siete años de prisión por difundir "noticias falsas" sobre el Ejército, y Lev Shlosberg, a más de once años por criticar la guerra. Otros diez dirigentes de la agrupación quedaron inhabilitados para presentarse por estar catalogados como "agentes extranjeros". A pesar de ello, la dirigencia opositora en el exilio —entre ellos Yulia Navalnaya, viuda de Alexéi Navalni— había pedido semanas atrás votar por Yábloko como una manera de expresar rechazo a la guerra dentro de las reglas del sistema.

La participación superaba el 45% hacia la mañana de este domingo, con seis millones de electores que ya habían votado a distancia, según informaron las autoridades electorales rusas. Más de 111 millones de ciudadanos en 89 regiones están habilitados para votar desde el viernes en más de 90.000 colegios electorales, para elegir a los 450 diputados de la Duma. También pueden sufragar los rusos residentes en 152 países, donde el Ministerio de Exteriores habilitó 333 colegios, muchos de ellos en legaciones diplomáticas, aunque con recortes notables respecto de la elección anterior: Alemania pasó de 16 mesas a solo dos, e Israel, de trece a tres.

Rusia Unida, el partido que respalda a Putin, busca revalidar la mayoría constitucional que obtuvo en 2016, algo que se ve favorecido por una baja participación entre los sectores más críticos de la guerra. Los sondeos oficiales le otorgan una intención de voto de entre 33% y 37%, mientras que las encuestadoras independientes la sitúan en apenas 25%. Con todo, los analistas esperan que termine consiguiendo en torno al 50% de los votos.

Esta es la primera legislativa que Rusia celebra desde que comenzó la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, y llega en un contexto de desgaste que el propio aparato oficial ya no logra ocultar del todo: de hecho, los analistas describen los comicios como una forma que tiene el Kremlin de medir la lealtad de sus propios funcionarios más que de buscar legitimidad ante la sociedad. La represión sobre la disidencia se profundizó en el último año: los arrestos de altos funcionarios se cuadruplicaron en 2025 respecto del período previo a la guerra, y Golos, el principal organismo independiente de monitoreo electoral del país, se disolvió en julio de 2025 después de que su copresidente fuera condenado a cinco años de prisión.

Por primera vez, además, Rusia habilitó mesas de votación para su Parlamento en zonas ocupadas de las provincias ucranianas de Donetsk, Lugansk, Zaporizhzhia y Kherson, algo que el derecho internacional no reconoce.