APUNTE.COM.DO.- Cuando una persona sale de su casa para ir al trabajo, rara vez sigue un plan intacto hasta el final. Una calle cortada, un embotellamiento o un desvío obligan a recalcular sobre la marcha. Algo parecido ocurre dentro del cerebro, y un nuevo estudio mostró que la actividad cerebral revela cómo las personas alternan y combinan objetivos en tiempo real mientras toman decisiones en entornos cambiantes.

La investigación, publicada en Nature, analizó cómo actúa el cerebro cuando una decisión no termina en un solo instante, sino que se ajusta a cada momento. El trabajo se apoyó en una tarea de persecución virtual en la que los participantes debían mover un joystick para atrapar presas digitales que cambiaban de velocidad y dirección.

El estudio, liderado por un equipo del Baylor College of Medicine (BCM), mostró que los participantes sostenían y combinaban planes de movimiento mientras perseguían objetivos que cambiaban en tiempo real. A partir de esa tarea, los investigadores identificaron tres regiones cerebrales con funciones distintas, vinculadas al seguimiento del plan en curso, al cambio de estrategia y a la valoración de cada opción.Detalle de una red de neuronas con múltiples ramificaciones azules, un nodo central brillante que emite luz blanca sobre un fondo negro oscuro.

Un estudio publicado en Nature mostró que la actividad cerebral revela cómo las personas combinan objetivos en tiempo real al tomar decisiones en entornos cambiantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para examinar este proceso, el equipo de investigación dejó de lado las pruebas clásicas de laboratorio, que suelen medir elecciones aisladas y estáticas. En su lugar, diseñó una situación más cercana a lo que pasa en la vida diaria: un entorno en movimiento, con metas que compiten entre sí y decisiones que no quedan cerradas en un solo paso.

Los participantes controlaban un avatar y debían perseguir cuadrados en movimiento, descritos como “presas”, dentro de un videojuego de realidad virtual continua. Cada objetivo tenía un color distinto, y ese color indicaba dos cosas: su valor en puntos y su velocidad. Dicho de forma más simple, no todas las opciones valían lo mismo ni resultaban igual de fáciles de alcanzar.

El estudio incluyó a 69 adultos divididos en dos grupos. Por un lado, participaron 50 voluntarios sanos. Por otro, se sumaron 19 pacientes con epilepsia grave que se encontraban hospitalizados para monitoreo cerebral. Esa combinación permitió comparar patrones de decisión en personas sin diagnóstico neurológico y en pacientes que ya tenían registros clínicos más directos de su actividad cerebral.El estudio incluyó a 69 adultos, entre 50 voluntarios sanos y 19 pacientes con epilepsia grave hospitalizados para monitoreo cerebral.

El estudio incluyó a 69 adultos, entre 50 voluntarios sanos y 19 pacientes con epilepsia grave hospitalizados para monitoreo cerebral.

Uno de los hallazgos centrales fue que los jugadores no elegían una meta y descartaban por completo la otra. En muchos casos permanecían en un estado intermedio, con atención repartida entre dos objetivos al mismo tiempo. El estudio registró ese comportamiento entre 36% y 41% del tiempo cuando ambas presas tenían el mismo valor, y entre 37% y 43% cuando su valor era diferente.

Ese dato apuntó a una idea: el cerebro no siempre opera con una lógica de “todo o nada”. A veces mantiene abiertas varias rutas posibles y ajusta la conducta mientras la situación cambia. En términos cotidianos, sería como avanzar hacia un destino mientras se evalúa, segundo a segundo, si conviene doblar, frenar o cambiar de camino.

Durante la persecución continua de objetivos, los participantes mantuvieron y combinaron de forma simultánea planes de movimiento dirigidos a metas en competencia, con un rendimiento superior al del cambio de tipo ‘el ganador se lleva todo’. Traducido a un lenguaje llano, los participantes sostenían dos planes de movimiento al mismo tiempo y los mezclaban para actuar, en vez de apostar por una sola opción y abandonar la otra por completo.

Para poner a prueba esa hipótesis, los autores usaron modelado computacional, una herramienta que compara distintas formas posibles de explicar una conducta. El equipo construyó modelos matemáticos para ver cuál se parecía más a lo que hacían realmente los participantes.Vista interior de una nevera abierta mostrando a un hombre pensativo con camiseta azul. Contiene frutas, botellas y recipientes con comida preparada.

El hipocampo siguió el plan en curso, la corteza cingulada anterior izquierda señaló los cambios de estrategia y la corteza orbitofrontal evaluó el valor de cada alternativa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos favorecieron una estrategia de control mixto o combinado, con una probabilidad de 84% ± 8% entre los participantes. Esa forma de actuar superó al esquema conocido como “winner-take-all switching”, una lógica en la que la persona se concentra por completo en un solo objetivo y cambia de manera tajante cuando decide pasar a otro.

La diferencia no es menor. Si el cerebro funciona con varios planes a la vez, entonces la toma de decisiones en movimiento no depende solo de elegir una meta, sino de administrar varias opciones simultáneas. Esa observación puede ayudar a entender mejor cómo actuamos en escenarios complejos, desde cruzar una avenida hasta manejar en tráfico denso o responder a una situación de presión.

El estudio también ubicó con mayor precisión qué partes del cerebro participan en este tipo de decisiones. El hipocampo siguió y actualizó el plan que estaba en curso, sobre todo en las etapas iniciales de la planificación. Esta región suele asociarse con la memoria y la orientación espacial, aunque aquí apareció ligada al seguimiento de una estrategia mientras el entorno se modifica.

Otra zona implicada fue la corteza cingulada anterior izquierda, que ayudó a determinar cuándo convenía cambiar de estrategia. En una explicación menos técnica, funcionó como una se