En el libro PLD y PRD: Entre la noche y el amanecer figura el escrito titulado “La vida de un líder”, que apareció primero en el periódico Vanguardia del Pueblo. Aquí se narra cómo terminaron Bosch, Balaguer y Peña Gómez. Lo reproducimos para los lectores de digitalgroup.info y sus seguidores en las redes sociales
La vida de un líder
Rafael Grullón
Nosotros tuvimos una abuela paterna, que como la mayoría de las abuelas de los dominicanos, nació, se crió y vivió en un campo. Cuando murió nuestro abuelo, nuestros tíos decidieron comprarle una casa en el pueblo a la abuela. En un viaje que hicimos al campo, cuando nos comunicaba la familia que la abuela había sido trasladada al pueblo, a Higüey, no se nos ocurrió otra cosa que decir “abuela no tardará en morir.” Así fue. Pronto nuestra abuela murió.
Ella creció pisando las gramas mojadas en busca de leche en cada mañana. Regaba en cada amanecer los granos de maíz a sus pollas, pollos y crías. Llamaba a su puerca ven… ven para echa le, al terminar de fregar el salcocho. Atravesaba potreros descalza para visitar a sus padres cuando vivían, y a uno de sus hijos que residía a muy larga distancia. Ella, con sus años, participaba en las cosechas, iba a las matas a tumbar el limón y la naranja. Pero como les cuento, un día esa vida terminó al llevarla al pueblo. Y entendemos nosotros que la pena fue mayor que las enfermedades de la vejez, porque estaba fuerte y robusta.
Es difícil que una persona que haya vivido todo el tiempo en un ambiente se aparte de él voluntariamente, porque sería negar su propia existencia. Esto se aplica perfectamente a la vida política.
En junio de 1994, el Profesor Juan Bosch, en el Segundo Pleno de Dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana, renunció a sus funciones ejecutivas dentro del Partido…
Libro-PLD-PRD“Es necesario, impostergable, que en este Pleno Nacional de Dirigentes nuestro Partido se dedique a fortalecerse, porque en el orden de todas las cosas de la vida, mi presencia, a partir de hoy, al frente de las tareas diarias del Partido comienza a desaparecer”, dijo para ese entonces el maestro, y humedecieron los ojos de los peledeístas allí presentes. Juan Bosch había hecho conciencia de que debía retirarse, que sus hijos eran adultos y debían labrar por su propia cuenta el porvenir del Partido, que es el porvenir de la patria.
Salida la renuncia de Bosch de los salones del Fiesta de Luxe, se empinaron las plumas de los editorialistas dominicanos para valorar la vida de este hombre y concluir en que presenciábamos un hecho histórico.
“Lejos de actuar con criterio de que detrás de mí que entre el mar, Don Juan Bosch se retira a tiempo de la Dirección para permitir así que sin traumas, dentro de los mecanismos estatutarios, se desarrolle el relevo capaz de mantener unido ese conglomerado político tan importante para la democracia”, escribió Núñez Ramírez en el editorial de Mundo Visión.
“…la sociedad dominicana que aún tiene mucho que aprender de este hombre excepcional que, en los últimos días, ha dado una de las demostraciones más elevadas y extrañas de desprendimiento personal, como fue su renuncia a la presidencia de su partido, comentó el editorial del periódico La Noticia.
Ante la renuncia, escribió el semanario Católico Camino “Hoy Juan Bosch se convierte en el más exquisito símbolo moral viviente nuestro…” Algunos editorialistas temieron por las consecuencias de la renuncia. El Caribe advertía “El PLD es una fuerza política de la nación…Y esa fuerza política con Bosch como simple militante está expuesta a muchas contingencias”; mientras en esa misma línea editorializaba El Siglo cuando dijo “De hecho, lo que hay que prever es que la influencia de Bosch será muy, pero muy necesaria, porque en el debate de las distintas posiciones ostentadas por sus partidarios existe latente la posibilidad de resquebrajamientos y fracturas”. El Nacional se fue también por ese carril “Lo cierto es que la renuncia del profesor Bosch coloca a su PLD en una situación ante la cual hay que actuar con sumo tacto”.
El caso es que Juan Bosch cumplió, como siempre, con sus palabras, y el antiboschismo ha tenido que batirse en retirada. Hoy tenemos en la presidencia de la República a un discípulo de ese gran gladiador, que no solamente ha demostrado capacidad para mediar a lo interno del PLD sino dentro de la nación. Se le puede bautizar, al doctor Leonel Fernández, como el Padre Joven de la Concertación.
