Cosas de la llamada Era de Trujillo. Los Tigres del Licey y los Leones del Escogido jugaban el play off del campeonato 1958-1959. Bobby Smith, pitcher del Licey, golpeó con un lanzamiento a Andre Rogers, infield de los leones.
En actitud bélica, Rogers corrió hacia el montículo pero la mediación de managers y árbitros evitó que las cosas llegaran a mayores, y cuando ya el primero llegaba a primera base, el fúnebre general José Arismendy Trujillo, Petán, que presenciaba el juego, se tiró al terreno y sin más ni más le dio una bofetada a Rogers. El desconcierto no pudo ser mayor, pero en ese entonces y ante sucesos como ese, nadie veía nada, nadie oía nada y sobre todo, nadie decía nada. Ningún medio de prensa dijo nada sobre este abuso.
Quince años después, el periodista Alvaro Arvelo hijo, entrevistó en el Astrodome, de Houston, Texas, al coach de los Mets, Joe Pignatano, receptor importado de los leones en 1958 y que como tal tomaba parte en el juego incidentado por Petán.
“Un episodio como ese nunca se olvida y siempre se recuerda con sus detalles”, dijo Pignatano, según la crónica firmada por Arvelo, la enciclopedia humana, y publicada en El Caribe el 2 de agosto de 1973.
Contó Pignatano algunos pormenores del suceso. Dijo que Rogers hizo ademán de devolver el golpe pero la presencia de tanta gente armada junto al agresor lo disuadió. No obstante, y bajo el liderazgo del inicialista Norman Lacker, del Licey, todos los refuerzos norteamericanos decidieron marcharse del país al dia siguiente. Intercedió Francisco Martínez Alba, hermano de la esposa del tirano y presidente del Escogido, persuadió a los norteamericanos y al día siguiente terminó la campaña, con el triunfo del Licey tres carreras por dos.
Aunque la prensa trujillista guardó silencio, la memoria colectiva registró el hecho. El versado cronista deportivo Dionisio Soldevilla, escribió sobre el mismo en la edición del 29 de mayo de 2011, del diario Hoy, basado en un relato de don Cuchito Álvarez, que para los tiempos del suceso era un celebrado comentarista deportivo.
Pero la crónica de don Álvaro tiene el valor de tomar como fuente a Pignatano, uno de los jugadores que estaba sobre el terreno y vivió de cerca aquel episodio, propio del obsceno y trágico folclor de los tiempos de la tiranía.