En los planes de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos para matar a Trujillo jugarían un papel decisivo un grupo de 19 valientes dominicanos, entre ellos el ex general Juan Tomás Díaz Quezada y su hermano Modesto, íntimo amigo de Trujillo, pero caído en desgracia; Ernesto Antonio de la Maza Vásquez, hermano de Octavio, ahorcado en la cárcel para ocultar el asesinato de Galíndez, el crimen que inició la crisis política de la dictadura; Luis Amiama Tió, Huáscar Tejada Pimentel, el teniente de la Guardia Presidencial Amado García Guerrero, Pedro Livio Cedeño Herrera, Antonio Imbert Barreras, hermano del general Segundo Imbert, condenado a 30 años por conspirador; el ingeniero Roberto Pastoriza Neret, Luis Manuel Cáceres Michel (alias Tunti), Salvador Estrella Sadhalá y Ángel Severo Cabral, el hombre de contacto con la CIA.

El complot se organizó en base a dos grupos de conspiradores. Cada grupo tenía asignado un objetivo y personal diferenciado. La función encomendada al Grupo de Acción era asesinar a Trujillo y presentar inmediatamente prueba del éxito de su misión al segundo grupo, el Grupo Político, mediante la exhibición del cadáver de Trujillo.

El segundo grupo lanzaría de inmediato un golpe militar, destinado al apoderamiento de la maquinaria del Gobierno y de las Fuerzas Armadas.

El Grupo de Acción estaba integrado por Imbert, Estrella, García Guerrero, De la Maza, Tejeda, Pastoriza, Livio Cedeño y Tunti Cáceres, quien no participó en la acción del 30 de mayo porque se encontraba en Moca. El Grupo Político era menos preciso. Incluía a Amiama Tió, a Díaz Quezada, a su hermano Modesto y otros.

En las altas esferas, este grupo contaba con el apoyo del general José René Román Fernández (alias Pupo), Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, casado con una sobrina de Trujillo, pero que “también había recibido numerosas humillaciones tanto por parte de Trujillo como de Rafael Trujillo Martínez (Ramfis)”, el hijo mayor del tirano.

“La autoridad total parece haberse encontrado principalmente en el general (Juan Tomás) Díaz, probablemente el único con suficiente prestigio para ejercer autoridad. Él había sido amigo de infancia de Trujillo en San Cristóbal.

“El complot había quedado ultimado en enero, tras varios meses de preparación en la casa de Salvador Estrella o también en cualquier otro sitio donde dos o más miembros del Grupo de Acción pudiesen caminar o sentarse juntos en el curso de sus reuniones nocturnas.

“El Grupo de Acción estaba constantemente en alerta. Cuando en el Palacio Nacional hubiese indicación de que Trujillo se aprestaba a trasladarse al anochecer a la ‘Estancia Fundación’ siguiendo el itinerario de la avenida George Washington, García Guerrero, de guardia en el Palacio, informaría a los demás mediante mensaje personal.

Con bastante anticipación, saldrían entonces dos automóviles que, siguiendo por la avenida, dejarían atrás los terrenos de la Feria y aguardarían junto a la carretera, listos para bloquearla a la primera señal. 

 

Un tercer automóvil, ocupado por cuatro hombres del Grupo de Acción, aguardaría detrás del Teatro Agua y Luz en los terrenos de la Feria, cerca de la avenida, atento a la aparición del automóvil de Trujillo. Cuando éste apareciese, los conspiradores en acecho seguirían al vehículo por la avenida y la carretera a la que aquella conduce, hasta aproximadamente el punto donde estarían esperando los dos primeros automóviles.

En este tramo de carretera, los conspiradores acelerarían la marcha para adelantarse al coche de Trujillo. En el instante de adelantarlo, harían señales con los faros a los que estaban apostados más adelante y simultáneamente abrirían fuego de metralleta contra el coche de Trujillo.

“El esperado mensaje de García Guerrero, en el Palacio, llegó a los pacientes confabulados a las siete de la noche del 30 de mayo. El plan se puso en ejecución.

Los dos automóviles se colocaron en posición sobre la carretera de San Cristóbal (hoy Autopista 30 de Mayo) a eso de las ocho. Imbert, Estrella, De la Maza, y García Guerrero se pusieron en acecho junto al Teatro Agua y Luz para vigilar la aparición del Chevrolet azul celeste, modelo 1957 en el que viajaba Trujillo”, acompañado de su chofer, el capitán del ejército Zacarías de la Cruz. Trujillo iba en la parte izquierda del asiento trasero.

Poco después de las diez de la noche, el coche de Trujillo pasó frente a la Feria y tomó velocidad. Al volante del carro al acecho iba Imbert, quien lo persigue aceleradamente. Cuando decidió rebasarle, el chofer de Trujillo oyó fuego de metralletas disparado por De la Maza y García Guerrero, quienes iban sentados en el lado derecho del carro que conducía Imbert. El chofer de Trujillo volvió su mirada y observó que la ventanilla trasera estaba destrozada y su jefe herido.

En ese momento Trujillo le ordenó a De la Cruz que detuviera la marcha para pelear y se armó un tiroteo de fuego cruzado que duró diez minutos. En el tiroteo resultaron heridos varios de los conjurados. De la Cruz, valiente y fiel, también pudo sobrevivir, pero su jefe cayó abatido y se desplomó sobre el pavimento y allí quedó sin vida el personaje más influyente de la historia dominicana durante el siglo veinte.