APUNTE.COM.DO.- El ser humano llevó al lobo mexicano al borde de la extinción y después dedicó más de medio siglo a intentar salvarlo. Durante décadas, la subespecie más pequeña del lobo gris de Norteamérica fue perseguida hasta casi desaparecer. Un programa de conservación de México y Estados Unidos logró rescatar a la especie y devolver cientos de ejemplares a la vida silvestre, pero su recuperación sigue siendo frágil: una población pequeña y genéticamente limitada enfrenta amenazas que van desde los conflictos con ganaderos hasta las decisiones políticas que podrían modificar su protección.
Hasta el siglo XX, el lobo mexicano habitaba desde el sur de Estados Unidos y el norte de México hasta donde se acercan las cordilleras conocidas como Sierra Madre Oriental y Sierra Madre Occidental, cerca de la zona central de México.
Su peculiar genética, con dos alelos —versiones de una secuencia de ADN— que el resto de las subespecies no poseen, podrían explicar por qué este canino, apenas un poco más grande que un perro pastor alemán, logró adaptarse a los climas de latitudes más sureñas, cuenta a CNN la doctora Xóchitl Ramos Magaña, coordinadora de la población éxito del Programa de Conservación Binacional del Lobo Mexicano y subdirectora técnica de los Centros de Conservación de la Ciudad de México.
Pero su capacidad de adaptación no lo hizo inmune a la caza ni a percepciones erróneas que, a la fecha, repercuten en políticas que ponen en riesgo su conservación.
El mito del lobo malo
Los pueblos originarios de América veneraban a los grandes carnívoros, como el jaguar y el lobo. Las tribus nativas norteamericanas admiraban y respetaban a los lobos al considerarlos ejemplos de lealtad e inteligencia. En el México prehispánico, el lobo era considerado un ser poderoso y un rango militar mexica, conocido como “guerrero pardo”, tenía como distintivo a un animal muy parecido al lobo mexicano. Pero la conquista del continente americano trajo también una nueva ideología.
“Ellos ya venían con un estigma porque los lobos fueron estigmatizados desde la Edad Media. En Europa los catalogaban como algo del mal”, asegura Ramos.
“Cuentos como ‘Los tres cerditos’ y ‘Caperucita roja’ refuerzan esa idea de que el lobo es malo. En la Biblia también aparece como un animal malo (…), en Europa existen pinturas de manadas de lobos siguiendo gente en trineos”, cuenta en entrevista con CNN el doctor Riruk List, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y especialista en ecología, conservación de carnívoros y protección de áreas.
Aunado a este prejuicio, el auge de la ganadería desplazó tanto los hábitats como las presas naturales de los lobos y se dieron los primeros casos de depredación de ganado. Así, empezó lo que expertos describen como una especie de guerra en contra de la especie en las décadas de 1940 y 1950.
Comenzó en el sur de Estados Unidos y se extendió a México con una promesa de introducción de mejoras al ganado y desinformación sobre casos de rabia transmitidos por los lobos mexicanos, cuenta Ramos.
Se introdujeron nuevas técnicas de exterminio, como el uso del veneno monofluoroacetato de sodio (conocido coloquialmente como 1080), altamente tóxico, que afectaron también a otras especies como los pumas y osos.
La erradicación fue tan grande que, para 1976, el lobo mexicano fue declarado extinto en vida salvaje.
Esfuerzos de rescate
Hacia finales de los años setenta, rancheros mexicanos aseguraban que aún se escuchaban aullidos y se encontraban huellas en las zonas que habitaba el lobo mexicano, cuenta Ramos.
El trampero Roy McBride fue el designado por





