Rafa Nadal peleará por su novena Copa de los Mosqueteros, por su noveno título en Roland Garros. De ganar el domingo ante Novak Djokovic, el otro finalista, nadie le igualará. En toda la historia. Ni rebuscando en el palmarés del torneo cuando este aún no era Roland Garros y era, simplemente, el Abierto de Francia. Hace un siglo, el parisino Max Decugis ganó ocho veces entre 1903 y 1914.
El tenista de Manacor ha repetido trayectoria sobre la tierra francesa, donde siempre va de menos a más. Este año, además, una lesión de espalda le lastró en las primeras rondas. Las molestias aparecieron ya el primer día, ante el estadounidense Robby Ginepri, y se alargaron hasta octavos.
En cuartos, ante su compatriota y amigo David Ferrer, Nadal pudo dar lo máximo en el saque. Pudo lanzar la bola hacia fuera, algo que los problemas en la espalda le impedía. "Para protegerme estaba lanzando al revés del contrario", explicó esta semana. Ante Andy Murray, en semifinales, ganar el 91% de sus puntos en el primer servicio (41 de 45) fue clave para disfrutar de un partido relativamente fácil (6-3, 6-2 y 6-1) en una hora y 40 minutos.
Rafa no es Karlovic -el croata ha sido capaz de alcanzar los 251 kilómetros por hora en el saque- pero su juego es más consistente si está en condiciones físicas para hacer un buen primer servicio. De no ser así, y teniendo en cuenta que ha sido el semifinalista que menos puntos ganadores ha conseguido (109), todo queda pendiente de su resto.
El balear fue eficaz en este aspecto y también se aprovechó que Murray no estaba demasiado fino cuando debía llevar la iniciativa. El británico, especialista en convertir la defensa en el mejor ataque, no tuvo demasiados argumentos ante el Rey de la tierra y acabó triturado, incapaz de romper ni una sola vez el saque de su rival, sin encontrar argumentos tácticos sin ni siquiera poder enseñar sus mejores golpes para inquietar a su oponente.
Centrado y fino y agresivo, Nadal se hizo fuerte con su drive, auténtico quebradero de cabeza para el campeón olímpico, que fue acumulando error tras error y al que quizás afectó el calor y sus maratones anteriores ante Kohlschreiber y Monfils. "Si juega a ese nivel, para mi es muy difícil ganarle en esta superficie, ha servido muy cerca de las líneas y yo no he estado bien en el resto. Hoy sentía que no tenía nada que hacer", analizó el escocés.
Ahora Nadal se volverá a ver las caras con Djokovic. Y el número uno estará en juego. Al tenista de Manacor únicamente le vale el triunfo para mantener esa privilegiada posición en la clasificación de la ATP. El serbio ha vencido dos veces esta temporada a Rafa. Primero fue en la pista dura de Miami y luego sobre la tierra batida de Roma. Novak, que persigue su primer título en Roland Garros, será un rival duro de roer.
"Esta pista es la que (Rafa) más domina, es el lugar donde juega su mejor tenis", reconoce Djokovic tras vencer a Ernests Gulbis. "Intentaré ser agresivo, porque es el único camino para ganarle. Todos sabemos lo bueno que es (Nadal) en esta pista, pero no es imbatible", añadió.
El serbio, de 27 años, asegura que las dimensiones de la pista central de Roland Garros, la Philippe Chatrier, beneficia a su oponente. "Es ancha y muy grande y Rafa se siente más cómodo cuando juega en una pista grande. Es una de las razones por las que es tan exitoso aquí", explicó.
Nadal acumula 65 victorias en la arcilla de París, 34 consecutivas desde que cayó en octavos de 2009 contra Soderling, su única derrota en este torneo. El aún número uno del mundo disputará este domingo su vigésima final de Grand Slam, de las que ha ganado 13, una menos que Pete Sampras y cuatro menos que Federer.