Hay diferentes formas de ejercer el liderazgo y, por tanto, varios tipos de líderes. Uno es el líder autocrático, que concentra en sí mismo todo el poder e impide que la comunidad tome decisiones.

Cercano a este está el líder paternalista, que permite ciertos niveles de participación del colectivo, empero es él quien decide.

Distante de los modelos anteriores está el líder democrático, quien tiene alta influencia en los procesos pero permite que el conjunto participe en la toma de decisiones. Además, se interesa por los demás, con lo que se diferencia del líder laissez-faire (dejar hacer), quien interviene mínimamente y permite que el grupo tome sus decisiones, como parte de un desinterés por sus seguidores.

En la historia observamos que los líderes que lograron o incidieron en grandes cambios a favor de la humanidad se acercan más al modelo democrático que al autocrático y se ubican en el enfoque transformacional del liderazgo que es aquel que a la pregunta ¿líder para qué? responde: para transformar positivamente la realidad colectiva.

Para muestras Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. El primero se propuso liberar a la India. Principios como integridad, espiritualidad, resistencia pasiva y desobediencia civil guiaron su lucha. Su interacción con el colectivo no se dio desde la superioridad, sino que motivó a otros predicando con el ejemplo y estando presto a ser uno más.

A Luther King, en la caracterización desde la teoría del liderazgo se le confiere el carisma. Además, en él encontramos a un líder preocupado por la colectividad al proponerse que en Estados Unidos los negros no fueran segregados y tuvieran derechos civiles. Gandhi lo inspiró en el uso del principio de la desobediencia civil pacífica, y él, a su vez, inspiró a sus compañeros de lucha en base una visión de bienestar común.

Mandela usó su liderazgo para luchar contra el apartheid en Sudáfrica. A diferencia de Gandhi y Luther King, la lucha armada formó parte de su método. Algo muy llamativo es que en su ejercicio del poder no existió la auto perpetuación, sino que al ser elegido presidente puso fecha para su salida y la respetó.

Gandhi, Luther King y Mandela no acumularon poder, sino que lo usaron para transformar. No compraron seguidores ni mostraron interés en riquezas materiales, más bien contaban con autoridad moral. Sus luchas tenían como trasfondo cambiar unas realidades que afectaban al colectivo. He aquí el verdadero papel de un líder.