Es un presente eterno. Una dimensión memorial que renace y fluye siempre persistente, Vívida.
“Hirieron a Marcelino. Lo escuché por Radio Mil”, informó el primo William Güilamo.
La revelación lapidaria y tormentosa abrió mis ojos y me hizo saltar de la cama. El amanecer apenas bordeaba las ocho horas y tantos minutos, abril iniciaba su séptimo día y el año 1981.
Neumáticos y reclamos encendían las calles. Las avenidas eran realmente de Los Martires. La calle Moca, la Duarte, Villas Agrícolas, el mercado era un solo reclamo, el de siempre; la bonanza nunca alcanza para los obreros y menos pudientes.
Una carabina San Cristóbal, un francotirador gris, un cabo o un teniente, Márquez Miliano o Sánchez Ulloa, tres obreros de la comunicación, un canillita y un fotógrafo, un único proyectil y un solo corazón destrozado. Sangre, luto, dolor. Desde entonces la paz zarpó hacia otros mares.
Teatro, especulaciones, investigaciones, audiencias, declaraciones de prensa, mercadeo, exámenes de balística; todos conducían a la misma deriva. Ya nadie podría revivir un crimen que a tres décadas y seis años hoy sigue latente, como una oruga que los años convierten en mariposa, cuyos huesos, pulverizados de honor, remueven sus cimientes desde el nicho de la injusticia para recordarle a esta sociedad, a sus dolientes, si es que los tiene, que es posible volver a morir o volver a nacer, cada vez que sea necesario, para defender y sostener la consagración utópica hacia la verdad, la libre expresión y la equidad social.
Para al menos, quizás sirva de algo, refrescarle en la memoria que los que vivieron y ejercieron el periodismo como él, a pesar su corta edad, nunca morirán, pues esta misma sociedad los reivindica cada día con sus desaciertos, con la plaga inmisericorde, que parece ser eterna, de la desigualdad, de ese modus viviendi que nos quiere obligar a asumir lo cuestionable, amoral e injusto como común y aceptable.
Un día 7 me vio nacer, un día 7 lo vi morir, pero nunca se ha ido.
Marcelino Vega vive.
Marcelino Vega Peguero
|
|
||
|---|---|---|
Marcelino Vega Peguero (Hato Mayor del Rey, Hato Mayor, 2 de junio de 1958 - Santo Domingo, 7 de abril de 1981), conocido como «Papolo Vega», fue un periodista dominicano.
Trabajó para el vespertino La Noticia. Fue asesinado en la ciudad de Santo Domingo el 7 de abril del 1981.
Su vida
Nació el 2 de junio del año 1958 en el municipio de Hato Mayor del Rey, provincia Hato Mayor. Sus padres, el comerciante Manuel Antonio Vega de la Rosa (Tupito), natural de Cambita Garabito, provincia San Cristóbal; y Marina Peguero Mejía, natural de la comunidad agrícola de El Cercadito, sección Manchado, Hato Mayor del Rey. Pasó gran parte de su juventud residiendo junto a sus padres en el sector Villa Canto, Hato Mayor del Rey.
Fueron sus hermanos Mayra Altagracia, Grecia, Secundino Radhamés (asesinado), Julio César y Ricardo Vega, este último siguió sus pasos y al día de hoy ejerce como periodista y catedrático en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Tuvo otros hermanos por el lado paterno que son: Domingo Silvestre, Manuel Antonio Sosa Jiménez, Víctor Manuel, Efraín, Jacqueline, Ana Hilda, Dora, Iris y Santiago. Nunca casó ni procreó hijos, pero tuvo como novia a Nurys María Berroa Sabino.
Desde temprana edad manifestó inclinación por las ciencias sociales. Realizó sus estudios primarios escuela Bernardo Pichardo y los secundarios en el liceo César Nicolás Penson, graduándose con honores de Bachiller en Letras. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad Central del Este (UCE), para estudiar agronomía, carrera que abandonó para matricularse en Ciencias de la Comunicación (Periodismo) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Perteneció al Comando Revolucionario Camilo Torres (CORECATO) y a la Unión Patriótica Anti Imperialista (UPA). Fue dirigente estudiantil en el Liceo César Nicolás Penson de Hato Mayor del Rey. Como dirigente de izquierda que era, fue perseguido y encerrado en mazmorras de El Seibo, San Pedro de Macorís y Hato Mayor.
Carrera
Ejerció el periodismo de manera empírica, pero llegó a admitir que era periodista por la lectura, a la que se abrazó con pasión y aprendió a redactar leyendo periódicos, revistas y libros. Era un amante de las ciencias sociales y desde temprana edad escribía artículos en los murales del Liceo César Nicolás Penson. Cultivó la amistad y se convirtió en consejero de muchos jóvenes que gustaban como él, de las luchas revolucionarias.
El 3 de marzo de 1977 se inició como corresponsal y a la vez vendedor del periódico La Noticia, medio para el cual laboraba como columnista, en donde denunció actos de corrupción en el Liceo César Nicolás Penson, entre otros.
Su carta de presentación al país fueron los constantes reportes que hacía desde su pueblo natal por La Voz del Trópico, Radio Universal, Radio Comercial, Radio Mir, entre otros, lo que le perfiló una imagen digna de respecto. El doctor Silvio Herasme Peña, director de La Noticia, sugirió que ingresará a la redacción de su vespertino.
Asesinato[editar]
Fue asesinado en la calle San Juan de la Maguana esquina Moca, sector Villas Agrícolas, en la ciudad de Santo Domingo de un balazo en el corazón el martes 7 de abril de 1981, mientras cubría las incidencias de la huelga que mantenían para ese entonces obreros del Ayuntamiento del Distrito Nacional, en reclamo de aumento salarial, la cual fue reprimida por agentes de la Policía Nacional junto a su fotorreportero Valentín Pérez Terreno. En el hecho también fue acribillado el canillita, Manuel de Jesús Ciprian Valdez, quien en ese instante narraba lo ocurrido al periodista.
El síndico Pedro Franco Badía, quien se había adelantado a señalar que el periodista había muerto “en intercambio de disparos”, para investigar a reclamo de sus familiares, hizo la prueba de la parafina en Puerto Rico. Entre los acusados estaban el raso Hilario Márquez Milano, el coronel Melitón Jorge Balderas y el teniente Sánchez Ulloa, de las cuales la corte policial a final lo descargo.
Su restos fueron trasladado a su ciudad natal Hato Mayor del Rey, en donde inmediato fueron llevado a la cancha del Club Deportivo y Cultural Hato Mayor, donde miles de personas, entre los que se encontraban jóvenes, organizaciones políticas, sociales y culturales, desfilaron durante varias horas para ver el cadáver, para luego auspiciar una misa de cuerpo presente en la Parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal, donde sus familiares y amigos levantaron una capilla.