EE.UU. amplía operaciones conjuntas en América Latina contra el narcotráfico

APUNTE.COM.DO.- WASHINGTON, EE.UU.- Estados Unidos está reforzando su cooperación militar y de seguridad con países de América Latina mediante operaciones conjuntas, intercambio de inteligencia, entrenamiento y asistencia especializada, como parte de una estrategia dirigida principalmente a combatir el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales.

El fortalecimiento de estas acciones supone una participación más activa de las fuerzas estadounidenses en la región y ha abierto un debate sobre sus beneficios para la seguridad, pero también sobre los riesgos políticos, jurídicos y de soberanía que podrían derivarse de una mayor presencia operativa de Washington.

El Comando Sur de Estados Unidos anunció en agosto la creación de una Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental, concebida para integrar capacidades militares y mejorar la coordinación con países aliados.

La iniciativa busca facilitar operaciones contra organizaciones vinculadas al tráfico internacional de drogas y otras actividades del crimen organizado, aprovechando recursos de vigilancia, reconocimiento, inteligencia y movilidad.

Inteligencia y operaciones coordinadas

Uno de los componentes fundamentales de la cooperación es el intercambio de información de inteligencia.

Estados Unidos dispone de importantes capacidades tecnológicas para detectar movimientos marítimos y aéreos, identificar rutas utilizadas para transportar drogas y seguir las operaciones financieras y logísticas de organizaciones criminales.

Esa información puede ser compartida con autoridades latinoamericanas para facilitar incautaciones, capturas y operaciones contra estructuras dedicadas al narcotráfico.

La cooperación también comprende entrenamiento de fuerzas militares y policiales, asesoramiento técnico y utilización de tecnología especializada.

Washington sostiene que estas acciones permiten enfrentar organizaciones criminales que operan simultáneamente en varios países y que cuentan con recursos económicos y logísticos difíciles de combatir exclusivamente desde el ámbito nacional.

La lucha contra el narcotráfico

El narcotráfico continúa siendo uno de los principales argumentos de Estados Unidos para incrementar su cooperación de seguridad en América Latina.

Las autoridades estadounidenses consideran que las organizaciones dedicadas al tráfico de cocaína, fentanilo y otras drogas representan una amenaza directa para la seguridad del país.

El Gobierno estadounidense ha endurecido además su posición frente a determinadas organizaciones criminales latinoamericanas, algunas de las cuales han sido calificadas como organizaciones terroristas extranjeras.

Ese cambio permite a Washington utilizar instrumentos adicionales de seguridad nacional para perseguir sus operaciones, fuentes de financiamiento y redes internacionales.

Preocupaciones por la soberanía

Sin embargo, la ampliación de las operaciones estadounidenses también genera interrogantes.

Uno de los principales puntos de discusión es hasta dónde puede llegar la participación de fuerzas extranjeras dentro del territorio de un país latinoamericano.

Los gobiernos que aceptan este tipo de cooperación deben establecer claramente las competencias de las fuerzas estadounidenses y garantizar que cualquier operación se realice conforme a sus constituciones y leyes nacionales.

La presencia de militares extranjeros ha sido históricamente un asunto sensible en América Latina debido a las intervenciones estadounidenses ocurridas durante los siglos XIX y XX.

Por esa razón, cualquier incremento de las operaciones militares de Washington puede provocar resistencia política y social, especialmente cuando no existe suficiente información pública sobre su alcance.

Riesgo de militarización

Otro aspecto que genera preocupación es una eventual militarización de la lucha contra las drogas.

Especialistas han advertido durante años que el narcotráfico no puede combatirse exclusivamente mediante operaciones militares.

La pobreza, la corrupción, la debilidad institucional, el lavado de activos, la demanda internacional de drogas y la falta de oportunidades económicas forman parte de un problema mucho más amplio.

Una estrategia centrada excesivamente en operaciones armadas podría obtener resultados inmediatos contra determinados grupos, pero no necesariamente eliminar las condiciones que permiten que nuevas organizaciones criminales ocupen los espacios dejados por aquellas que son desmanteladas.

Beneficios para los países aliados

Para los gobiernos latinoamericanos, la cooperación estadounidense puede significar acceso a tecnología, entrenamiento e información que resultaría costoso desarrollar de manera independiente.

También puede mejorar la capacidad para vigilar fronteras, combatir el tráfico marítimo y aéreo y localizar estructuras criminales que operan internacionalmente.

Pero los resultados dependerán de que exista transparencia, controles institucionales y una clara delimitación de responsabilidades.

El desafío será encontrar un equilibrio entre aprovechar las capacidades estadounidenses y preservar la autonomía de cada Estado.

Una estrategia con impacto regional

El fortalecimiento de las operaciones conjuntas confirma que América Latina continúa ocupando un lugar estratégico dentro de la política de seguridad de Estados Unidos.

Washington considera que las amenazas provenientes del narcotráfico y el crimen organizado trascienden las fronteras y requieren respuestas coordinadas entre diferentes países.

La nueva etapa de cooperación podría aumentar la capacidad operativa contra esas organizaciones, pero también estará sometida a vigilancia política y jurídica.

El alcance que finalmente tengan las operaciones estadounidenses dependerá, en buena medida, de los acuerdos alcanzados con cada gobierno y de los límites que establezcan las legislaciones nacionales.

La discusión, por tanto, no gira únicamente alrededor de cómo combatir con mayor eficacia al narcotráfico, sino también de hasta dónde debe llegar la participación militar de Estados Unidos en América Latina sin afectar la soberanía de los países de la región.

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