Pero Don Juan no le pasó como a nuestra abuela. El renunció al protagonismo principal dentro del PLD, pero no a su militancia. Siguió asistiendo a la reunión del Comité Político, recibía los compañeros en su casa. Va a la tertulia a la casa de la poetisa Natacha Sánchez. Asiste a los actos de los Intermedios, y cada miércoles lee a Vanguardia del Pueblo, que forma parte de su vida. Porque, al aclarar su renuncia, dijo que sería peledeísta hasta la muerte.
Es decir, que el líder político puede retirarse como protagonista principal, pero no irse a una isla a vivir la vida del común, de cualquier mortal.
EL DOCTOR BALAGUER
El ex-presidente Balaguer salió del Poder en el 1978 sin visión. Pero al tiempo que escribía en Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo, que se encontraba con la chancleta puesta y al borde de la tumba, hizo una campaña en la cual popularizó como un estribillo la expresión de “que no iba al Palacio a ensartar agujas.”
Estando ya en el Poder, y al final de un segundo mandato de diez años, se autoproclamó como “un político de los pies a la cabeza.” El doctor Balaguer volvió a salir del Poder, pero no se retira. Sigue al frente de su Partido.
Le recordábamos al doctor Mario Read Vittini el ejemplo de Bosch y le preguntábamos por qué el doctor no se retiraba, y nos contestó “Balaguer es de los que muere con la bota puesta.”
No obstante, creemos que “no hay mal que por bien no venga”. Al Doctor le haría falta el Palacio como a mi abuela su campo, pero ha compensado con mantener el tren de su Partido. Éste le ha permitido al país que algunos legisladores, para quienes sólo cuentan sus intereses, no entraran en conjura contra las propias leyes, porque tienen un líder comprometido con la actual etapa de transición en la que el país observa a una nueva generación de dirigentes, a partir de la cual, la sociedad dominicana deberá labrarse el futuro sin volver hacia atrás.
EL DOCTOR JOSE FRANCISCO PEÑA GOMEZ
Esta década de los ‘90 ha sido como el final de una época. El profesor Juan Bosch se retiró; Jacobo Majluta falleció; el doctor Balaguer se encuentra en su casa, ya no en el Palacio, y después de las elecciones de 1996, el doctor José Francisco Peña Gómez cae postrado en un hospital por un cáncer.
El doctor Peña Gómez se levantó, luchador al fin, a causa de | una especie de milagro, como él mismo confesara. Pero también a Peña Gómez le hace falta el mundo político, como a mi abuela el campo.
Cuando fue recibido en el puente de la 17 por su Partido, después de verse al borde de la muerte, en su discurso hizo la siguiente confesión: “Para no alentar falsas expectativas, ni engendrar sospechas y frustraciones, confieso que, conforme con mis últimos exámenes en el Memorial Hospital, mi salud ha mejorado, pero aún no estoy curado; el mal se ha detenido, pero no ha desaparecido.”
Ante su situación, las aspiraciones de quienes se entienden sus sucesores, no como líderes sino como candidatos, se desbordaron. Antes de venir, el líder perredeísta advertía desde Nueva York que “el PRD corre un gran riesgo de escindirse y señaló como responsables a Hipólito Mejía y Suberví Bonilla por sus aspiraciones a destiempo a la Presidencia en el 2000.”
Por eso en el mitin de recibimiento decía “No vengo a disputarle la Presidencia a nadie”, pero advertía “tranquilo, Fello; tranquilo, Hipólito”. El caso es que presentó una situación en el PRD que le ha imposibilitado al doctor Peña Gómez guardar reposo, como le recomendaron una y otra vez sus médicos. Y no solamente no ha podido reposar sino que se vio precisado a asumir la candidatura a síndico por el Distrito Nacional porque los contendientes al puesto no eran más que pupilos de los futuros aspirantes a sustituirlo como candidato presidencial.
Hoy, a mes y medio de unas elecciones congresuales y municipales y siendo él candidato a síndico de la Capital, el doctor Peña Gómez se ve precisado a salir nuevamente del país para atender su salud, alterada por las tareas que se había obligado a asumir.
La nación se guardó en su subconsciente que el doctor Peña Gómez no podía por el bien de su salud. Lo que sí se aceptó es que la candidatura a síndico era un traje muy chiquito para el cuerpo de un líder de su dimensión.
A los peledeístas se nos tiene prohibido hablar de este tema, la salud de Peña. Esto lo comprendemos. Pero es nuestro deber decir que el doctor Peña, aunque no debe retirarse porque su Partido no continuaría funcionando de forma normal como sucedió en el PLD con el retiro de Juan Bosch, no debió exponer su vida en una agitada campaña electoral.
El doctor Peña Gómez debe ser preservado con vida para las grandes decisiones y controlar dentro del carril a partidarios suyos que hoy están en el Congreso sin comprender su función histórica.
Miércoles 8 de abril de 1998