¡Cuidado con sobrevalorarnos! Dios no nos hizo para gobernar o enseñorearnos sobre ningún hombre, mucho menos para esclavizarle o controlarle, nos hizo sabios y capaces para poder gobernar sobre nuestro propio corazón.

Allí, si yerras, serás tu propio verdugo o por el contrario, un canal del amor, la verdad y la justicia divina. Este es el Edén donde tu libre albedrío pasea tus fortalezas y debilidades. Allí alineas tus virtudes con el depósito divino o anulas su propósito ratificando tu criterio unilateralmente.

Allí eres libremente tú, o cedes el trono de tu corazón a tu hacedor o te proyectas en la cúspide de tu cosmovisión.  Jesús, Rey y Señor, en su momento de mayor ansiedad dijo al Padre: ... Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.