Sobre el autor
Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.
Ante una comunidad de estudiantes de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en víspera del Día del Periodista, el conferenciante español Miguel Ángel Bastenier ha afirmado que el periodismo dominicano “es una mierda”.
Confieso que desconocía la vocación de mierdólogo de este periodista.
Me lo presentaron el expresidente Leonel Fernández y el director del tabloide matutino Rafael Molina Morillo, tras el acto de inauguración del periódico Clave Digital, en marzo de 2004. Y, desde ese momento, le he visto solo como un tipo inquieto que anda de taller en taller por Latinoamérica, soltando pinceladas sobre periodismo bajo una insoportable nube de humo de los cigarrillos que consume de manera compulsiva.
Ni su monotonía como facilitador, ni sus brotes recurrentes de petulancia, ni su permanente afán de sobrevenderse como un intelectual de alto nivel, jamás me habían llevado a pensar en su experticia “excrementológica”. Por eso, desde entonces, recomendaba a los estudiantes su texto El blanco móvil, basado en la experiencia de la Escuela de Periodismo de El País, periódico al cual él ha servido y que en estos días me ha sorprendido con su fama por publicar en primera plana noticias y fotos falsas, como la referida a Hugo Chávez entubado.
Me choca su arrebato; sin embargo, le compro la idea, pero en toda la extensión.
Infiero que cuando grita a estudiantes que “el periodismo dominicano es una mierda”, no solo utiliza todos sus lauros para matar las esperanzas de jóvenes que, en estos tiempos de crisis global, andan en busca de motivación para salir de la confusión existencial en que los ha metido el poder inicuo al cual sirven muchos genios de la comunicación. Y un maestro como él –se supone-- no debería existir para vender desesperanza.
Me quiere decir, además, que las empresas periodísticas criollas (las más importantes en manos del empresario español Pepín Corripio) constituyen una sentina, en tanto reclutan sin imposición externa su personal, lo depuran, trazan políticas informativas y ecualizan un estilo. De modo tal que su propuesta de contenido mediático, buena o mala, resulta de una decisión empresarial.
Conforme su generalización, mierdas también son los periodistas y las periodistas, incluidos europeos, latinos y caribeños, más los graduados nuestros en las escuelas de periodismo de España, con todo y maestros.
Inaceptable el juicio de “Perfecto Bastenier”. Por reduccionista e irracional. No todo el mundo tiene la letrina como hábitat, ni todo el mundo es artesano de la mentira mediática, ni artista del chantaje. Ni todo el mundo, aquí, desconoce las herramientas del buen periodismo.
Cierto que los medios dominicanos urgen de cambios importantes ante la necesidad de sobrevivir en un mercado tan competitivo, y que una buena parte sufre de arrabalización. La construcción de las historias presentadas dista mucho de las exigencias de los públicos actuales. Los consumidores de informaciones reclaman propuestas más creativas, que rompan con la sequedad del modelo piramidal y se acerquen más a la explicación del mundo con un estilo que seduzca y emocione.
La resistencia al cambio es, sin embargo, muy grande. Muchos medios y periodistas influyentes se niegan a crecer. Están frisados en la década del 60 del siglo pasado. Creen que aseguran su existencia económica con el reclutamiento de reporteros de bajo costo y de escasa formación. Y ni se enteran que mueren lentamente.
Pero de ahí a “perfumar” a todo el vivo con un baño de heces fecales hay una distancia grande. Sobre todo porque esas debilidades también han sido sembradas desde el extranjero.
Ojalá que la humildad haya llegado al entorno del maestro Bastenier, para que pueda morigerar sus exabruptos y, tal vez, rectificar su grave generalización.