¿CUÁL ES EL NOMBRE DE LA ISLA? Los aborígenes llamaban a nuestra isla de distintas maneras: Haití, Quisqueya, Babeque y Bohío, según lograron recoger los primeros cronistas que acompañaron a Colón en sus primeros viajes.
Cada uno de esos nombres tenía un significado especial para los primitivos habitantes, aunque el más popular entre ellos era Haití, que significaba “tierra montañosa”.
Con relación al nombre de Quisqueya ha habido debates entre historiadores dominicanos que cuestionan el origen de la palabra, pero la tradición dominicana la ha aceptado como uno de los nombres de la isla que en lengua taína significaba “tierra madre”.
Un miércoles 5 de diciembre de 1492 Colón arribó la isla de Haití, atraído por las informaciones señaladas por los nativos de Cuba sobre la existencia de otras islas cercanas. Al observar el primer Almirante la grandeza y la hermosura de su flora y su fauna, viendo que la tierra que pisaba tenía semejanza con la de España, decidió bautizarla, el domingo 9 de diciembre, en el hoy llamado Cabo de San Nicolás, con el nuevo nombre de la Española, según se lee bien claro en su Diario de Navegación.
Ocurrió, sin embargo, que un ilustre cronista de origen italiano, que nunca vino a América, pero que sí vivió muchos años en España sirviéndole a la Corona, llamado Pedro Mártir de Anglería, asistió a la apoteosis que los Reyes Católicos organizaron en Barcelona para recibir a Colón que regresaba triunfante de su primer viaje. Mártir de Anglería empezó a escribir sobre los nuevos territorios encontrados usando las informaciones que les daban los viajeros, hasta que concluyó una de las más interesantes obras escritas sobre el nuevo continente, intitulada Décadas del Nuevo Mundo, escrita en latín, no en castellano. Así, por ejemplo, en vez de escribir la Española, escribió la Hispaniola; en vez de escribir España, escribió Hispania, etc.
La obra de Mártir de Anglería fue traducida al inglés y otros idiomas mucho antes que las obras escritas por otros destacados cronistas que sí se pasaron gran parte de sus vidas en la isla que conquistó Colón. Las traducciones inglesas conservaron la ortografía de los nombres propios escritos en las Décadas del Nuevo Mundo, y esa es la razón por qué en la literatura y en la cartografía inglesa y estadounidenses se generalizó el uso de la Hispaniola, en vez de la Española.
En los primeros años del siglo dieciséis, debido a la importancia y la fama que ganaba la ciudad de Santo Domingo, convertida ya en el epicentro de la conquista española en el resto del continente americano, empezó a llamarse Isla de Santo Domingo.
Así lo aceptaron sus habitantes, sus autoridades y los comerciantes europeos que visitaban la ciudad y su puerto y así quedó ratificado para siempre en los tratados internacionales que España firmó con Francia, uno llamado de Aranjuez (1777) y el otro de Basilea (1795).
En el artículo 9 de ambos tratados se habla de la Isla de Santo Domingo como el nombre internacional reconocido por las dos principales potencias europeas que durante casi 200 años se disputaron la posesión del territorio insular. En el siglo diecinueve se firmaron otros convenios internacionales y abundan los documentos oficiales donde se ratifica ese mismo nombre.
No existen, pues, razones para seguir repitiendo ahora el anacronismo de llamar a nuestra isla con nombres superados por la locomotora de la historia.